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Un
mismo rostro
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Trillizos
puertopadrenses cumplieron recientemente 5 años. Hoy
disfrutan la dicha de vestir su uniforme escolar y
compartir la misma aula de preescolar, en el círculo
infantil Casita Azucarada, de la Villa Azul
Texto y foto: Leonardo Mastrapa
El
anuncio de un embarazo trae siempre alegría. ¡Pero esa
felicidad se multiplica si son dos, tres o cuatro!
Solo
ocho días después de uno de estos inusuales sucesos,
exactamente el 24 de septiembre de 1999, nuestro
Semanario relataba los detalles:
En
fila india, como soldados que se aprestan al combate,
arriban a la vida. Un grupo de galenos de diferentes
especialidades le dan la bienvenida, mientras Yilian
González, vecina de Delicias, en Puerto Padre, sonríe
contenta (…) jueves 16 de septiembre. Hora: 4:00 de la
mañana (…) Yilian solo tiene 33 semanas de embarazo. Su
parto, prematuro, es considerado de alto riesgo
obstétrico. La cesárea se impone…
Cincuenta minutos, quizás una hora, dura la intervención
quirúrgica. ¡Trillizos!, que aunque se sabe de antemano,
alegra la noticia. Varones los tres: David, Dairon y
Daniel (…) Su peso: 13,2 libras suman los tres (…),
gozan de perfecta salud. ¡Felicidades!
GÉNESIS
A
las 16 semanas del embarazo se descubrió la alegría.
Recuerda Elva, la abuela de los niños: “Mira los padres
saltaban, se besaban, no sé cuántas cosas hicieron,
fueron días de mucha felicidad… Ella hizo un embarazo
normal, claro que se pasó cinco meses ingresada en el
hospital de Las Tunas. Quiero decirte que todos los
ultrasonidos daban a una niña escoltada por dos
varoncitos; y mira, la sorpresa llegó a última hora.
Yilian siempre fue flaca y con la barriga engordó
muchísimo, pues a pesar de que hubo que hacerle cesárea
antes de tiempo, los niños pesaron más de 4 libras cada
uno, y a los 28 días ya salieron del ´Guevara´…”
TRAVIESOS Y CARIÑOSOS
-Yo
decía, recuerda la madre: ¿Qué voy a hacer? Uno se
asusta. ¡Son tres! Jamás se puede pensar como cuando es
uno, pero poco a poco nos fuimos adaptando a seguir
adelante con ellos. Los primeros tiempos fueron
terribles. Creíamos que nos volvíamos locas.
-Mi
mamá por esos días se jubiló y se dedicó por entero a
ellos, además de una enfermera que nos pusieron, y la
ayuda de la familia y de los vecinos, pero por momentos
te juro que no dábamos abasto.
-A
cada rato las tongas inmensas de pañales, qué odisea,
refiere Elva. Un día eran las 3:00 de la tarde y no
había lavado ni uno, dije hasta aquí llegué, pero no,
eso era imposible. Por momentos me parece ver a mi hija
sentada en el balance dándoles de mamar a los bebés; a
veces con uno, muchas con dos y en ocasiones los tres,
uno detrás de los otros. Aquello era una locura, pero
bella. Quiero decirte que nosotros nos bañábamos,
comíamos y hacíamos cualquier cosa después de las 11:00
de la noche. Todo el día estábamos en función de David,
Dairon y Daniel. Menos mal que en las noches les daba
por dormir, si no…
-A
los seis meses del parto me incorporé al trabajo, dice
alegre Yilian, algo que yo creía que no iba a ser
posible tan rápido y hasta hoy cumplo con todas mis
tareas como jefa de grado de la secundaria básica
Paco Cabrera.
-En
su primer año de vida tuvieron un solo ingreso, afirma
Elva, y yo recuerdo que en el hospital me pusieron la
superabuela. Eso sí, cada vez que cualquiera se
enferma, le siguen los otros dos, y menos mal que no
han sido enfermizos, uno de los motivos por los que
pude volver a ejercer de profesora.
-Nosotros vivimos en altos, dentro de la casa juegan,
retozan, hacen de todo; son traviesos como casi todos
los niños, pero muy cariñosos, apunta Elva.
CONOCERLOS, UN ENCANTO
Una
de las pasadas mañanas mis ojos trocaron sus miradas
con estos tres pequeños rostros, casi idénticos, y que
solo algún lunar puede identificarlos.
David, Dairon y Daniel juegan junto al resto de sus
compañeritos de prescolar en el patio del círculo
infantil Casita Azucarada, de Puerto Padre, cuando este
reportero pregunta por los trillizos. Ramona Leyva, su
maestra, me responde que muy pronto sabré cuáles son.
Pasaron escasos segundos, y como guiados por una misma
fuerza, se presentan ante mí. Me saludan y yo quedo
atónito. Una sola pregunta brota de mis labios y va
dirigida a Ramona:
-¿Cómo puedes identificarlos?
Sin
pensarlo dos veces me dice: No sé. En el aula los separo
para más o menos tener una idea. Cuando hablan o se ríen
solo sé quien es David, porque le faltan dos dientes
debido a una caída. Pero en realidad es muy difícil
identificarlos. Son niños intranquilos pero con un buen
aprendizaje.
Mirar aquellas caritas bellas e inocentes, unido a sus
preguntas, risas y encantos me hicieron vivir momentos
verdaderamente inolvidables. Como cosas de niños se
pactó el diálogo y conocí que quieren ser como el Che,
un hombre bueno e inteligente, a decir de Dairon, pero
también supe que Daniel es el jefe de la pandilla y que
los tres gustan de comer helados y frutas, que respetan
a sus compañeros y que a su abuela le dicen mami y su a
mamá, mamita, que su papá es muy bueno con ellos, y que
les encanta a los tres la playa y la escuela.
Ahora bien, cuántas cosas me preguntaron, no les podría
decir, solo les puedo afirmar que hasta sus voces se
parecen. Seis manitas agitadas en la puerta de su aula,
sellaron nuestro encuentro. Conmocionado abandoné la
instalación y ya en la calle pensé en el orgullo y la
alegría multiplicada de estos padres, de Elva y del
resto de la familia. Nada será sacrificio para su
educación y crianza si el regalo de tenerlos no tiene
ningún comparativo. ¡Felicidades!
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El parto de trillizos se da
un caso de cada ocho mil nacimientos. Generalmente
suceden si hay un
historial familiar de ello, si la madre está tomando
medicina o teniendo tratamientos para embarazarse, o
si ella es una mujer ya mayor… Más de un bebé puede
acontecer de dos maneras. La más común es cuando dos
o más óvulos se fecundan por dos o más
espermatozoides. Estos bebés pueden ser varones o
hembras y tener la misma apariencia o no. Menos
común es cuando un óvulo se fecunda por un
espermatozoide en la manera normal. Entonces, por
alguna razón, el óvulo se parte y crecen dos o más
bebés. |
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