
Las Tunas.- Desde finales de abril de este año, el maestro panadero Amancio Espinosa Áreas lleva en su pecho y su corazón la orden Lázaro Peña González de Primer Grado, una condecoración fraguada en casi 52 años de trabajo creador, 48 de ellos vinculados con la industria alimentaria, en los que ha forjado brillante trayectoria.
Amancio nació en Las Mercedes, “una comunidad rural del municipio de Jobabo. Queda cerca de La Esperanza a donde se llega por Sirven”, lo detalla como una muestra de apego a sus raíces, y enfatiza: “De esta zona es toda mi familia. Allí y con ellos aprendí a trabajar duro en el campo, y los principios cívicos y de honradez que todavía mantengo”.
Recuerda a su papá, un combatiente de la Revolución y quien le inculcó esos valores, y el amor a la Patria y a la Revolución que “estoy dispuesto a defender siempre y al precio de cualquier sacrificio”, afirma con una expresión que no es frase hecha para salir del paso, si no convicción que lo ha acompañado siempre frente a las duras tareas asumidas.
DESDE EL PRINCIPIO
Rememora que dio los primeros pasos en el mundo laboral en la termoeléctrica de Cienfuegos, en el sector de la construcción, pero la añoranza pudo más y lo devolvió al terruño natal, “entonces me hice maestro panadero y dulcero, y ya no me he separado nunca de ese oficio”.
La panadería Rosendo Arteaga se convirtió en su “cuartel general” y su quehacer trascendió el manejo conformista de la harina y de otros insumos que a veces escasean y se hizo innovador para que en tiempos de carencias –que no han sido pocos- el pan y otros alimentos no faltaran a los consumidores.
Sus colegas en la “Rosendo Arteaga” le agradecen los aportes realizados en los años duros del Período Especial, cuando propuso y argumentó la posibilidad del uso de la pulpa de calabaza para hacer flan y de otros aditamentos para extender las cantidades de harina, hacer el pan y dulces que ayudaban a la gente y a la salud económica del colectivo.
EN LA FRAGUA DE UNA MEDALLA
Reconoce que la disposición y la entrega cotidianas que lo llevaron a luchar por la independencia de la República Popular de Angola (1988-1989) y lo motivan siempre no perseguían el alto reconocimiento que ahora lo distingue, “aunque, reconoce, es un estímulo y un compromiso grande de seguir aportando desde mi puesto de trabajo y la pequeña extensión de tierra que cultivo en mis horas de descanso laboral”.
Amancio está dotado de sabiduría y visión estratégica, y convirtió dos añejos hornos de leña en objetivo a preservar, “los iban a tumbar y los declaré `trofeo de guerra´, porque fueron muy útiles en el Período Especial. Yo los conservé y los atendí por más de 20 años junto a los de tecnología moderna que nos entregaron”, destaca con satisfacción.
“Esos hornos, afirma, fueron levantados en la década de los 70 del siglo pasado y porque los cuidamos fueron un ´salvavidas´ en los días más duros del Período Especial, por eso decidí protegerlos y tenerlos como una reserva para contingencias.
“Y ahí están, sirviendo todavía”, remarca y comenta “ahora que nos falta la electricidad por muchas horas son los que usamos cuando nos asignan materias primas. Podemos elaborar hasta 40 mil panes, que es la población total del municipio, aunque por las limitaciones de recursos a veces fabricamos alrededor de dos mil”.
LA PANADERÍA Y LOS CAMPOS CAÑEROS
La hoja de servicios de Amancio incluye su participación en 24 zafras del pueblo, “todos los años me movilizaba y cortaba en cada contienda más de cien mil. En una ocasión sobrepasé las 200 mil, y varias veces fui elegido entre los mejores macheteros del país, y todos los años seleccionado mejor trabajador de mi centro laboral”, lo dice con la sencillez de los hombres que prefieren hacer.
Las experiencias adquiridas en esos escenarios animan su convencimiento de que muchas de las medidas implementadas en el Período Especial pueden ser muy útiles en los tiempos que corren, y señala la posibilidad de obtener harina del sorgo y el maíz, aprovechar las cañas quedadas en los campos en la producción de guarapo, melado…,
Y argumenta: “La leña la tenemos nosotros. Hay bastante marabú, algarrobilla, manigua, tierra improductivas…”, y exhorta a “volver a esas prácticas, porque ayudaron bastante cuando la URSS y el campo socialista se desintegraron”.
El pasado 5 de mayo, Amancio cumplió 67 años, “me jubilo, pero no me retiro. Voy a seguir trabajando y apoyando en lo que haga falta a la Revolución desde mi puesto de trabajo y en el pedazo de tierra que cultivo”, reiteró en la despedida.