
Las Tunas.- Hay maestras que no todo lo que hacen es enseñar, dan ese amor que muchas veces falta en los hogares. Josefa Fernández Calzado es un claro ejemplo. Con una puntualidad impecable, recibe cada mañana a sus alumnos de décimo grado en la escuela Francisco Muñoz Rubalcava, donde hoy, incluso jubilada, sigue impartiendo su asignatura.
Llegó a este centro por primera vez hace más de dos décadas; calcula que fue alrededor del 2002. "Trabajé primero aquí, después fui para la Universidad, y más tarde regresé", explica muy natural al saber que lleva una larga historia en este lugar. Cuando se jubiló en la Universidad, no pudo mantenerse alejada de las aulas y decidió reincorporarse. "Desde esa etapa estoy aquí", dice, como si la decisión más lógica del mundo hubiera sido volver a su preuniversitario.
¿Y cómo le ha ido en este regreso? "Perfecto", responde rápida, con una seguridad que no necesita adornos. "Además de que me queda relativamente cerca, a mí esta escuela me encanta", el cariño con el que lo dice es admirable. "Estoy trabajando con siete grupos de décimo grado", comenta sin quejarse.
La asignatura que imparte es Literatura y Lengua, aunque en realidad ella misma es una especie de libro abierto. "Tengo más de 40 años de trabajo", aclara, y uno entiende que no lo dice para presumir, sino para contextualizar una vida. Se hizo licenciada en 1981, cuando los estudios tenían otro ritmo y exigencia. "Nosotros nos graduamos de profesor de Secundaria Básica y después hacíamos dos años de licenciatura allá en el pedagógico de la Universidad de Santiago de Cuba".
Su trayectoria ha sido amplia. Laboró muchos años en la antigua escuela Evelio Velázquez (Hortaliza III), después en la escuela de instructores de arte Rita Longa como instructora, más tarde en la universidad como profesora de Literatura Universal, y finalmente este regreso. Pero si algo destaca de su paso por cada centro, es la mirada puesta en las personas. "Aquí lo mejor que posee esta escuela son los trabajadores. Me siento como en casa, me quieren mucho y me cuidan", confiesa.
Cuando se le pregunta por alguna experiencia bonita que quiera compartir, ella no duda en señalar su desempeño con las pruebas de ingreso a la Universidad. "Siempre he tenido 100 por ciento de resultados", afirma. "Yo con los estudiantes soy muy recta en el aula". ¿Muy exigente? "Sí, cómo no", responde sin titubear, como si la pregunta sobrara. "Trabajo todos los días, no falto, siempre cumplo con todo".
Josefa Fernández Calzado es de esas profesoras que no necesitan alzar la voz para que se note su presencia. Basta verla caminar por los alrededores de esta instalación educativa, con la libreta bajo el brazo y su pecho muy erguido, para entender que la Literatura y la Lengua tienen en ella a una guardiana de lujo. Cuatro décadas después, sigue en el aula y parece que no tiene intención de irse.