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Las Tunas.- El padre Pedro Pablo Ladrón de Guevara Cruz, párroco de la parroquial mayor de San Jerónimo de Las Tunas, es tunero desde la cuna misma.

Nació en el hospital que antes era el sitio donde hoy se alza la sede provincial del Registro Civil, se acercó por primera vez a una cabina de Radio en la otrora Circuito, cuando era niño y los enormes cristales del local de la calle Vicente García deslumbraban a los lugareños, y todavía recuerda el cartel enorme de la esquina que ahora es del Fondo Cubano de Bienes Culturales y decía Victoria de las Tunas.

Para él, entonces, la parroquia de San Jerónimo es especialmente entrañable; y no solo la conoce, sino que está convencido de cuánto significa para quienes habitamos y hemos crecido en este Balcón; y todo, más allá de la fe.

 

“No podemos hablar de Las Tunas sin la presencia de este templo, el primero de cristianos católicos que tuvo la ciudad. Un sitio que guarda un gran patrimonio espiritual e histórico. Aquí fueron bautizados Vicente García y sus hijos, está su matrimonio, también documentos de familiares de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé), de Julián Santana y otras personalidades de la independencia y de la cultura tunera”.

iglesiametunas1El padre asegura que está satisfecho con los trabajos de reconstrucción, reanudados hace poco más de un año, porque -afirma- “no se han detenido en medio de la realidad de estrechez que estamos viviendo.

“La iglesia en sus inicios tenía tres naves; los atrios que están al lado de ellas, todo eso era templo; pero la ciudad fue quemada varias veces, y eso provocó múltiples transformaciones.

“Realmente se ha notado en estos años en los que no hemos contado con el templo parroquial (cerró sus puertas en septiembre del 2018) la gran connotación que tiene, no solo desde lo espiritual”.

Explicó que los trabajos que se ejecutan conservarán determinados elementos patrimoniales como el campanario y los muros, aunque con otra concepción. También acotó que, a partir de ahora, el mayor espacio será destinado al templo en sí; se elimina la casa, pero quedarán ahí la oficina del archivo parroquial y la sacristía”.

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No comparte una fecha probable de culminación de las labores por más que le demos vuelta a la pregunta; prefiere insistir en su rol como velador del proceso, ratificar el respeto que siente por los trabajos y la gratitud ante quienes se acercan a preguntar o compartir algún punto de vista.

Claro, como buen tunero, sí luce su complacencia porque este complejo entramado sigue su cauce y se va materializando; uno más de entre los tantos desvelos para que Las Tunas luzca, pletórica y fiel, en cada uno de sus espacios esenciales. 

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