"Estamos trabajando a pulmón", fueron las primeras palabras del operario Gabriel Marrero Alcides. "Diariamente fumigamos más de 100 casas con equipos que presentan un gran desgaste por tantos años de explotación. Es muy difícil y encima algunos moradores nos maltratan o protestan por el horario de nuestra llegada a las casas, sin advertir que andamos al sol cargando estas máquinas.
"No pocas veces debemos esperar largo tiempo a que terminen sus tareas. He encontrado a madres con sus niños dormidos y nos toca regresar más tarde; luego resulta que se trataba de un muchachón. Hay quienes se esconden o no dejan la llave con el vecino; otros no esperan los 45 minutos establecidos después de la fumigación para abrir la vivienda.
"Somos seres humanos y este problema no es solo nuestro. Las personas tratan de justificarse y responsabilizan a los organismos de la actual situación cuando en realidad tienen el foco dentro del tanque de agua. Pienso que sin el apoyo de la población, no podemos avanzar mucho".
A unos metros, el jefe de brigada, Leonardo Rodríguez, está inmerso en la labor organizativa, aun así accede a ofrecer su criterio. "Tenemos muchos reportes de casas cerradas y debemos permanecer hasta tarde para recuperarlas. En cuanto al tratamiento focal considero que deberíamos planificar algunos ciclos cada menos tiempo para eliminar los riesgos".
Respecto al control de los recursos explica: "Contamos con el modelo de carga y el del operario; cada 40 casas fumigadas deben regresar a cargar el equipo de combustible con las cantidades establecidas. Además, mantenemos constante fiscalización del proceso".
La actual situación epidemiológica exige el máximo compromiso de todos los sectores, organizaciones de masas y la población. Si cada quien hace lo que corresponde, disminuirán los focos del vector y por ende el peligro de transmisión de las arbovirosis.


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