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El presidente Kennedy firmó el inicio del bloqueo 64 años atrás.

Las Tunas.- Era un viernes de invierno en Washington. John F. Kennedy firmó el documento con su emblemática rúbrica, un gesto burocrático entre decenas. La Orden Ejecutiva 3447 no ocupó grandes titulares entonces, pero aquel 3 de febrero de 1962 marcó el inicio oficial de lo que hoy, en 2026, es la guerra económica más prolongada de la era moderna: el bloqueo total de Estados Unidos contra Cuba.

No fue una idea espontánea, sino la ejecución fría de una estrategia. Dos años antes, un memorando interno del Departamento de Estado, redactado por el vicesecretario Lester D. Mallory, lo había planteado sin eufemismos: había que “provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno” mediante “una negativa de dinero y suministros”.

La derrota en Playa Girón (1961) no llevó a replantear, sino a radicalizar. El bloqueo fue la pieza económica clave de la Operación Mangosta, un vasto plan de sabotajes y terrorismo que la Casa Blanca dirigía personalmente.

LA PARADOJA KENNEDY: ¿UN GIRO FRUSTRADO?

La historia pudo ser distinta. Tras la Crisis de los Misiles de octubre de 1962, que llevó al mundo al borde de la guerra nuclear, algunos indicios sugieren que Kennedy comenzaba a cuestionar la lógica del cerco. El 22 de noviembre de 1963, mientras el presidente viajaba a Dallas, el periodista francés Jean Daniel se reunía en La Habana con Fidel Castro, portando un mensaje confidencial de Kennedy que buscaba explorar un deshielo.

El asesinato en Dallas, pocas horas después, cortó cualquier posibilidad. El bloqueo, lejos de desaparecer, se institucionalizó y endureció.

  DE ORDEN EJECUTIVA A LEY DE HIERRO

Lo que Kennedy inició sus sucesores lo blindaron. Trece presidentes -demócratas y republicanos- han mantenido el núcleo de la política. Leyes como la Torricelli (1992) y la Helms-Burton (1996) le dieron carácter extraterritorial, persiguiendo a empresas de terceros países que comercien con Cuba, y convirtiendo una medida bilateral en un obstáculo global.

La orden de 1962 dejó de ser una simple herramienta de política exterior para convertirse en un pilar ideológico, casi inmune a los cambios de administración.

2026: EL BLOQUEO NO ES HISTORIA, ES PRESENTE

Hoy, el bloqueo no es una reliquia de la Guerra Fría. Es una realidad operativa que se actualiza. Los daños acumulados superan los 144 mil millones de dólares, pero la cifra es solo un abstracto. El costo real se mide en vidas:

• En la escasez de medicamentos y equipos médicos.
• En las dificultades para importar alimentos y piezas de repuesto.
• En los obstáculos financieros que ahogan el desarrollo, incluso en sectores en los que Cuba ha mostrado soberanía, como la producción de vacunas propias durante la pandemia.

Es una paradoja calculada: la política ha fracasado en su objetivo declarado de cambiar el sistema político cubano, pero ha tenido un éxito cruel en su objetivo implícito de generar escasez y sufrimiento.

EL VEREDICTO DEL MUNDO: UN RECHAZO UNÁNIME E IGNORADO

Cada año, en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), se repite un ritual elocuente: una votación abrumadora y casi unánime para condenar el bloqueo y exigir su fin. Por 30 ocasiones consecutivas, el mundo ha dicho “basta”. Y cada año, Estados Unidos ignora el veredicto. Esta desconexión entre la política estadounidense y la opinión internacional es, en sí misma, un capítulo más de esta crónica.

          UNA FIRMA QUE AÚN DUELE

La orden del 3 de febrero de 1962 fue más que una firma. Fue la declaración de una guerra económica por otros medios, una apuesta por rendir a un pueblo por hambre y aislamiento. Sesenta y cuatro años después, aquella apuesta persiste, convertida en un anacronismo brutal y obstinado.

Su persistencia no habla de su efectividad política, sino de su arraigo como instrumento de castigo. La historia ya ha emitido su juicio sobre esta política; lo que queda por escribir es la fecha de su último capítulo.