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Agua:
En red con el momento
Texto y fotos:Pastor
Batista Valdés
Las
Tunas.—Es lamentable que parte de las acciones concebidas en el
programa para mejorar las redes hidráulicas no hayan podido
mantener el mismo ritmo.
Tal realidad no es culpa del país; está
condicionada por las carencias y privaciones que origina una
crisis de raíz genuinamente capitalista, pero con onda expansiva
real sobre todo el planeta. Y Cuba no está exenta.
No hacen falta referencias a todo lo que se ha
hecho desde 1959 hasta hoy en materia de voluntad hidráulica.
Ahí están los cientos de presas, embalses, canales magistrales,
acueductos urbanos y rurales, plantas potabilizadoras,
estaciones de bombeo, conductoras… incluidas las impresionantes
obras del Trasvase Este Oeste, en marcha, cuya primera etapa
beneficia ya a gran parte de la población e instalaciones
holguineras.
Que en lugares como Las Tunas se vea temporal o
coyunturalmente afectado el programa que echó a andar hace dos
años para mejorar redes de abasto dentro del perímetro urbano,
no significa renunciar de forma definitiva a ese noble empeño, y
mucho menos descuido de un servicio que se ha erigido en
verdadera conquista social, a diferencia de las penurias que
sufren millones de seres humanos sin acceso a agua potable en
numerosas regiones del mundo.
Alrededor
de 26 kilómetros de nuevas redes han ejecutado las fuerzas
especializadas este año aquí (por encima de otros 92 acumulados
entre el 2007 y 2008). El proyecto, en cambio, preveía terminar
60 hasta diciembre.
Como explica el ingeniero Norberto Marey,
delegado provincial del Instituto Nacional de Recursos
Hidráulicos, las condiciones actuales no permiten eso. Ahí está
la llaga de la crisis sobre nuestra piel, más agravada aún por
la sepsis de un bloqueo “made in USA” que corona medio siglo de
odio contra Cuba.
De cualquier modo, ingenieros, técnicos y obreros
están aptos para reemprender acciones tan pronto sea posible.
Con
independencia de cuántas insatisfacciones pueda haber (¿dónde y
cuándo no las hay? ¿quién las niega?) el verdadero alcance
humano y social de ese programa lo conocen miles de familias que
aquí y en otras ciudades cubanas agradecen el montaje de
tuberías por donde un día les comenzó a llegar el agua que antes
recibían limitadamente, no les llegaba o se les distribuía
mediante los llamados “carros pipa” o cisternas.
No olvidar eso es importante y justo. También lo
es conservar el optimismo, cuidar lo que se ha instalado, poner
dedo a tiempo en esas grietas por donde se fugan considerables
volúmenes de agua (salideros públicos y hogareños) que desangran
el plasma de la economía e irrespetan el sudor con que Cuba ha
erigido toda una infraestructura hidráulica nacional, en pos de
un mejor servicio y de la calidad que en ese sentido requiere la
vida humana. |