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En el Día de Acción contra la Contaminación por Mercurio, 26 profundiza en las consecuencias que ya se están evidenciando a raíz de la proliferación de la minería ilegal en la provincia

Las Tunas.- Lo que comenzó como una actividad económica informal para sobrevivir en algunas localidades del Balcón del Oriente Cubano se ha convertido en un problema de salud pública de magnitudes que comienzan a ser preocupantes.

El doctor Alejandro Mestre Barroso, especialista en Toxicología, alerta sobre el impacto devastador que la minería ilegal de oro está teniendo en la salud de habitantes de nuestra provincia, específicamente en el municipio de Jobabo y las comunidades de La Guásima, Jobabito, en el territorio cabecera.

El mercurio, utilizado indiscriminadamente en el proceso de extracción artesanal de oro, está dejando una estela de enfermedades neurológicas, renales y psiquiátricas que amenaza con triplicar las estadísticas nacionales de morbilidad.

Mestre Barroso explica que el mercurio, un metal pesado, se presenta en tres formas: elemental, orgánico e inorgánico. Mientras que el elemental (como el de los termómetros) no es tóxico para el ser humano, las variantes orgánica e inorgánica son "extremadamente tóxicas". "El principal órgano diana es el sistema nervioso central", advierte el especialista. Las consecuencias van desde complicaciones neurodegenerativas hasta afectaciones cardiovasculares y renales, con secuelas a corto, mediano y largo plazos.

En la minería ilegal de oro que se practica en la región, los trabajadores utilizan una técnica conocida como "asobe" (mercurio elemental) para amalgamar el oro. El proceso es rudimentario, consiste en lavar la tierra, se añade mercurio para atrapar las moléculas de oro y luego se quema la amalgama. Al aplicar calor, el mercurio se evapora, dejando las pepitas de oro.

Sin embargo, esa evaporación transforma el mercurio elemental en inorgánico, altamente tóxico. A esto se suma el mercurio que se desprende durante el lavado de la tierra, el cual cae en lagunas y ríos, donde microorganismos lo degradan y lo convierten en una sustancia aún más letal.

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La primera nota de alarma sobre la explotación ilegal de minería en la provincia se emitió en 2024. Poco después, el Hospital de Jobabo solicitó una interconsulta por un caso de "párkinson raro". Tras examinar al paciente y profundizar en su historial, los médicos descubrieron que era un trabajador de la mina de oro ilegal.

"Nos pareció un párkinson tóxico", señala el doctor. Tras recorrer el terreno los especialistas confirmaron lo extendida que estaría práctica artesanal entre los residentes en esa zona del territorio tunero. Las consecuencias son alarmantes. Jobabo presenta uno de los mayores índices de nefrópatas de la provincia, así como altos índices de pacientes psiquiátricos. El mercurio está relacionado con esquizofrenia, trastornos paranoides, depresivos y polineuropatías.

"Estamos recibiendo jóvenes, de 25 a 30 años, con insuficiencia renal aguda por complicaciones del mercurio", afirma el toxicólogo. "Desde 2024 hemos atendido a más de 25 pacientes. Si estudiamos las estadísticas nacionales, esa cifra las triplica".

Lo más preocupante es el impacto demográfico, los afectados son cada vez más bisoños, con edades entre 18 y 25 años, de ambos sexos. "Podríamos ver esto como una alarma por el incremento de la minería ilegal", advierte.

Lejos de contenerse, esa faena perniciosa se ha expandido. Tras las notas de alerta del 2024, en 2025 se emitieron dos más, y a inicios del 2026, otra. La actividad parece ya no se limitarse a Jobabo, ahora habría explotación en El Cornito, en La Guásima...

"Esto no solo abarca a la población local, sino que vienen personas de otros municipios. No podemos focalizar exactamente la demarcación con mayor incidencia en la explotación, pero los niveles más altos de impacto del fenómeno los tenemos en Jobabo y La Guásima".

UN CONVENIO QUE PUEDE SALVAR

Cuba es signataria del Convenio de Minamata desde 2018, un tratado internacional que busca proteger la salud humana y el medio ambiente de las emisiones de mercurio. El convenio lleva el nombre de la provincia japonesa de Minamata, donde en la década de 1950 una fábrica de plaguicidas contaminó el mar con mercurio, causando malformaciones congénitas y enfermedades neurológicas en la población.


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En Cuba, el Centro de Estudios Ambientales de Cienfuegos es el responsable de atender este tema. Según el doctor Mestre Barroso, se están tomando muestras de lugares afectados para enviarlas allá y determinar los niveles de mercurio.

 

"Una persona que empieza con cualquier síntoma y acude tempranamente al médico puede tener solución. Existen antídotos que, según el cuadro clínico, pueden disminuir los efectos".

Sin embargo, una vez que el daño se vuelve crónico, es muy difícil revertirlo. Por eso, el experto insiste en la necesidad de concientizar a la población y a las autoridades sobre los peligros de la minería ilegal de oro.

"Esto no es solo un problema de Jobabo o de Las Tunas -concluye. Es un problema de salud pública que requiere una respuesta inmediata y coordinada. El mercurio no perdona, y sus víctimas son cada vez más jóvenes".