Desde hace más de 20 años le diagnosticaron un cáncer de mama que puso a prueba su capacidad para afrontar las adversidades. "Fui sometida a cirugía y me extirparon un seno. A los dos días levanté el brazo y el médico no salía del asombro", rememora.
"Cuando empecé con las radiaciones en Camagüey llevé la tijera y el peine a escondidas para cortar el cabello a unas amistades del barrio, pues era peluquera. Jamás me acosté pensando en la enfermedad y no limité mi vida; he enfrentado esta dolencia con mucha fuerza, como un verdadero soldado".
Confiesa que es muy coqueta y cuida sobremanera su imagen. "El creyón siempre me acompaña, incluso lo pido después que salgo del salón".
Teresa perdió una parte de su cuerpo, pero no los sueños. Cada día despierta con nuevos ánimos, convencida de que su cicatriz es la huella de quien no detiene la lucha por la existencia.
"Dicen que el cáncer es un cangrejo que te va comiendo -comenta entre sonrisas-, yo me lo he comido a él, con carapacho y todo".
A esta guerrera le esperan días difíciles, una nueva intervención quirúrgica mutilará su otra mama. Sin embargo, permanece de pie y vuelve a la carga con las mismas energías de hace dos décadas atrás.
"No fue fácil recibir la noticia, por segunda vez tengo que transitar el camino, pero si quitarme ese pecho me da vida, pues que vaya al cubo. Aquí estoy a mis 74 años con bastón y llena de costuras como una muñeca porque también me operaron una rodilla, pero soy optimista y no tengo miedo; mientras respire hay motivos para seguir".
En Las Tunas muchas féminas viven con esta severa y silenciosa enfermedad. Durante el pasado calendario se registraron 160 nuevos casos y en lo que va de este año ya suman 71 pacientes confirmadas. Un diagnóstico oportuno ofrece mayores posibilidades de tratamiento; sin embargo, el secreto de la supervivencia después de una noticia de estas es, como dice Teresa, no perder nunca la esperanza.


Escriba su comentario
Post comentado como Invitado