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Joaquín ortopedia

Puerto Padre, Las Tunas.- El andar por la vida, en muchas ocasiones, impone retos de impensable magnitud. Para algunas personas significa el final del camino, adaptarse a lo palpable, mientras, otras, limpian el horizonte con el esfuerzo diario hasta conseguir lo soñado, por muy escabroso que se muestre el trayecto. Si a los puertopadrenses les nombran al traumatólogo Joaquín Leyva Cancio, sin titubeos ni margen a las dudas, lo ubican en el segundo grupo.

Enlazar estas líneas con las responsabilidades y logros actuales resultaría la fórmula sencilla, pero, al igual que los disímiles desafíos a lo largo del obrar médico de Joaquín, de las más oscuras tinieblas supo sacar la luz necesaria para erigirse como ejemplo de superación personal.

"Comencé hace 40 años, en el antiguo hospital 'chiquito', a día de hoy hospital pediátrico, como sanitario mayor. De ahí también surge mi inclinación por la Ortopedia, pues los colegas en ocasiones me pedían ayuda para reducir algunas fracturas y esas maniobras me cautivaron. Luego, en 1982, con la inauguración del 'Guillermo Domínguez' empiezo a desempeñarme en este sitio como auxiliar de enfermero, era lo que tenía convalidado en aquel entonces, pero al poco tiempo hice un curso de Traumatología para alcanzar la categoría de Técnico. Con el transcurso de los años continué estudios en la Universidad en la especialidad de Traumatología”, remueve emociones.

Entre vendajes y yesos desanda este Quijote moderno, con ideas innovadoras que no lo dejan dormir, además de la intención de propiciar un bien mayor a los lesionados. Mente y manos en función de la salud de los demás.

"Hay situaciones que se presentan en el fragor del trabajo, como lo fue mi más reciente innovación: el brazo articulado para cirugía de miembros superiores. Ideas que aparecen para mejorar la función quirúrgica. En los momentos difíciles que estamos viviendo, debemos buscar la manera de resolver los problemas con los recursos disponibles e inventivas. El innovador está las 24 horas del día pensando en cómo mejorar la calidad de vida de los pacientes", responde con particular brillo en los ojos, muestra fehaciente de quien ha cumplido con el deber.

Joaquín, un hombre aferrado a la existencia, encuentra muchos triunfos cotidianos, imperceptibles en innumerables oportunidades por el ritmo acelerado en los pasillos del centro hospitalario, pero que están ahí para alimentarle el alma.

"Lo más importante recae en servir a la vida, disfruto mucho cuando esos equipos retoman la funcionalidad, pero lo que más regocija es ayudar a los pacientes, por eso intento dar el mejor trato posible para, de alguna manera, disminuir sus dolencias".

Transformó el uniforme a medida que adquiría títulos académicos, aunque la pureza del blanco sigue siendo irrenunciable. Del joven impresionado por las técnicas de ortopedia, al jefe de la especialidad por más de siete años en la principal institución de Salud en el territorio, solo hay espacio para la historia de un hombre sediento de conocimientos, apoyado en la vocación profunda del arte de salvar vidas.

"Aunque me faltan cuatro años para la jubilación, me va a ser muy complejo porque mi vida está enmarcada en mi oficio, a fin de cuentas es lo que soñé y he vivido. Lo es todo".