Las Tunas.- Con la insignia de la Cruz Roja de telón de fondo, mientras los muchachos más jóvenes se niegan a romper el momento de camaradería, conversar con Flor Ángel Parra Rivero es andar un camino largo, con los matices de quien ha tomado decisiones importantes que lo ciñen a una responsabilidad que nunca ha podido superarlo.
Creyó que su futuro estaría ligado a las aguas. Cuando terminó el noveno grado consideró convertirse en técnico de Nivel Medio en Río y Drenaje, un empeño que lo llevaría hasta Pinar del Río. Pero al final de las vacaciones la motivación se le escurrió entre las manos y se enlistó en Enfermería.
Aquello le encantó desde el principio. En su casa lo vieron con buenos ojos. Su padre, la piedra angular de la familia, le puso la mano en el hombro, en señal de respeto, cuando años después, en 1984, partió a Angola a socorrer heridos en medio de una guerra cruenta.
Estuvo en Malanche, en el centro del país, y asegura que hizo de todo, no solamente trabajar como enfermero, apoyó a la población de allí y se desempeñó de mil maneras en la base militar cubana. Cuatro años después volvió con los suyos y se convenció de que había encontrado la profesión de su vida.
Una mañana cualquiera le llamaron a la Dirección General de Salud y sin muchos miramientos el directivo de aquel entonces, el doctor Joaquín Valenzuela Tamayo, le propuso la tarea de convertirse en secretario general de la Cruz Roja en Las Tunas. No es que le dejaran muchas opciones, pero él aceptó.
“Cuando llegué a la casa mi padre no estuvo muy de acuerdo. Imagínese que yo ya tenía una carrera como enfermero y a él ese programa le parecía un invento. Pero yo ya tenía 24 años y había dado la disposición, así que tocó seguir y hasta la fecha…”.
Peina canas debajo de la gorra con la cruz simbólica. La responsabilidad que se le exiguió en un primer momento fue apoyar el servicio de ambulancias y a las brigadas sanitarias, pero eso estaría próximo a cambios sustanciales, de esos que se le encostran a la gente de manera tal que ya no sabe bien donde empieza uno y termina el otro.
MOMENTOS DE HACERSE INMENSO
Corría el año 1998 y el huracán Georges llegó sin remilgos. Provocó a la Isla considerables pérdidas materiales, más de tres mil viviendas fueron destruidas y los registros recogen que hubo seis fallecidos asociados al fenómeno meteorológico. En ese contexto la Cruz Roja tunera se creció.
“Fue muy duro el trabajo. Verdaderamente teníamos pocos voluntarios en aquel momento porque, ya le digo, era con las brigadas sanitarias con las que trabajábamos. Recuerdo que dieron el paso al frente los escasos voluntarios que teníamos, los hombres, y pudimos hacer un trabajo muy certero con los compañeros de la Vivienda. Se hizo distribución de techos a todas las casas damnificadas en el municipio.
“A raíz de ahí empezamos a adquirir más experiencia y más interacción. Entendimos que necesitábamos más personas porque la realidad demandaba otras actividades. Ver de cerca el destrozo y el sufrimiento de la gente fue una experiencia que hizo crecer al equipo, nos fortalecimos.
“En lo adelante vinieron muchos más huracanes, incluso peores, como el Ike, pero ahí ya éramos un número superior y estábamos bien imbricados. Los voluntarios saben que vamos a donde haga falta. Tenemos alrededor de 27 programas en la Cruz Roja y los desarrollamos día a día, con el voluntariado.
“Ellos son nuestra piedra angular porque asalariados somos solo cuatro personas en la sede provincial, y en los municipios, hasta tres. Lo digo con mucho orgullo, realmente están siempre dispuestos a todas las acciones y tareas que tenemos que cumplir”.
Me cuenta que en estos tiempos complejos lograr aumentar las filas demanda trabajo constante. Han llegado hasta los mil 700 gracias a la promoción que realizan a través de la Televisión, la Radio, los medios de comunicación e incluso van hasta los centros de trabajo y dan cursos de primeros auxilios, socorrismo, apoyo psicológico...
“Hay anécdotas imborrables. Nosotros somos garantes en la atención a los haitianos. Tenemos la responsabilidad de darles protección, seguridad y establecer el contacto, la comunicación con sus familiares a través de la especialista que atiende el Departamento de Restablecimiento de Lazos Familiares y Búsqueda.
“Hacemos todo lo que está a nuestro alcance. La atención médica es una prioridad y nos toca acompañarlos a los hospitales cuando lo requieren. La experiencia te marca. Cuando ellos ven llegar a la Cruz Roja se relajan porque saben que vamos a protegerlos.
“Uno les puede leer la desesperación en el rostro, los ve ahí desesperados y es triste. Entre los voluntarios siempre buscamos alguien que hable inglés y francés y el diálogo ayuda. Nos narran a veces las peripecias. Me han tocado más de 20 operaciones de este tipo.
“La última vez entraron 178 haitianos por Puerto Padre. Los recibimos, los atendieron en el campamento haitiano que hay en la playa de La Llanita y de ahí fueron trasladados. Estuvieron más de una semana aguardando para que los llevaran hasta Holguín y de ahí ser repatriados a su país”.
EL DEBER CUMPLIDO
La fuerza de la Cruz Roja siempre tiene algo que hacer. Me cuenta Flor que por esta fecha destacan los de Manatí por el trabajo tan bonito que hacen con las nuevas generaciones desde los círculos de interés, para asegurar el relevo.
En Jobabo ahora se concentran en apoyar el medio ambiente con la siembra de manglares. Y así, en cada territorio hay demandas puntuales. Guamo y las cercanías del río Cauto fueron el último destino que los convocó a socorrer a los pobladores junto a los medios anfibios de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
Flor habla con total sentido de pertenencia del programa que ha aderezado su vida. A su fuerza a unido familiares y amigos; y sabe que aunque su padre ya no está en este mundo, desde ahí donde lo cuida está orgulloso por la tarea que desempeña desde que era prácticamente un muchacho.
“Verdaderamente me enamoré de esta tarea. Hemos logrado conformar una familia entre los voluntarios. Nos mueve el deber sagrado de ayudar a la gente siempre, cuando más lo necesite y sin esperar nada a cambio”.