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Maritza

Las Tunas.- La maestra Maritza Vega Peña culmina este año lectivo en la escuela primaria Rafael Martínez, en la ciudad capital, con una satisfacción que apenas cabe en sus palabras. No es para menos. “Este curso ha sido un reto. Acabo de pasar por un tercer grado con el que me quedé embullada, en el próximo período les impartiré el cuarto”, nos dice, con una sonrisa como si nos hablara de sus hijos.

Maritza es maestra jubilada reincorporada, de esas que no conciben la vida lejos del aula. “Estoy muy feliz, no hay cómo dejar a mis estudiantes. Pude haberme quedado en mi casa, tranquila, pero, ¿y los niños? Nada como ellos. Una los extraña, las travesuras, las preguntas y presenciar que van aprendiendo poquito a poquito.

“Es verdad que ha sido un desafío porque estamos pasando por tiempos difíciles, pero a pesar de eso, he guiado a los padres para que marchen a la par mía, no podemos dejarnos caer. Si como maestra me dejo caer, ¿qué les queda a ellos?

“Así fue como salimos adelante. A pesar de las dificultades, todos hemos terminado bien. Los padres están contentos, los pequeños también y yo ni hablar. ¿Sabe qué es lo más lindo? Ver a los alumnos avanzar en sus estudios. Eso no tiene precio.

“Desde ahora los fui preparando para el cambio de atributo. Soy firme, pero hablo con cariño. Ellos saben que los quiero. Por eso mismo les comenté que ‘cuarto es otro nivel, hay que poner más atención, hay que hacer tareas más largas’. Y me miraban con esa carita de ‘sí, profe’”, cuenta entre risas. “No puedo evitarlo. Soy maestra las 24 horas”.

Al despedirse, resume todo en una frase que le sale del alma. “Yo termino feliz este curso y con buenos resultados. Siento que cumplí, y lo mejor de todo es que el año que viene los vuelvo a tener. Eso es lo que me tiene embullada. Insisto, no hay cómo dejarlos”.