
Las Tunas.- Cuando los deseos son más grandes que las dificultades, no hay imposibles. Si seguir los sueños se impone por encima de todo, los temores pasan a un segundo plano. Aun así, cuesta creer que una pequeña de 11 años comenzara su sexto grado becada, lejos de casa y del calor de sus padres. Pero eso no amilanó a aquella niña que, desde el Palenque del Majibacoa y con la fuerza del indio bravo, tenía clara su meta de convertirse en maestra primaria.
Tuvo una infancia de sacrificio, caminaba unos dos kilómetros para ir a la escuela, pero sus padres le inculcaron el valor de la perseverancia y el amor a la Patria. Hoy Martha Rodríguez Martínez, presidenta del Consejo Electoral Provincial, mira al pasado y entiende que valió la pena todo el esfuerzo.
Madre, profesional, dirigente, mujer…, cada día manifiesta su orgullo de ser cubana y protagonista de estos tiempos. Consiguió su propósito, sí, se convirtió en maestra primaria, pero su voluntad de servir en todas las trincheras la llevó a otros horizontes.
“Pensé en ser maestra primaria y enseñar en una escuelita rural, pero la Revolución me dio la posibilidad de incrementar mis aspiraciones. Mi Servicio Social fue difícil; me tocó ir para ‘Amancio’, en una comunidad que quedaba a más de 20 kilómetros de la cabecera municipal, albergada”, recuerda.

“En 1978 comencé en la escuela Tony Alomá, del municipio de Las Tunas. De ahí guardo bellos recuerdos. Me forjé más aún como docente porque estudiaba y trabajaba a la vez. Fue un esfuerzo grandísimo, pues ya era madre. Hoy me entusiasmo cuando voy a alguna institución a recibir un servicio y encuentro a algún trabajador que me dice: ‘Profe, usted fue mi maestra’”.
Su entrega a la docencia no solo la llevó a asumir la subdirección y luego la dirección de ese plantel, Martha también ejerció como metodóloga de Lengua Española en la Dirección Municipal de Educación. Allí estuvo al frente del Departamento de la Enseñanza Primaria y Especial. Luego fungió como subdirectora atendiendo, además de esas escolaridades, la Prescolar.
En 1997, una convocatoria para la Asamblea Municipal del Poder Popular cambió su rumbo, porque Martha estaba entre las propuestas para ser secretaria de esa instancia. Un reto que enfrentó sin pensarlo dos veces. “Empecé en ese cargo. Fueron casi 17 años en vínculo estrecho con los delegados. Por eso me emociono cuando estos me abrazan y me dicen que nunca me olvidaron”, afirma.
En esos más de tres lustros hubo momentos que marcaron su carrera. Casi dos décadas de entrega a los órganos locales del Poder Popular forman parte de ese baúl de recuerdos que camina con ella. “La oportunidad de tener cada dos años y medio una asamblea constituida nuevamente, seguir con el apoyo de los delegados reelectos y conocer a otros nuevos, visitar una comunidad y nutrirme de sus criterios fueron vivencias que me enriquecieron. Siempre sentí el apoyo incondicional de la población”, sostiene.

Martha tuvo el privilegio de organizar asambleas solemnes, aniversarios de fundación de la ciudad, cada cinco años la constitución de los órganos locales del Poder Popular… Todo lo cual -según refiere- exigía gran cultura del detalle.
“Era la oportunidad de reconocer a personalidades y líderes comunitarios destacados, pero también de conocer y revivir la historia tanto de la ciudad como de la Asamblea Municipal del Poder Popular; eso deja una huella positiva. Incluso, después de estar en el Consejo Electoral, he sido invitada a asambleas solemnes, como la sesión por el aniversario 45. Allí, en la Plaza Martiana, cuando mencionaron mi nombre, todos se pararon y me aplaudieron. Siento que no merezco tal reconocimiento, pero para mí ha sido el mayor que he recibido”.
Su próxima misión vendría de manera inesperada, pero, una vez más, demostró que se sentía útil para lo que hiciera falta. Cuando la presidenta de la Asamblea Provincial (instancia que existía en aquel momento) la citó un día para ver si estaba dispuesta a cumplir una tarea, su respuesta no se hizo esperar.
“Me comunicó que sería la presidenta de la Comisión Temporal, porque aún no se había creado el órgano. Justo en el 2014 comencé como presidenta de la Comisión Electoral. Conocía lo elemental, pero debía capacitarme para dirigir una provincia, pues hasta entonces lo había hecho en un municipio. Organizar y supervisar procesos electorales que van a cada rincón del territorio requería una preparación. Lo primero que hice fue estudiar y escuchar a los de más experiencia. En un momento llegué a preocuparme, pero luego me dije que debía seguir adelante y esforzarme”.
Entre las máximas que guían el trabajo de Martha está la unidad. Desde los ocho municipios y hasta el Consejo Electoral Provincial su esfuerzo ha ido en pos de crear un colectivo cohesionado. Como ella misma plantea, tienen el compromiso de darle vitalidad y perfeccionar su funcionamiento; que se reconozca su misión como órgano del Estado.
“Me ha tocado estar al frente de elecciones municipales y nacionales. También referendos como el de la Constitución de la República y el Código de las Familias, y de este último su consulta popular. En más de 10 años que llevo aquí he tenido que organizar, dirigir y supervisar (excepto el plebiscito) todos los tipos de elecciones.
“A pesar de los resultados, quedan aspectos en los que hay que seguir profundizando. Se ha requerido el apoyo de entidades, cuadros, funcionarios y el pueblo en general, que al final es el protagonista de las acciones que se realizan en nuestro país”.
Detrás de la alta responsabilidad, dialogar con Martha es descubrir a una mujer muy humana. Salir de las aulas a las asambleas municipales del Poder Popular, y de ahí al Consejo Electoral le demostró que el sacrificio trae consigo ese orgullo del deber cumplido. De su labor actual han brotado las mayores enseñanzas.
“Lo que más me emociona es trabajar con el voluntariado, pues somos pocos los que desempeñamos el cargo con una remuneración salarial. No podemos decir que las elecciones las hace el Consejo Electoral Nacional, Provincial y Municipal, las elecciones las hace el pueblo investido de autoridad electoral. Las comisiones de circunscripción y mesas electorales son ocupadas por personas del barrio. Mi función es organizar y dirigir, pero el pueblo tiene una participación fundamental; sin él no podemos lograr éxitos ni cumplir la Ley Electoral”.
Son 25 los años que Martha ha dedicado a la Administración Pública. Trabajar tan cerca de la decisión popular no solo ha sido un privilegio para ella, ha representado, además, una escuela de crecimiento personal. Por eso, habla de valores que no pueden faltar en quienes se desempeñen en ese sector.
“Como cuadros, trabajamos con un Código de Ética, pero también tenemos el Código de Ética de las autoridades electorales y de todo el que participa. No pueden faltar la transparencia, la legalidad y la imparcialidad. Tenemos que respetar esos preceptos y todo lo que caracteriza a un cubano digno. Existe un Decreto Ley que se puede aplicar al que no cumple, pero es preferible prevenir y, sobre todo, me gusta enseñar; no he abandonado la profesión que soñé”.
En todos estos años de dedicación, el apoyo de su familia ha sido incondicional para que Martha lleve a cabo la responsabilidad que le fue encomendada. Más allá de reconocimientos como la Condición de Hijo Ilustre de la Ciudad y los sellos al Mérito Electoral y el Enrique Hart Dávalos, lo que más la gratifica es el cariño del pueblo.
Hoy expresa con orgullo que “la Revolución le dio a esta guajirita del Palenque de Majibacoa la oportunidad de cumplir sus sueños”. Por eso, siente el deber de enaltecer esa frase martiana que dicta: “La mejor forma de decir es hacer”.