Imprimir
Visto: 116

taller Ahí es en Ipvce 16

Las Tunas.- El sol caía de lado, violento, golpeando las paredes altas de ese internado donde los muchachos sueñan con números para no tener que soñar con monstruos. En uno de los pasillos principales del Ipvce Luis Urquiza Jorge, se gestaban las charlas sobre temáticas de género, a cargo de la campaña Ahí es! Adolescencias libres de violencias machistas. No traían la parsimonia ni el aire engolado de los que casi siempre vienen a impartir doctrina. Dos jóvenes del proyecto venían con la palabra afinada como un machete, dispuestas a rajar de arriba abajo ese silencio que nos va pudriendo por dentro.

Se pararon frente a los estudiantes y la atmósfera se volvió de pronto diferente cuando sin lecciones masticadas, soltaron la verdad en sus caras: la violencia no siempre es el golpe descarado que fractura un hueso; la violencia más perra es esa que entra sin hacer ruido, la que se disfraza de costumbre, la que se mete en la cama, en el pasillo y en la memoria hasta convencernos de que aguantar es la única forma de existir. 

Lea más: ¡Ahí es!: abrevaderos para crecer (+fotos, videos y audio)

taller Ahí es en Ipvce 4

Con una lucidez directa, las dos talleristas con no más de 18 años empezaron a desgranar la anatomía del encierro voluntario. Hablaron de la celopatía, del novio/a que exige las claves del teléfono como quien reclama las llaves de un calabozo, y de esa trágica confusión de llamar amor al simple deseo de posesión. La narrativa de ambas no buscaba la compasión, era un idioma que olía a calle, a sospecha y a un tipo de libertad rabiosa.

En el auditorio, habitado por chicos entre 15 y 17 años sintieron cómo la frialdad de la tarde se venía abajo cuando junto a las dos facilitadoras desnudaron sin pudor y entre dinámicas la mecánica del chantaje, el chiste machista que se festeja entre risotadas cobardes, la burla que degrada a la muchacha que pasa, el rumor infame que corre por los pasillos como un veneno lento diseñado para aplastar la dignidad del que no se defiende. 

taller Ahí es en Ipvce 18

Ahí no hubo espacio para el disimulo ni para los paños tibios. Salieron a flote los atavismos de una sociedad que le exige a la mujer la resignación de las santas mientras le tolera al hombre la arrogancia del victimario, así como la inclusión de términos que pasan inadvertidos en esta época. Las ponentes fueron implacables al señalar que la obediencia jamás ha sido una virtud, sino el primer síntoma de la derrota, y que ningún afecto merece el sacrificio de la autonomía personal.

El debate se arrojó sin frenos sobre las pantallas de los teléfonos, ese espacio donde el acoso encontró su guarida más ruin. Se habló de la necesidad impetuosa que siente el cubano de piropear a diestra y siniestra, de los diferentes tipos de acoso y de la bajeza de cuestionar el cuerpo ajeno para ganar el aplauso miserable de la jauría. Se determinaron diferentes tipos de violencia, así como se plantearon desde las más comunes hasta esos pequeños sesgos que pocas veces llegan a notarse como un acto de esta índole. Y es que la violencia no se vuelve más leve porque sea reconocida, pero ayuda a vislumbrar los patrones que por tantos años se repiten sin consecuencias.

Le puede interesar: “Ahí es”: Lanzan en Las Tunas campaña por adolescencias libres de violencias machistas

taller Ahí es en Ipvce 15

Aquello dejó de ser un taller para convertirse en un espacio de catarsis. Los adolescentes empezaron a mirarse a los ojos con la turbación del que se descubre en el espejo. Saltaron las confesiones contenidas, el dolor reprimido de quienes fueron víctimas de cierto modo y en determinadas circunstancias y la culpa soterrada de los que entendieron, en ese preciso instante, que habían actuado como cómplices de la cacería.

Se apretó bien la tuerca sobre la cobardía citadina. Mirar hacia un lado cuando la otra persona se está ahogando es una forma de empujarla al fondo. A veces como únicos actos capaces de otorgarnos un poco de decencia en la podredumbre son esos que a simple vista se evitan, el de escuchar a alguien sin juzgarle aun cuando no sabe descifrarse, junto con tener la audacia para encarar al agresor en la esquina o en el aula.

taller Ahí es en Ipvce 13

Antes de que la sesión llegara a su fin, la campaña Ahí es! no dejó a los muchachos flotando en el desamparo. Ofrecieron caminos concretos, redes reales de apoyo y la certeza de que siempre hay una salida cuando se tiene el valor de articular la palabra. No se trataba de repartir consuelos baratos, es entregar armas intelectuales para defender la propia vida.

Cuando el taller concluyó y la muchedumbre comenzó a dispersarse bajo la luz moribunda del atardecer, me quedé pensando en que esas dos muchachas no dejaron tras de sí una simple lección de moral, quizás una grieta incandescente en la conciencia de los que estuvieron allí. Una roncha viva que les recordará siempre que, ante el horror de la violencia, el silencio es la peor de las traiciones. 

Leer más: “Ahí es”, también de la mano de Raíces y Tradiciones (+fotos)

taller Ahí es en Ipvce 10

taller Ahí es en Ipvce 2

taller Ahí es en Ipvce 5

taller Ahí es en Ipvce 11taller Ahí es en Ipvce 8

taller Ahí es en Ipvce 1

taller Ahí es en Ipvce 6