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esther cultura las tunas

El sector cultural está repleto de mujeres que, desde funciones diversas, defienden nuestras esencias. Una de ellas es Esther; sirva su entrevista de tributo a todas esas marianas

Las Tunas.- Esta es la historia de una mujer guerrera. La vemos llegar, con su estatura pequeña y un bastón de compañía, sin sospechar quizás cuánta grandeza carga sobre sus hombros. Ella es uno de esos rostros vitales en la Jornada Cucalambeana, encuentros de debate entre talleres literarios y otros eventos; tal vez no el más mediático, pero sí uno que merece la pena reconocerse por su constancia y entrega.

Esther Pérez Carrasco nació con una limitación físico-motora y a los 9 años fue que pudo caminar. Allá, en su natal Jobabo, con ayuda de los hermanos, asistía a la escuela primaria Otto Parellada. “Ellos me llevaban cargada al centro de estudios. Luego empecé a ir con un bastón. Pero mi familia nunca me abandonó frente a la adversidad. Mi mamá, por ejemplo, siempre ha sido inspiración. También agradezco a mis maestros, a quienes debo gran parte de lo que soy”, comenta a 26.

A pesar de las complejidades de esa etapa, la cataloga de “maravillosa”. Así, con la fuerza de voluntad como principal derrotero, se abrió camino por los senderos de la vida. Hoy atesora momentos hermosos como aquellos en los que cuanto bicicletero, carretonero o camionero pasaba en el trayecto hacia su escuela, algo alejada -según aclara-, la recogían, claro, una vez que empezó a andar con pies propios.

Cuenta que fue allí, en su niñez, cuando “conoció” a Martí y se enamoró de su obra. Incluso, declamaba y dramatizaba algunas de sus creaciones. Probablemente, ese fue el cimiento para su posterior inclinación por la carrera de Estudios Socioculturales. “La Secundaria y el Preuniversitario los hice de forma interna, lejos de mi familia, consciente de que debía independizarme, aunque esta siempre iba a estar ahí para mí”, narra.

Aunque le gustaba el Derecho, finalmente pesó más su apego por la cultura y el deseo de trabajar en las comunidades. “Me gusta llegar a la base, comprender los procesos, ver qué puedo aportar en cada caso… En la Universidad todos se llevaban conmigo, porque era muy activa en actividades recreativas y de otra índole”, apunta.

Esther actualmente es jefa de la Cátedra de Literatura en la casa de cultura Tomasa Varona, institución en la que labora hace más una década. “Llegué en el 2011 como adiestrada, luego me asignaron este trabajo y en él permanezco hasta hoy. Solo estuve fuera alrededor de un año, por una lesión, lo que me obligó a asumir una labor más cercana a mi hogar, pues viajo para trabajar desde el Kilómetro 18 y medio, de San Antonio, de Jobabo. En ese tiempo, para evitar los avatares del traslado diario hacia la ciudad cabecera, me desempeñé como profesora de Cultura Política en el preuniversitario conocido como Melanio 1”, afirma.

Además de lo admirable que resulta su esfuerzo diario en pos de la cultura desde el mismo corazón de la “Tomasa Varona”, ella debe -de vez en cuando- visitar comunidades, conversar con instructores de arte y aficionados, entre otras faenas, que resume tan sabiamente con la frase: “Esa es mi razón de ser”.

Consciente del papel del Movimiento de Artistas Aficionados (MAA) para el sector y la sociedad, receptora de su quehacer, alienta a los creadores de ese gremio desde diversos espacios. “Les damos ideas y ellos las reciben alegremente; es una labor hermosa”, resume. Asimismo, Pérez Carrasco cursó una maestría en Desarrollo Cultural Comunitario, lo que le permitió ahondar en la importancia de la comunicación para el personal de su centro de trabajo.

Por otro lado, Esther es una especie de abeja reina para su familia. “Si algún familiar atraviesa una situación y necesita un consejo, o tiene algún proyecto en agenda, siempre viene a mí; eso es algo que me satisface y compromete a ser mejor”, alega.

A pesar de que ha recibido ciertos reconocimientos en su carrera, confiesa que ser útil es lo que la hace realmente feliz. Y así lo resume: “Cuando descubres el MAA, no te le puedes despegar. Nadie se debe cohibir por vivir en situación de discapacidad; podemos desarrollarnos. Mi consejo es que no se amilanen; cada día se puede adquirir saberes y dejar huellas hermosas en tu camino y el de muchos”.