Imprimir
Visto: 195

Desde la perspectiva de la materialidad social, la firma desempeña una función simbólica y práctica.

La posibilidad de una agresión militar directa contra Cuba nunca ha sido una hipótesis de gabinete. Durante años, esta contingencia ha estado latente; en dependencia de los intereses del poder real en EE.UU., cada administración —fuera indistintamente republicana o demócrata— asumía grados variables de confrontación.

En los últimos años las posiciones más agresivas crecieron, durante las administraciones republicanas, para convertirse hoy en un escenario tangible, que los analistas de inteligencia y los responsables de la defensa nacional consideran con creciente seriedad.

Diversos informes periodísticos han filtrado que el Pentágono prepara planes para una operación militar en Cuba, con el objetivo de derrocar al Gobierno cubano, un hecho que está en la retórica de los representantes de la administración estadounidense.

Frente a esta escalada, Cuba ha respondido. Entre las iniciativas más significativas se encuentra el movimiento popular "Mi Firma por la Patria", convocado por las organizaciones de la sociedad civil cubana como una muestra inequívoca de la determinación del pueblo para defender su soberanía.

Paralelamente, se ha reactualizado la doctrina militar de la "Guerra de Todo el Pueblo", concebida originalmente por Fidel hace más de cuatro décadas.

Sin lugar a dudas, la superioridad militar del Pentágono contrasta con la economía cubana, asfixiada por décadas de bloqueo económico, intensificado por un embargo petrolero que desde enero de 2026 ha provocado apagones diarios, escasez de agua potable, alimentos y suministros médicos.

Fidel, en su análisis de las tácticas estadounidenses contra Cuba, advirtió: "Parte de la guerra subversiva, de la guerra sucia, es también la guerra psicológica, y al imperialismo le gustaría tener a su disposición todos los medios y todos los recursos".

La doctrina militar cubana de la "Guerra de Todo el Pueblo" no surgió del acto de voluntarismo de un líder, sino de un análisis riguroso de las condiciones objetivas y subjetivas de la Isla. Fue concebida por Fidel a principios de la década de 1980 cuando la posibilidad de una agresión militar creció exponencialmente.

Así mismo, la "Guerra de Todo el Pueblo" no busca enfrentar una invasión en el sentido clásico, sino hacer terriblemente onerosa la factura militar, económica y humana de una ocupación.

En palabras del propio Fidel: significa que "para conquistar nuestro territorio y ocupar nuestro suelo, las fuerzas imperiales tendrían que luchar contra millones de personas y tendrían que pagar con cientos de miles e incluso millones de vidas el intento de conquistar nuestra tierra, de aplastar nuestra Revolución".

Desde el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en una operación militar estadounidense, las autoridades cubanas han reinstaurado una jornada semanal de prácticas militares denominada Día de la Defensa, con ejercicios territoriales de preparación combativa.

En el plano político, Fidel dejó establecido un principio fundamental que sigue rigiendo estos ejercicios: "En caso de agresión, cada cubano sabe lo que tiene que hacer y es un Comandante en Jefe", la idea va acompañada de un mandato cardinal: "ni rendición, ni capitulación ni derrota".

CONSTRUCCIÓN DE LA VOLUNTAD COLECTIVA

El movimiento "Mi Firma por la Patria", lanzado por las organizaciones de la sociedad civil cubana, constituye una innovación estratégica en el campo de la guerra asimétrica.

No es una simple convocatoria de recogida de firmas, sino un dispositivo de producción de subjetividad social revolucionaria. Abarca a jóvenes a partir de 16 años, a todos los centros de trabajo, los barrios y las comunidades.

Desde la perspectiva de la materialidad social, la firma desempeña una función simbólica y práctica. En el plano simbólico, representa la adhesión consciente y el compromiso público con la defensa de la soberanía, en una tradición que se remonta a las movilizaciones masivas del 26 de octubre de 1959, cuando Fidel proclamó: "La Nación entera, de pie, no teme a nada".

En el plano práctico, constituye un mecanismo de articulación de la voluntad popular.

La subjetividad social –expresada en movimientos como Mi Firma por la Patria– no es un epifenómeno, sino un factor determinante: la disposición consciente del pueblo a resistir multiplica exponencialmente el poder defensivo real de la nación.

Esta capacidad de resistencia no deriva de la superioridad material frente a Estados Unidos, sino de la superioridad moral y organizativa del pueblo organizado.

Como bien definió Fidel apenas ocho días después del triunfo revolucionario de enero de 1959: "Cuando yo oigo hablar de columnas, de frentes de combate, de tropas más o menos numerosas, yo siempre pienso: he aquí nuestra más firme columna, nuestra mejor tropa, la única tropa que es capaz de ganar sola la guerra: ¡Esa tropa es el pueblo!" (Granma)