
Las Tunas.- Uno de los tesoros de la etapa infantil es que podemos idear disímiles maneras en las que realizarnos en el futuro. Unos sueñan con salvar vidas, otros con reparar enormes maquinarias, hay quien se imagina devorando los aires en un avión, pero Gretchen Lisbeth González Acosta nunca se vio en ninguno de esos escenarios. La preferencia por las artes plásticas la invadió desde niña y le hizo ver que ella y los pinceles serían grandes amigos.
Ese amor por lo colores la inundó desde pequeña, y sus padres, de quienes está muy agradecida, hicieron todo lo posible para que se formara en ese mundo; la llevaban a la casa de cultura y a los talleres que se impartían en la Escuela Profesional de Arte (en aquel tiempo Escuela Vocacional). Hoy, con más de dos décadas de labor, recuerda con añoranza cómo siempre fueron “respetuosos con mis decisiones para el futuro”.
A pesar de que no hay artistas de la plástica en la familia, de su papá adquirió habilidades que posteriormente le permitirían incursionar en diversas técnicas, para después abrazar otra pasión que llena sus días: la docencia. “Me gradué en la Academia de Artes Plásticas en 1994 y comencé a trabajar en el Palacio de Pioneros impartiendo clases de Dibujo y Pintura; ese fue el inicio de mi labor como profesora. También fui metodóloga de Educación Artística en la Dirección General de Educación.
“Luego de cumplir mi servicio social me incorporé como diseñadora en el teatro guiñol Los Zahoríes; y a la par enseñaba en la antigua escuela de instructores de arte Rita Longa”, comenta. La llegada al guiñol no solo le permitió ganar mucha experiencia en las artes escénicas, también superarse en el diseño y realizar giras por casi todas las provincias.
“Desde los 19 años me dediqué al diseño escénico, un mundo nuevo para mí, lleno de fantasía. Con grandes del teatro para niños como Ivo Dovale, Pepe Bañobre, Armando Morales, Yaki Saiz, Emelia González, entre otros, fui aprendiendo las técnicas de esta manifestación. Con un poco de imaginación y toque artístico alcancé varios premios en certámenes, concursos y festivales de teatro. Los lauros como diseñadora representaron la validación de un lenguaje visual único de Los Zahoríes, como un sello artístico, compartido por el equipo creativo”, menciona.
Fueron 17 años en ese emblemático grupo, y hoy recuerda con nostalgia cuánto le debe a maestros actores que durante décadas hicieron disfrutar al público infantil con los títeres. Nombres como Juan José Rodríguez, Argentina Vázquez, Emelia González, Clotilde y Pilar Aguillón caminarán con ella siempre; además de Verónica Hinojosa, con la que aún continúa trabajando en proyectos artísticos en la Fundación Nicolás Guillén (FNG).
Su trayectoria y entrega, unido a los logros como diseñadora escénica, le permitieron ingresar a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en el 2000. Sin embargo, el 2010 constituyó para Gretchen un año excepcional, pues trajo la posibilidad de brindar su sapiencia en escuelas especiales, liceos y universidades gracias a la Misión Cultura Corazón Adentro, en la República Bolivariana de Venezuela.
“Cuando llegué me ubicaron en una escuela especial y a partir de ahí me enamoré del trabajo con los niños que tienen trastorno del espectro autista (TEA) y necesidades educativas especiales (NEE). Esa fue la génesis del proyecto al que puse por nombre Laberinto de Luces y que al regresar lo di a conocer en las escuelas especiales para darle continuidad. Como muchos de estos pequeños están incluidos en la enseñanza regular, entonces lanzamos la convocatoria en las redes sociales”, cuenta.
Además de su desempeño como instructora de artes visuales en la casa de cultura Tomasa Varona, desde el 2023 Gretchen ejerce la docencia con los talleres de creación a niños con TEA en la FNG, de la cual también es vicepresidenta. Su gratitud hacia esta institución que la ha acogido se nota en sus palabras.
“Agradezco mucho a la Fundación que me abrió las puertas para este proyecto y me ha dado un gran apoyo, comenzando por su presidenta, Marina Lourdes Jacobo García. Así convertí mi oficina en un aula y la adapté para que fuera nuestro pequeño taller. Y, por supuesto, la familia ha sido de mucha ayuda, me asisten inmensamente.
“Esta es una experiencia maravillosa y un ejercicio de sensibilidad, descubrimiento mutuo, donde se aprende a leer sus lenguajes y respetar sus tiempos. Mi labor consiste en construir puentes personalizados que les permitan explorar el mundo con confianza a través de las artes visuales, demostrando que su forma única de percibir la realidad es valiosa. Para mí es un privilegio contribuir a que desarrollen herramientas para expresarse, creando un entorno feliz y de creatividad”.
¿Por qué Laberinto de Luces?
“Es un nombre poético. Se centra en el potencial de cada niño autista en lugar de sus dificultades. En un laberinto siempre se busca encontrar una salida que, para mí, es correr hacia la luz”. Y, en efecto, mucha luz emana esta iniciativa para ella, sus alumnos, la familia y tantos que se han unido para su éxito.
“Más allá de la plástica, este es un taller de artes visuales porque también les enseño a apreciar el cine y todas las demás manifestaciones, en general. He invitado, por ejemplo, al maestro Félix Ramos, para que, mientras están trabajando, él toque la guitarra y les enseñe sobre apreciación de la música. Vienen escritores y les leen cuentos, algo que a mis alumnos les encanta.
También nos han visitado jóvenes de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y artistas profesionales de la Uneac. La actriz Verónica Hinojosa, por ejemplo, les ha narrado muchos cuentos.
“El trabajo con los niños con autismo ha sido un reto para mí, pero me tiene enamorada. Veo en ellos algo muy especial, y es que vinieron al mundo con una misión. Son tan lindos, tan buenos, tan inteligentes... Nadie calcula la capacidad que tienen”, comenta emocionada.
Asumir este proyecto no solo ha demandado para su fundadora tiempo y dedicación, también la ha impulsado a superarse en otras áreas que, a la par, la han hecho crecer profesionalmente. “El arte es un medio que les ayuda a expresarse, pero también la tecnología y el idioma. Varios hablan un inglés excelente, es una característica de casi todos. Debe ser porque es más fácil de aprender que el español, que lleva mucha conjugación. Esto me ha obligado a estudiar más en ese aspecto porque hay muchos a los que les tengo que hablar en inglés en la clase, porque así me lo piden.
“Los talleres son los viernes, pero ellos vienen prácticamente todos los días; y lo disfrutan tanto que se sientan, conversan conmigo y casi les doy una clase. Según las características de cada uno, debo hacer un ajuste en el trabajo. La mayoría tienen necesidades educativas especiales, pero, por lo general, yo trabajo con los autistas y los que tienen trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Hace poco comenzamos el proyecto Cromosomas de Amor, de conjunto con el Centro de Diagnóstico y Orientación (CDO), para los niños con síndrome de Down. Trabajamos las diferencias individuales, tratamos de que se sientan bien, tenemos presente el diagnóstico de cada uno, si tiene alguna enfermedad de base, como epilepsia. Evaluamos que las dinámicas no sean tan fuertes, que no vayan a exaltarse…”, explica.
Uno de sus orgullos radica en la participación el año pasado en el Tercer Congreso Internacional Pluricultural en México, al cual llevó experiencias con los proyectos socioculturales de la Fundación junto a Marina Lourdes Jacobo García y otros artistas de Cuba. Pero recientemente Gretchen también resultó premiada en el Salón Provincial de Instructores de Arte con la obra Nido humano, un cuadro que hizo aplicando el dibujo. El lauro fue otorgado por el Centro Provincial de Casas de Cultura y del cual asegura sentirse “muy bien por lograrlo”, y felicita a los otros artistas premiados y a los que obtuvieron menciones en el Salón.
Los deseos de superación también mueven a esta artista indetenible. Razón por la cual sus días están enfrascados en un doctorado en Ciencias de la Educación, precisamente con el tema Estrategia inclusiva en la Educación Primaria desde la Fundación Nicolás Guillén Las Tunas. Un estudio que se propone “visibilizar y sistematizar las prácticas de la FNG como un modelo de inclusión educativa arraigado en la cultura, la identidad y el pensamiento en un contexto escolar marcado por la diversidad”.
“Tengo la suerte de contar con dos tutoras excepcionales y exigentes, las doctoras en Ciencias Marina Lourdes Jacobo y Rafaela Macías Reyes. Por compromiso, asumo este doctorado con la misma entrega que pongo en cada clase, con la certeza de que todo aprendizaje nuevo es algo que luego podré compartir. Es mi manera de seguir aprendiendo para seguir enseñando”.
Gretchen también es miembro del proyecto Disminución de Desigualdades Mediante Proyectos Socioculturales de la FNG, coordinado por Rafaela Macías Reyes y Marina Lourdes Jacobo, donde participan varios miembros y colaboradores. El mismo hace una sistematización de todos los proyectos socioculturales de la Fundación, entre ellos Laberinto de Luces.
En tantos años de entrega al arte y a la docencia, son muchas las anécdotas que la memoria alberga, pero el privilegio de acompañar a pequeños con necesidades educativas especiales en su descubrimiento del arte es, sin dudas, de sus mayores privilegios. De ellos confiesa que aprende cada día.
“Me han enseñado que la creación no entiende de limitaciones ni de técnicas perfectas. He visto cómo un niño que apenas habla encuentra en los colores su voz más auténtica, cómo otro que lucha con la motricidad fina celebra cada trazo como una victoria, y cómo todos, sin excepción, me recuerdan a diario que el arte es el medio perfecto para conectar.
“A todos los que se inclinan por seguir el camino de las artes visuales, sigan creando; a pesar de todo, cada uno a su manera, con su propio tiempo, con su propia luz”.