Martes, 23 Abril 2019 06:20

La sencillez de un gigante

Escrito por Yuset Puig Pupo
La sencillez de un gigante Fotos: De la autora.

Las Tunas.- Apenas rompe la mañana y el picacho, en sus manos, comienza a desgarrar el suelo. Los golpes de barreta marcan el ritmo y las formas extrañas van dibujando la oscuridad de un hoyo. Dentro, "el gigante" no aparta la mirada del desafío rocoso. Se apodera de la pala y una montaña de tierra suelta emerge como isla.

Ulises Escalona Hidalgo no es un hombre ordinario. No en vano lo apodan "el gigante", y me atrevo a decir que esta alegoría no obedece solo al hecho de que su estatura despunte por allá por los dos metros. Quién ha visto cómo se ciñen las herramientas a su brazo, sin pausas, comprende enseguida de dónde le viene el sobrenombre.

Es de pocas palabras y gestos enérgicos. Me cuenta que nunca le agradaron mucho los salones de clases y la pasividad de estar medio día aprendiendo lecciones abstractas. Lo suyo era la práctica. Así que cuando terminó el noveno grado, se deshizo para siempre del uniforme y fue directo a perderse en los surcos del campo más cercano. Después alternaría con las labores constructivas.

La historia de su estirpe está fuertemente ligada a la agricultura. Cuando le pregunto si alguna vez se interesó por los deportes, sobre todo en los que el tamaño favorece, me confiesa que no. Mientras los otros niños se armaban juegos, él prefería irse con su mamá a trabajar la tierra, o con alguno de los tíos. Sus esfuerzos eran para cuestiones más serias, o al menos, eso se planteó en su convicción de infante.

Creció viendo a la madre desdibujarse en el alba por las guardarrayas y volver al hogar bien entrada la tarde. Las rutinas de sol a sol curtieron las expectativas que Ulises creó de la vida. Ahora no concibe hacer nada a la sombra. No entiende cómo algunos hombres "de estos tiempos" rehúyen del sudor o el esfuerzo físico. A él lo enseñaron a trabajar.

La sequía de hace unos 15 años atrás le obligó a cambiar de oficio. Colgó las herramientas de la construcción y la agricultura por otras más específicas. No tenía idea de cómo se hacía un pozo, pero con la soga de la necesidad tirando del cuello, no hay labores imposibles. El primero le llevó más tiempo, pero los otros seis pozos en los que ha asomado el agua a merced de sus manos salieron del tirón increíble que les da Ulises a sus fuerzas.

A la par comenzó a construirse una reputación en la profesión de hacer cisternas. Ya va por 52 y en estos momentos continúa desafiando la cifra con el asomo de una nueva montaña de tierra fresca. En toda Las Tunas lo buscan para este menudo trabajito, por el antecedente de que nunca se demora más de tres días laborando en una casa.

Me dice que no le gusta aprovecharse de la gente. Vive de su oficio, pero siempre está presto a hacer rebajas y negociar con los más necesitados. No podría irse a la cama si creyera que engañó o estafó a otra persona igual que él. Eso también se lo enseñaron desde chico.

Entre broma y seriedad me asegura que su fuerza es sobrenatural. Las labores de demolición le han llevado a explorar sus extremos. Cuenta que hace un tiempo rompió, por encargo, dos ranflas de ómnibus en cuatro faenas. Todos los días sale a hacer cisternas desde bien temprano hasta más de las 10:00 de la noche y nunca se ha sentido un dolorcito. Su salud parece de hierro.

Le gusta trabajar solo y conversar poco. Jaranea sobre el hecho de que esta es la razón por la que es más productivo. En cuanto a los compañeros dice que aún no encuentra alguno que se adapte a sus rutinas. Y es que con el sol endiablado de Cuba no todos pueden lograr la hazaña de unir la mañana con la noche y repetir al día siguiente.

Ulises asoma a los 47 años, pero tiene las mismas percepciones con las que enfrentó la vida laboral por primera vez. No se arrepiente de sus decisiones, mas le hubiera gustado sacarle más provecho al estudio, "que no todo es la fortaleza física...".

Cuando habla de su tío Erenio Escalona le aviva una locuacidad inusual. Toda su familia ha ostentado una capacidad superior para echarle espaldas al trabajo pesado. Su tío rayó lo imposible. Fue cortador de caña y vanguardia todos los años. La gente cuenta historias suyas y ha devenido orgullo para los que crecieron cerca de él. A Ulises se le colorea en el rostro.

Me confiesa que su generación dista mucho de las preferencias y comportamientos de las nuevas. Le preocupa que a una buena parte de la juventud no le guste trabajar duro. Según sus criterios es que le han tocado tiempos más fáciles y se han acostumbrado a hacer cualquier bobería y ganarse los pesos sin saber lo que es el sacrificio o las madrugadas, o el compromiso.

Ulises convive con su mamá y tres hermanas. Cada cual aporta a la economía del hogar y ellos sí viven literalmente del sudor de sus frentes. Tiene múltiples anécdotas de lo que siente o piensa cuando está en un pozo a unos cuantos pies bajo tierra y el aire comienza a escasear. Mas él solo sonríe al respecto y prefiere guardar sus temores. Confiesa que goza de la sencillez de su vida.

Hace solo unos días este hombre grande llegó a mi barrio para hacer una cisterna. Muchos nunca le habíamos visto y nos sorprendió su apodo. Mi hijo en su magia de 5 años suele ser fantasioso y veraz. Lo siguió con detenimiento desde la altura de nuestro portal y cuando lo vio trabajar, sin descanso, hasta bien entrada la noche, aseguró que Ulises verdaderamente era un gigante. Y tenía razón.

Visto 1356 veces Modificado por última vez en Martes, 23 Abril 2019 11:47

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