
A varios días del anuncio, aún persisten dudas y suspicacias sobre el posible impacto de esta decisión en la inflación ya existente en la Mayor de las Antillas.
La noticia sobre la entrada en circulación de billetes de mayor denominación en Cuba se dio a conocer recientemente. A varios días del anuncio, aún persisten dudas y suspicacias sobre el posible impacto de esta decisión en la inflación ya existente en la Mayor de las Antillas. Muchos interpretan que imprimir billetes más grandes equivale a crear más dinero. ¿Cuánto de cierto hay en esa hipótesis? ¿Con la impresión de los billetes de 10 mil y 20 mil CUP se está inyectando dinero sin respaldo a la economía?
En primer lugar, es conveniente aclarar que cualquier discusión sobre este asunto debe sostenerse con argumentos técnicos, desde el análisis objetivo y con el aporte del mayor conocimiento posible sobre el tema. Atrincherarse en percepciones sin fundamentos o anteponer prejuicios político-ideológicos de uno u otro lado resultaría estéril para el debate.
Lo cierto es que, aunque para algunos parezca inverosímil, afirmar que la aprobación de nuevas denominaciones equivale automáticamente a crear nuevo dinero es errado. Esa conclusión no se sostiene si se tiene en cuenta que el papel moneda no es más que el soporte físico de un valor preexistente. Por eso, introducir billetes de mayor cuantía no altera por sí solo la masa monetaria. Dos escenarios podrían suscitarse -o una combinación de ambos- tras la puesta en circulación de los billetes de 10 mil y 20 mil CUP.
Uno de ellos es que el Banco Central, al introducirlos, ajuste sus inventarios y retire equivalentes en billetes menores, desgastados o rotos. En ese caso, se trataría de un procedimiento interno que rara vez se comunica de manera explícita, pero que contribuye a la reposición sistemática de los billetes y garantiza que el volumen total de dinero en circulación permanezca más o menos constante. De hecho, ¿frecuentemente no se encuentran billetes con fecha de impresión del año en curso, billetes que el año anterior no existían? Por ejemplo, puede haber ocurrido -caso hipotético- que en 2020 hayan aparecido billetes de 100.00 CUP con el 2020 como año de impresión y, por lo tanto, habrían sido billetes que no se encontrarían en 2019 ni en 2018... Ese suceso no suele generar polémicas. Si a las manos de alguien llega un billete del año corriente, casi nadie pasa a pensar que se está induciendo más inflación. En la práctica ocurriría igual con el diseño de otras denominaciones: se actualiza la presencia de billetes en la circulación, pero sin alterar ficticiamente la cantidad de dinero existente en la nación.
Otro escenario probable es que los billetes que ahora salen a luz sean empleados para respaldar equivalentemente parte de ese dinero que en los últimos tiempos ha sido difícil de extraer de las tarjetas bancarias. Nótese que, dado ese caso, un billete de 10 mil o uno de 20 mil, en cuanto a valor, no aparecería de la nada en la boquilla de un cajero automático. Si alguien extrajera uno, rebajaría de su tarjeta la cantidad equivalente, de modo que no se alteraría la cuantía de dinero del que dispone esa persona ni la sumatoria total del dinero con que cuenta el país de manera global. Ese monto ya existía en la cuenta de alguien. Lo mismo ocurre con el dinero que poseen las instituciones y el resto de los actores de la economía. Así, en el supuesto de que los billetes recién anunciados sean destinados a mitigar la escasez de efectivo, no se estaría creando nuevo valor, sino que se estaría expandiendo la oportunidad de que más sujetos económicos puedan decidir si maniobrar sus activos monetarios electrónicamente o en papel.
Como anunciaron las autoridades bancarias, el diseño de billetes con más ceros a la derecha responde a un problema práctico: la maniobrabilidad del efectivo. El papel moneda, como cualquier otro papel, se deteriora con su uso. En un contexto de inflación en el que transacciones ordinarias requieren grandes cantidades relativas de billetes, disponer de denominaciones más altas facilita las operaciones cotidianas.
Diseñar altas denominaciones no es por sí solo una política inflacionaria ni antiinflacionaria. Ello no constituye directamente un mecanismo de estímulo ni de desestímulo. Es, sencillamente, un paliativo administrativo para el flujo de efectivo. Esta alternativa puede aportar comodidad tanto a quien dispone de esas cantidades como a quien no, pues, al tomar, por ejemplo, un billete de 10 mil CUP, podrían quedar disponibles 100 billetes de 100.00 CUP, empleables por otras personas. Además, para el sistema bancario resulta más eficiente gestionar menos papel que grandes cantidades de papel moneda si, en definitiva, ambas opciones representan el mismo valor económico.
La inflación en Cuba viene dada por causas como la insuficiencia productiva, desajustes fiscales, déficit de oferta y distorsiones cambiarias. Ninguno de estos problemas se resuelve o se agrava con la sola introducción de billetes de mayor denominación. Los salarios, las pensiones, las cuentas institucionales y las asignaciones presupuestarias permanecen invariables en principios. Por tanto, la capacidad adquisitiva de los sujetos económicos no cambia por tener más papel o menos papel en sus bolsillos.
Algunos colegas han apuntado a un posible efecto inflacionario como consecuencia de las expectativas de la ciudadanía tras el anuncio. En la percepción social, billetes más grandes pueden asociarse a un aumento de precios, aunque en términos contables no haya variación real en la masa monetaria. En ese sentido, es cierto que desde las teorías económicas se reconocen a las expectativas como un factor de influencia en las dinámicas de los mercados. Es justo reconocer la probabilidad de un eventual efecto de las expectativas, pero, en las condiciones actuales de la economía en la Mayor de las Antillas, existen causas más objetivas, más cuantificables y de impactos más verificados a las que atribuir las tendencias inflacionarias.
Resulta prácticamente imposible medir hasta qué punto la interpretación de la gente en torno a los últimos diseños monetarios podría influir en los ascendentes precios de los bienes y servicios. Lo que sí podemos afirmar con certeza es que la emisión de nuevas denominaciones no incrementa los créditos en las cuentas bancarias de sujeto alguno ni modifica las obligaciones fiscales: la suma de dinero en poder de los actores económicos se mantiene intacta.
Por ello, resulta esencial distinguir entre la creación de dinero y la impresión de billetes. La primera tendría efectos directos sobre la inflación. La segunda es solo un cambio en la representación física del mismo valor. Confundir ambos procesos conduce a diagnósticos erróneos y a temores infundados.