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Cumbres en
las Américas
El horno no está para neoliberalismos
Por István Ojeda Bello
La mitad del mes de abril trae mucho ajetreo para los
jefes de Estado y de Gobierno de esta parte del mundo
con dos reuniones al más alto nivel, cuyos propósitos
difieren tanto como el agua y el aceite.
Tras soluciones de nuevo tipo
Primero es el turno de las naciones integrantes de la
Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), las
cuales se reúnen de forma extraordinaria en el estado
venezolano de Sucre, con el propósito de coordinar
acciones de mutua cooperación para hacer frente a la
actual crisis económica internacional.
Desde su nacimiento el ALBA marcó distancia de las
políticas de apertura y franca liberalización
mercantilista tan de moda en el continente tras el
Consenso de Washington a principios de la década pasada.
Las noticias que llegan en los boletines económicos
parecen confirmar el fracaso global del neoliberalismo,
aunque a decir verdad, para los integrantes del ALBA que
lo aplicaron no puede decirse que haya habido una etapa
de éxito.
El máximo promotor de la iniciativa integracionista, el
presidente venezolano Hugo Chávez se ha pronunciado en
términos relativos a avanzar hacia alternativas, incluso
fuera del capitalismo.
Aunque es imposible prever los alcances de la situación
económica actual, los miembros del ALBA sí tienen claro
que la ruta hacia la solución no puede pasar por el
sacrificio de los programas sociales. La prioridad,
afirman, debe estar en la garantía del empleo y de
ingresos para los sectores tradicionalmente excluidos
por las leyes del mercado.
Puerto España: distinto escenario
Otro escenario muy distinto se verá en Puerto España,
Trinidad y Tobago, donde desembarcarán los presidentes,
primeros ministros y demás dignatarios de alta
jerarquía, “autorizados” por las reglas de la Carta
Democrática de la OEA; o lo que es lo mismo, las
democracias “bendecidas” por la Casa Blanca.
La V Cumbre de las Américas, es el momento de la
administración Obama para tratar de pasar la página,
hacernos olvidar los “excesos” de su predecesor y
construir unas, dicen, nuevas relaciones con sus vecinos
del Sur.
Sin embargo el panorama no es muy halagüeño para el
presidente estadounidense. En el primer convite de
Miami, allá por el año 1991, el libre comercio y la
democracia representativa parecían ser el santo grial
que resolvería todos los problemas de la región y era
aceptado por todos sin objeciones.
Ahora las cosas no serán tan sencillas pues el Imperio
llega con mucho más que su autoestima dañada. Con una
economía en recesión y su imagen de “protector de los
derechos humanos” hecha añicos. Obama, que ha demostrado
ser una persona inteligente, tratará de convencer a sus
interlocutores de que ha llegado la hora del borrón y
cuenta nueva.
Sus intenciones han comenzado a hacer agua tras los
serios cuestionamientos hechos por varios de los
convidados, especialmente Venezuela y Bolivia, quienes
critican la particular geografía del evento que no
considera parte de “Las Américas” a un archipiélago,
cuya ubicación entre América del Norte y América del Sur
es claramente visible desde la estratósfera.
El bloqueo estadounidense a Cuba es abrumadoramente
impopular en la región. Mientras voces desde la
izquierda y la derecha, exigen los primeros y aconsejan
los segundos, poner fin a las medidas de cerco económico
contra La Habana. Con todo y eso la Mayor de las
Antillas no estará presente, no obstante su ausencia ya
suena más que si un representante suyo fuera a asistir.
De hecho la reciente eliminación de las restricciones de
viajes y remesas de los cubanoamericanos hacia Cuba,
esta en consonancia con la meta de Obama: dar la
impresión de que está haciendo algo para levantar el
bloqueo. Ilusión que hace rato se encargó de desvanecer
el propio Obama y su vicepresidente Joseph Biden, ambos
han sido muy enfáticos en sus aclaraciones de que el
“embargo” es intocable.
Asimismo la receta de Washington para hacer frente al
descalabro económico global también suscita recelos
entre los principales países de la zona. Mientras otros,
cuyo peso individual no es significativo, pero que de
conjunto sí pueden hacerse sentir, igualmente lo piensan
dos veces antes de suscribir a ciegas una propuesta
diseñada por los “gurúes” del Norte.
El descrédito del neoliberalismo les aconsejan a los
estrategas del Imperio cocinar otros ofrecimientos que
aparenten cambio, pero ¡ojo!
Irán más allá del discurso. |