
Las Tunas.- "Cuando llegué a la casa, al mediodía, él no estaba. Había dejado la puerta abierta y se había ido. Llamé a mi hijo, a los muchachos y nadie sabía nada. Lo busqué por el barrio, por toda la avenida de El Tanque y me desesperé… Días antes, en un momento de lucidez, él había llorado y me decía que no quería ser una carga… Yo temí lo peor.
"Esa noche nadie de mi familia durmió. Fuimos a la Policía, al hospital, a las terminales, pensamos, incluso, que había ido para Jobabo, porque cuando jóvenes vivíamos allá. Nadie lo había visto… Gracias a Dios, unos antiguos vecinos lo reconocieron por Vado del Yeso… Llegó descalzo, tembloroso, lleno de churre, orina…".
En ese punto, Julia se quiebra. Pone en movimiento el balance de madera y respira como si la última gota de oxígeno no estuviera a su alcance. Hace cinco años dejó de dar clases de Español para cuidar a su esposo. Ella no pasa de los 60 y él acaba de llegar a las siete décadas.
Mientras hablamos me da la espalda varias veces, me indica con la mano que aguarde y se avergüenza por las voces que salen del cuarto del fondo, insistentemente. "Así es siempre" -me dice, pero se pierde en los umbrales de la habitación para verificar que "el viejo" esté bien.
Me cuenta que su deterioro cognitivo fue abrupto, en meses ya no tenía idea de quién era o dónde vivía, y ahí nació el peligro que no la deja descansar. "Tengo pánico de que se me vaya" -refiere muy bajito. Con la mirada húmeda confiesa que a veces tienen que amarrarlo y "llora, llora mucho".
"Pensamos que era demencia senil, en su familia los hombres se ponían igual. Pero el niño fue quien me dijo que se trataba de alzhéimer. Esto es muy duro, mija, yo me enfermé de los nervios, no logro dormir y estoy en una vigilia constante. Ahora con las secuelas del chikungunya los dolores me tienen molida, pero sé que debo cuidarme porque ese hombre de ahí, que a veces cree que soy su mamá, cuenta conmigo…".
LAS PRIMERAS SOMBRAS CONFUSAS
El doctor Robiel Martínez Salazar, especialista en Neurología y jefe de este servicio en el Hospital General Docente Doctor Ernesto Guevara de la Serna, asegura a 26 que el alzhéimer esparce sus sombras en la población tunera, a tono con una realidad inobjetable: somos una provincia envejecida y con tendencia al incremento de esa población.
"Hay que prepararse para identificar la enfermedad, sobre todo, porque en la primera fase es cuando más podemos ayudar al paciente, darle herramientas para mejorar su estado cognitivo. Es importante venir a consulta pronto -enfatiza el galeno. La familia debe conocer los síntomas que hacen sospechar de su presencia.
"Generalmente empieza a una edad entre los 50 y 55 años. La persona muestra un deterioro cognitivo leve, que es cuando comienza a darse cuenta de que está perdiendo facultades mentales. Reconoce que su estado no es el mismo de hace años atrás".
En el caso de quien realiza actividades intelectuales, por ejemplo, opta por anotar el programa del día porque plantea que si no lo escribe se le olvida. Pasa en general, detalla el experto, con las tareas cotidianas, o sea, ir a la tienda, al parque…; así la persona se da cuenta de que está faltándole algo en su mente.
"Luego la enfermedad avanza, el paciente se pierde; si iba a la bodega no llega a la casa con el producto que fue a buscar. A veces se extravía en la misma cuadra de su hogar, o sea, que va perdiendo esas facultades y él ya no se percata. Esto obedece a un estado de deterioro cognitivo moderado, y así sigue progresando… La severidad es cuando ya no reconoce ni a los propios familiares".
Disponerse lo más temprano posible al criterio médico es la prioridad. "En la consulta de Neurología le hacemos estudios, que llevan, fundamentalmente, uno tomográfico, para descartar causa orgánica, porque puede haber tumoración. Por eso, enfatizo, hay que venir al hospital".
Ya descontados otros diagnósticos, los especialistas del servicio se quedan con el hallazgo tomográfico que en el alzhéimer se caracteriza por una atrofia cerebral marcada, sin otra patología. Después, en las consultas, los doctores ofrecen el camino para hacer más llevadero un proceso que suele ser muy difícil.
"No solamente participa el neurólogo -refiere Martínez Salazar-, también se incluye al psicólogo y al psiquiatra. En estos pacientes, además de la desorientación, hay cambios conductuales, pueden encontrarse en un estado depresivo, de aislamiento, o ponerse agresivos con los propios familiares".
Al evaluar a la población tunera que llega hasta su consulta, confirma el entrevistado de 26 que su preocupación está en el hecho de que arriban en etapas de un deterioro cognitivo moderado, sobre todo, cuando hay comportamientos agresivos, que es cuando en casa, generalmente, arrecia la inquietud.
"La enfermedad en Cuba, una vez establecida, se trata con fármacos. Nosotros tenemos en el hospital una consulta abierta y relacionada con un ensayo clínico que se realiza en este momento. Ya está en la fase 3 y su objetivo es buscar tratamiento para este mal, para detenerlo y que mejoren algunos de los síntomas -puntualiza el especialista.
"Vemos semanalmente a un grupo de pacientes y les damos un medicamento. Comienza con una evaluación inicial del estado cognitivo; tras un período determinado de estar tomando el fármaco, según establece el ensayo clínico, se les vuelve a repetir el mismo test, que es internacional, para ver cómo van mejorando sus capacidades, y ahí vamos evaluando la efectividad.
"Una vez que se apruebe este medicamento, ya entonces se abriría a toda la población. Tenemos mucha esperanza al respecto. Por lo pronto, el problema es que esta enfermedad es degenerativa y autoinmune. Y sí, hay una tendencia hereditaria. Para evitarla, nosotros recomendamos, por ejemplo, el ácido fólico, la vitamina C, el magnesio".
Para el jefe del servicio de Neurología, hoy faltan muchos apoyos que brindar a quienes ve en su consulta y los respaldan en casa.
"Toca integrar más los organismos, a Salud y la parte de Trabajo Social; falta más sensibilidad y colaboración. Vemos un incremento en la población tunera, que está envejecida, y hay que prepararse para un aumento de estas patologías".

RESPALDOS ¿SUFICIENTES?
Miguel González Velázquez, director de Trabajo y Seguridad Social en la provincia, asegura que esta institución tiene entre sus objetos sociales la protección a personas, familias y hogares en situación de vulnerabilidad económica.
"Partiendo de esto, quien padezca dicha enfermedad y otras tantas tiene la posibilidad de acogerse al servicio de asistente social a domicilio, que es poner a una persona que se le paga un salario, con todos los deberes y derechos garantizados, y por un horario laboral entre cuatro y ocho horas" -acota el directivo.
"Sí, se hace complejo encontrar a un asistente social a domicilio para cuidar a alguien con este padecimiento, por la misma situación que genera y la conducta que manifiesta.
"Recientemente fue aprobado un decreto ley que establece que se le puede pagar el servicio de asistente a un familiar, siempre y cuando medie un dictamen de Salud que avale la imposibilidad de que otra persona lo cuide.
"Para no faltar a la verdad, hoy tenemos servicios aprobados de asistente social a domicilio que no se han podido cubrir. Una de las causas fundamentales es la condición de los adultos mayores, y otra es el salario; aunque este se incrementó de dos mil 800 a cuatro mil 700 pesos, sabemos que no es suficiente, que de manera informal se paga mucho más.
"En Las Tunas tenemos alrededor de 293 asistentes sociales a domicilio. Es muy poco, lo reconocemos".
LOS ROSTROS, LAS REALIDADES
Miladis Rondón, de 75 años de edad, se desempeña como asistente social a domicilio hace más de dos décadas. Sin abordar los detalles de la familia que la ha acogido, cuenta que atendía a dos personas, una falleció recientemente y ahora se dedica a los cuidados de una mujer menor que ella.
Llega hasta su segundo hogar cada día bien temprano y se va en las noches. Allí realiza todas las actividades domésticas y refiere que por una cuestión de compromiso, pues su protegida no cuenta con nadie más, ella no tiene feriados, vacaciones ni ningún día libre. Solo el chikungunya la alejó de su frente de acción, pero en menos de una semana ya estaba de vuelta.
Con la honradez a flor de piel, me comenta que el salario no le alcanza para nada y sabe que de manera informal otros cobran por sus servicios hasta 100.00 dólares por mes, pero su palabra empeñada vale mucho y la mujer que nos observa mientras conversamos necesita de su protección.
Miladis está cercana a la jubilación y cuando hablamos del reemplazo duda que la gente joven quiera seguir su ruta, porque "ahora buscan mipymes, negocios, donde se gane y trabaje menos. Esa es la realidad".
…
No es raro leer en las redes sociales que algún adulto mayor con pérdida de la memoria está ausente de su hogar y los familiares lo buscan desesperadamente. Algunos de esos casos tienen desenlaces fatales que llaman la atención sobre un vacío importante de cómo afrontamos padecimientos de la naturaleza del alzhéimer, ¿cuáles son los apoyos institucionales que hoy brindamos?, ¿son suficientes?
Lamentablemente, esta enfermedad degenerativa limita de manera considerable al que la padece, y para sus seres queridos, en los momentos actuales de crisis económica y energética, inestabilidad epidemiológica y más, sobrepone una responsabilidad que no puede radicar solo en sus espaldas, ni limitarse al espacio doméstico.
Ante el envejecimiento poblacional y, por ende, el incremento de patologías invalidantes, urgen protocolos de actuación más certeros, que se parezcan a nuestra realidad, y posibiliten, entre otros elementos, la detección temprana.
Asimismo, a sabiendas del marco económico tan estrecho que ahora mismo nos cerca, y sobre todo por él, es un imperativo que se implementen políticas públicas que ciertamente puedan proteger a las personas enfermas, familiares y cuidadores.