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Con guarderías un 29 por ciento más baratas, subsidios para familias con varios hijos y partos prácticamente gratuitos, Beijing busca reducir los gastos familiares, para revertir una crisis demográfica que en 2025 registró una caída poblacional de tres millones 390 mil personas.

Así como China aplicó durante 36 años una estricta política de hijo único, que marcó a generaciones y acompañó su acelerado proceso de desarrollo, en la última década debió desmontar aquel imperativo de Estado para hacer frente a una crisis demográfica, que hoy afecta a gran parte del planeta. En lo que fue un giro de 180 grados, Beijing dispuso una urgente apertura de aquella férrea planificación social, echó mano a todas las recetas conocidas e, incluso, intentó estrategias que despertaron adhesiones, rechazos y alguna que otra burla.

En este escenario, en los primeros días de 2026 se anunció un nuevo programa, que busca elevar los estándares de atención en las 126 mil guarderías y servicios de cuidado infantil, que hoy ofrecen alrededor de seis millones 660 mil plazas en todo el país. Aunque parezca una contradicción, la intención oficial es pasar de que estos lugares existan a que funcionen bien; mientras, en forma paralela, se aplica una reducción del 29 por ciento en los precios por la jornada completa.

Precisamente, esta decisión política de aliviar la economía de las familias es el eje de una serie de medidas, que pretende cambiar el humor social frente a la posibilidad de tener hijos. Se trata de una necesidad con sabor a urgencia, teniendo en cuenta que el índice poblacional chino viene en caída libre por cuarto año consecutivo, según un informe de la Oficina Nacional de Estadística (NBS), difundido esta semana.

“El objetivo es ampliar las opciones de cuidado infantil y establecer un sistema público diverso, seguro y de alta calidad a un precio accesible”, adelantó el presidente del Comité de Educación, Ciencia, Cultura y Salud Pública de la Asamblea Popular Nacional  de China (APN), Luo Shugang, al presentar en diciembre los lineamientos del Proyecto de Ley Sobre Servicios de Cuidado Infantil, una norma sin precedentes en la historia del país, diseñada para fortalecer la protección de los niños menores de 3 años, y mejorar las políticas de apoyo al parto y la crianza.

En esa línea, otra de las medidas que se profundizará este año será la ampliación a nivel nacional del seguro de maternidad, que por ahora garantiza partos prácticamente gratuitos a unas 255 millones de personas de siete regiones provinciales. Según anunció el Gobierno, la meta será fortalecer la cobertura de gastos médicos para las revisiones prenatales y asegurar que los costos básicos del parto estén cubiertos por los programas de seguro en todo el país.

La vicepresidenta de hospital materno-infantil de Jinan, Zhao Chunmei, explicó a la agencia Xinhua que “las mujeres cubiertas por el seguro de maternidad para empleados suelen pagar menos de mil yuanes (unos 141 mil 53 dólares) de su bolsillo, por un parto estándar en el hospital”. “Los costos -agregó- han disminuido drásticamente respecto de los niveles anteriores, lo que alivia la carga financiera de las familias".

china natalidad 2Desde la Administración Nacional de Seguridad Sanitaria destacaron la intención oficial de ampliar la cobertura del seguro de maternidad a los trabajadores informales, los migrantes y las personas con nuevas formas de empleo. Es decir, a los sectores del mercado laboral, que suelen quedar más desprotegidos en algunas políticas sociales.

Un tercer pilar del plan 2026 está constituido por la ampliación de los subsidios para cuidados infantiles que, por ahora, el Estado viene otorgando en nueve provincias y mil 315 regiones de distrito, en sintonía con una de las metas del XV Plan Quinquenal (2026-2030). Concretamente, el Gobierno ofrece a las familias una suma fija anual de poco más de 500 dólares, libres de impuestos, por cada hijo menor de 3 años. La cifra es modesta, pero alcanza a 24 millones de personas, beneficiadas de una reasignación de recursos, que hoy mueve alrededor de 13 mil millones de dólares, según datos del Ministerio de Hacienda.

“En los últimos años, China ha ampliado el apoyo económico a las familias con hijos en múltiples áreas. Además de los subsidios directos, la atención a niños menores de 3 años y la educación infantil se han incluido en las deducciones adicionales del impuesto sobre la renta personal, elevando el estándar de deducción de mil yuanes a dos mil yuanes por niño al mes, explicaron a la agencia Xinhua funcionarios del área económica.

La decisión de Beijing de “fomentar una sociedad favorable a la procreación” también incluyó, recientemente, la extensión a 158 días de las licencias de maternidad, junto con las licencias por paternidad; los premios para las parejas que estuvieran dispuestas a tener dos o tres hijos; y la aplicación de un impuesto del 13 por ciento a los anticonceptivos y preservativos (una polémica medida que generó más memes que nacimientos).

Como todos saben, o intuyen, la magnitud geográfica de China (el país más poblado de mundo, después de India) hace que todos sus números sean abrumadores y las comparaciones, casi una pérdida de tiempo. Solo a partir de esta premisa puede leerse la situación demográfica de una nación que, a pesar de tener 30 millones de niños menores de 3 años -el equivalente a la población total de algunos países– su tasa de natalidad descendió durante siete años consecutivos, con un modesto y aislado repunte en 2024.

El último informe de la Oficina Nacional de Estadística de China, fechado el 19 de enero pasado, es contundente: en 2025 la población total fue de mil 404 millones 890 mil, con una caída interanual de tres millones 390 mil; el número de nacimientos ascendió a siete millones 920 mil con una tasa de natalidad de 5,63 por mil y la cantidad de muertes sumó 11 millones 310 mil, con una tasa de mortalidad de 8,04 por mil. En otras palabras, la tasa de reducción natural de la población china fue del 2,41 por mil y la de nacimientos alcanzó el nivel más bajo desde la fundación de la República Popular.

Los números oficiales no solo confirman el desinterés de la sociedad por tener hijos (los jóvenes prefieren dedicarse a sus carreras profesionales, como ocurre en otros países), sino que también revelan que el envejecimiento de la población se profundizó en 2025 (los mayores de 60 años suman 323 millones, el 23 por ciento de la sociedad, con una esperanza de vida de 79 años).

En ese tablero complejo, Beijing parece haber llegado a una conclusión molesta pero ineludible: ya no alcanza con pedir hijos ni con apelar al deber colectivo. La natalidad dejó de ser una consigna ideológica, para convertirse en una ecuación económica cotidiana, donde cada guardería, cada subsidio y cada parto gratuito pesan tanto como las grandes decisiones de Estado. Después de décadas de regular los nacimientos como política de desarrollo, China ahora ensaya el camino inverso y "le baja el precio" a los chicos. Habrá que ver si es suficiente.