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maike machado rey

• Este 20 de octubre se celebra el Día de la Cultura Cubana y una de las personas que en Las Tunas abraza este sector, con el compromiso de saberse útil, es nuestro entrevistado

Las Tunas.- Maike Machado Vázquez nació al sur de Las Tunas. El poblado de Elia acunó sus primeros pasos y luego Velasco, en Holguín, complementaría los sueños de infante. Esas, “sus dos patrias”, como refiere, formarían los cimientos de su cultura.

“Mi madre, maestra de vocación, me enseñó a leer alrededor de los 3 o 4 años. Mi abuelo paterno, Miguel Ángel Machado, por su parte, era un gran consumidor de libros, periódicos, revistas… Tenía una pasión especial por la literatura y el cine, así como el nexo entre ambas expresiones. Siempre hablaba de nombres y anécdotas afines; fue una bendición tenerlo”, alega el hombre que desanda, con la confianza y responsabilidad de los años, el camino que empezaría ahí, en la inspiración de los suyos.

Uno de los centros que, sin dudas, marcaría su desenvolvimiento fue la Casa de Cultura de Velasco. “Había un movimiento artístico y literario muy fuerte, bajo el liderazgo de Félix Varona Sicilia. Es increíble cómo una simple persona puede influir en la transformación espiritual y el gusto estético de toda una población.

“Allí había grupos de teatro y otras manifestaciones. Recuerdo que hicimos una versión de la Caperucita Roja, donde interpretaba al lobo. También integré un taller literario y tuve un primer acercamiento a la narración oral, pero aún no era consciente de que ese sería uno de los senderos que cogería mi vida”, evoca.

No fue hasta el 2004, año en que se desempeñaba como jefe del Departamento de Programas Culturales en la Dirección Provincial de Cultura, cuando participó en un taller de narración oral, impartido por Manolo Martínez y Mirtha Portillo Barnet.

“Fueron solo tres días, pero bastaron para descubrir que tenía la posibilidad de dedicarme a ello. Escogí para el ejercicio final el cuento Tragedia, de Vicente Huidobro, una de las obras que atesoro en mi repertorio. En ese año también se realizó el Festival Palabra Viva, organizado por Verónica Hinojosa y con la participación de narradores de todas las provincias cubanas. Algunos de ellos, incluso, se convirtieron en referentes para mí: Elvia Pérez, Mayra Navarro y otros”.

Más allá del cuento popular, que matiza la tradición oral, Maike se siente atraído por ahondar en la literatura, en esas historias “perdidas” entre los libros o que no siempre conocemos. “El cuento que asumo generalmente no es corto. Aprovecho potencialidades y saberes que he adquirido en el arte de narrar. Entre mis autores favoritos está Onelio Jorge Cardoso. Su obra Caballo es un ejemplo de eso.

“También me interesa el trabajo de escritores cubanos como Omar Felipe Mauri y nuestro coterráneo Argel Fernández Granado. Adoro igualmente la literatura rusa. Disfruto mucho la huella creativa de Kafka por su carga filosófica. Aunque también interpreto cuentos cortos de Augusto Monterroso”. Pero Maike no solo es artista; su quehacer como director de instituciones es otro de los apartados que lo distingue.

                    EL ARTE DE DIRIGIR

maike rey“Tendría que comenzar por la Academia Provincial de las Artes Plásticas, esa que marcó en su momento la cultura en Las Tunas. Hay que agradecerles a sus fundadores; de ahí emergieron múltiples talentos, hacíamos varias actividades… Me marcó mucho esa etapa”, confiesa.

Luego ejerció tres años como subdirector técnico-artístico de la Dirección Provincial de Cultura, “un cargo importantísimo porque encauza la política cultural de nuestro territorio, incluidos todos los municipios, y es responsable de diversos procesos. Debía saber lo que hacen un promotor, un instructor, un profesional, un aficionado, un directivo… Fue una experiencia extraordinaria; adquirí madurez profesional, dominé diferentes manifestaciones y me nutrí de conocimientos de numerosas personalidades, tanto de aquí como visitantes”, afirma.

A estas alturas, a Machado Vázquez no había quien le hiciera un cuento sobre el universo fascinante de la creación y sus protagonistas. Pero la historia no quedó ahí. “Después fui presidente del Consejo Provincial de las Artes Escénicas, donde tratamos de organizar los grupos inherentes a la manifestación, tomamos decisiones, apostamos por Teatro Tuyo, ya con un nombre en el mapa cultural cubano, y vinieron varios éxitos. Recuerdo, además, que estrené un espectáculo precioso, dirigido por Ernesto Parra, con buena acogida: En el campo nació el cuento. Compilaba obras de Onelio Jorge Cardoso, Jesús Orta Ruiz (Indio Naborí), Omar Felipe Mauri, Argel Fernández Granado…”.

Así, el muchachito aquel que -desde que era estudiante en el municipio de Colombia- organizaba el movimiento artístico en el instituto preuniversitario en el campo (Ipuec) Anacaona, alentando galas, obras de teatro y más, creció en cargos de dirección sin negar jamás sus aptitudes artísticas y, a sabiendas de que toda obra es perfectible, avanza…

              SE HACE CAMINO AL ANDAR

Maike también guarda en su palmarés el haber sido coordinador de la misión Cultura Corazón Adentro, lo que le permitió intercambiar con escritores y artistas en Venezuela. “Fue una experiencia muy bonita. Estuve en los estados de Táchira, Isla Margarita y Barinas. Hasta participé como narrador en un espectáculo que se hizo por el aniversario de la misión”, refiere.

Además, fue secretario docente en la escuela profesional de arte El Cucalambé, subdirector de la Enseñanza Artística en la provincia, comandó la academia de los instructores de arte aquí y dirigió el Centro de Superación para la Cultura. “Fueron tareas muy provechosas. Organizamos captaciones, vivimos tiempos de cambios, nos involucramos con el proceso de ingreso al Instituto Superior de Arte, siendo Las Tunas una de las provincias más aportativas en ese sentido... ¡Tantos recuerdos!”.

Sin embargo, dirigir cierta entidad vendría “a ponerle la tapa al pomo” al promotor cultural que lleva dentro. Se trata del Centro Provincial del Libro y la Literatura (CPLL), que encabezó durante un lustro y hasta hace poco tiempo. “La entonces directora de esa institución me hizo una llamada y yo fui a toda velocidad, pues pensaba que era para que participara en una actividad. Cuando me dijo de qué se trataba, me quedé en silencio; no se me olvida. Tiempo atrás me habían hecho esa propuesta, pero ahora pensé: ‘Bueno, definitivamente parece que la literatura quiere que haga algo por ella’. Al final, más que nada, creo que hizo mucho por mí”.

Así recuerda el hijo de Gertrudis y Maike (como él) su llegada allí. Hoy mira al pasado aún reciente y reflexiona: “En la vida uno va pasando por diferentes etapas, pero hay una donde sientes que has alcanzado la madurez en el difícil, pero hermoso, oficio de dirigir, y eso fue para mí el CPLL.

“Me permitió conocer aún más a los escritores tuneros, ir a los municipios, escucharlos y que surgieran proyectos. Rescatamos el centro de promoción literaria Pablo Armando Fernández, hicimos una Feria del Libro después de la covid (un desafío), creamos eventos como el Encuentro Nacional de la Crítica Literaria y una jornada en honor a Renael González (con certamen incluido), nació la Casa del Escritor de 'Colombia' y actividades como La eternidad no basta para todos, retomamos concursos, incentivamos las lecturas de tabaquerías y otras acciones”.

Para Maike, estas tres décadas de liderazgo no han sido otra cosa que crecimiento y esa virtud de ser útil donde haga falta. Ahora se “aleja” un poco de los cargos de dirección (y digo “aleja” porque su experiencia se necesitará siempre) y se entrega más a la creación, investigación y promoción.

Entre sus proyectos actuales, de hecho, figura un unipersonal de cuentos de los autores Carlos Esquivel y Guillermo Vidal. Pero, en cualquier faena, lo verdaderamente valioso es que ha entendido “lo importante que es hacer el bien, cuestionar algo que puede ser superior y ayudar a los demás a encontrar su camino, pues, también así, terminas por encontrar el tuyo”.