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Las Tunas.- “¡Mira, parece que está vivo!”, dijo frente al espejo el joven Yoán Santiago Verdecie. Ante sus ojos, el conejo Tadeo cobraba vida. “¡No, está vivo porque le estás dando vida!”, le respondió Clotilde Aguillón, fundadora del teatro guiñol Los Zahoríes, emocionada. Así recuerdan los primeros pasos de Alegría de vivir, proyecto que alientan ellos bajo el amparo de la Fundación Nicolás Guillén (FNG) en la provincia.

La iniciativa, aunque solo tiene un añito de existencia, destaca por su sensibilidad y demuestra el valor del arte cuando se entrega de lleno al beneficio del público. Aquel día en que la actriz titiritera “perdió” a uno de sus amados muñecos (porque Yoán nunca ha podido desprenderse de Tadeo) “ganó” un aprendiz y, más que eso, el corazón de alguien con necesidades educativas especiales que vería en la hermana de Pilar Aguillón un referente, una amiga, otra madre que le dio la vida…

Desde entonces, el tercer sábado de cada mes llegan estos teatristas hasta la casa de niños sin amparo parental de la ciudad cabecera a ofrecer cultura, valores y buenas energías. Aún recuerda Clotilde ciertas palabras: “Lo siento, sé que era prestado, pero no me puedes quitar al conejo; cuando estoy triste, lo miro y me pongo contento”. A ella le encanta enseñar y afirma que cada persona tiene sus características. “Yoán es muy inteligente y dinámico. Al principio me decía: ‘Yo no sé’, y yo le respondía: ‘No importa, te voy a enseñar’.

”El arte titiritero puede lograr muchas cosas, pues a través de los títeres podemos expresar lo que sentimos y hemos vivido. Por eso a Yoán lo primero que le enseñé fueron sus técnicas. Él vivía en el mismo edificio que yo, en el reparto Buenavista. Siempre andaba cerca de mí porque se sentía atraído por esto. Un día me dijo: ‘Quiero participar en un evento en el que la prioridad sean los títeres, y tú me vas a ayudar…’. Entonces vino el ejercicio del espejo. Esa sería la semilla de nuestro andar juntos por la cultura”, narra Clotilde, no sin reconocer que también ha aprendido de Yoán porque, aunque es maestra de la escena, se ha superado más.

”Él se deja llevar. A veces le exijo mucho, lo sé; pero cuando una pieza no está lista, no lo está. Una obra debe tomarse el tiempo necesario. Yo le insisto en algo: ‘Debes de darte tu lugar, respetarte como actor y respetar al público. Por la calidad que tengas, así te van a respetar’”. Para Yoán no es menos gratificante. “Este proyecto me hace amanecer feliz cada día. Trabajar con los niños de la casa sin amparo parental me gusta mucho. Más que mi maestra, Clotilde es para mí una madrina del teatro. Si no fuera por ella, no sabría manipular títeres ni todo lo que ahora sé”, afirma.

Sobre cierto conejo “parlante”, alega él: “Tadeo es un títere marote, se maneja por la parte de atrás de la cabeza. Es bonito y creativo, pero también travieso e inventor; a veces hasta dice palabras que no debe…”. No es el único personaje que anima, pero sin dudas ocupa un lugar especial en su labor. “Darle vida a un títere no es fácil, pero tampoco es difícil. A todos los que tengo los quiero como hijos”, añade.

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Por otro lado, Yoán asegura que desde un principio estuvo claro de que quería llevar la “Alegría de vivir” hasta la institución que acoge esta acción cultural hasta hoy. “Los niños allí me dicen papá, tío o primo; me demuestran cariño sincero”. Por su parte, Clotilde afirma: “Allí hay niños con potencialidades para muchas cosas, no solo actuar con títeres. A algunos les gusta bailar, la literatura u otra manifestación.

”A veces nos vestimos de payasos y jugamos con ellos; otras, hacemos talleres. Se les nota el amor por el arte. Siempre tratamos de llevar un espectáculo diferente y usar varias técnicas para que los niños se sientan atraídos. Nos hemos tocado con pequeños tímidos y, con teatro y dedicación, se han integrado a nuestro trabajo”.

Ella reafirma la importancia de que existan proyectos semejantes en diversas instituciones, especialmente inclusivos y dirigidos a grupos vulnerables. Sencillamente, “las personas descubren cuánto pueden llegar a ser. Las familias también notan su desarrollo. Yoán ha descubierto un potencial significativo para artes escénicas y literatura; las limitaciones de salud no le han impedido desarrollar su talento. No debemos desechar a nadie, sino apoyar, estimular y valorar”.

Este no es el único proyecto que tienen ambos. Clotilde, durante varios años, ha impulsado Canturía a lo Guillén, desde la escuela especial Jorge Aleaga, con excelentes resultados. Asimismo, el intérprete de Tadeo sigue sus pasos en el arte de las tablas, y ya asume actividades propias, como un taller de animación y construcción de títeres, que acoge actualmente la sede tunera de la Fundación  Nicolás Guillén (FNG).

“No hay mejor regalo para nosotros que ver reír a los niños; su alegría vale más que cualquier cosa. Queremos que se integren a la sociedad siendo  conscientes de su valor”, destaca la hija de Los Zahoríes. “Ellos son mi alegría de vivir”, añade Yoan. Así, si usted los ve, ábrales el corazón. Seguramente muchas cosas buenas aprenderá.