PERIODICO 26

 

Cumbres en las Américas
El horno no está para neoliberalismos

Por István Ojeda Bello

La mitad del mes de abril trae mucho ajetreo para los jefes de Estado y de Gobierno de esta parte del mundo con dos reuniones al más alto nivel, cuyos propósitos difieren  tanto como el agua y el aceite.

Tras soluciones de nuevo tipo

Primero es el turno de las naciones integrantes de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), las cuales se reúnen de forma extraordinaria en el estado venezolano de Sucre, con el propósito de coordinar acciones de mutua cooperación para hacer frente a la actual crisis económica internacional.

Desde su nacimiento el ALBA marcó distancia de las políticas de apertura y franca liberalización mercantilista tan de moda en el continente tras  el Consenso de Washington a principios de la década pasada.

Las noticias que llegan en los boletines económicos parecen confirmar el fracaso global del neoliberalismo, aunque a decir verdad, para los integrantes del ALBA que lo aplicaron no puede decirse que haya habido una etapa de éxito.

El máximo promotor de la iniciativa integracionista, el presidente venezolano Hugo Chávez se ha pronunciado en términos relativos a avanzar hacia alternativas, incluso fuera del capitalismo.

Aunque es imposible prever los alcances de la situación económica actual, los miembros del ALBA sí tienen claro que la ruta hacia la solución no puede pasar por el sacrificio de los programas sociales. La prioridad, afirman, debe estar en la garantía del empleo y de ingresos para los sectores tradicionalmente excluidos por las leyes del mercado.

Puerto España: distinto escenario

Otro escenario muy distinto se verá en Puerto España, Trinidad y Tobago, donde desembarcarán los presidentes, primeros ministros  y demás dignatarios de alta jerarquía, “autorizados” por  las reglas de la Carta Democrática de la OEA; o lo que es lo mismo, las democracias “bendecidas” por la Casa Blanca.

La V Cumbre de las Américas, es el momento de la administración Obama para  tratar de pasar la página, hacernos olvidar los “excesos” de su predecesor y construir unas, dicen, nuevas relaciones con sus vecinos del Sur.

Sin embargo el panorama no es muy halagüeño para el presidente estadounidense. En el primer convite de Miami,  allá por  el año 1991, el libre comercio y la democracia representativa parecían ser el santo grial  que resolvería todos los problemas de la región y era aceptado por todos sin objeciones.

Ahora las cosas no serán tan sencillas pues el Imperio llega con mucho más que su autoestima dañada. Con una economía en recesión y su imagen de “protector de los derechos humanos” hecha añicos. Obama, que ha demostrado ser una persona inteligente, tratará de convencer a sus interlocutores de que ha llegado la hora del borrón y cuenta nueva.

Sus intenciones han comenzado a hacer agua tras los serios cuestionamientos hechos por varios de los convidados, especialmente Venezuela y Bolivia, quienes critican la particular geografía del evento que no considera parte de “Las Américas” a un archipiélago, cuya ubicación entre América del Norte y América del Sur es claramente visible desde la estratósfera.

El bloqueo estadounidense a Cuba es abrumadoramente impopular en la región. Mientras voces desde la izquierda y la derecha, exigen los primeros y aconsejan los segundos, poner fin a las medidas de cerco económico contra La Habana. Con todo y eso la Mayor de las Antillas no estará presente, no obstante su ausencia ya suena más que si un representante suyo fuera a asistir.

De hecho la reciente eliminación de las restricciones de viajes y remesas de los cubanoamericanos hacia Cuba, esta en consonancia con la meta de Obama: dar la impresión de que está haciendo algo para levantar el bloqueo. Ilusión que  hace rato se encargó de desvanecer el propio Obama y su vicepresidente Joseph Biden, ambos han sido muy enfáticos en sus aclaraciones de que el “embargo” es intocable.

Asimismo la receta de Washington para hacer frente al descalabro económico global también suscita recelos entre los principales países de la zona. Mientras otros, cuyo peso individual no es significativo, pero que de conjunto sí pueden hacerse sentir, igualmente lo piensan dos veces antes de suscribir a ciegas una propuesta diseñada por los “gurúes” del Norte.

El descrédito del neoliberalismo les aconsejan a los estrategas del Imperio cocinar otros ofrecimientos que aparenten  cambio, pero ¡ojo! Irán más allá del discurso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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