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racismo pensando americasLas Tunas.- La doctora en Ciencias Saraís Díaz Pérez, profesora de Filosofía de la Universidad de Las Tunas, tiene muy clara que la educación es clave para superar brechas acumuladas en asuntos de racismo.

Y también tiene despejados muchos otros elementos: “Las personas no lo ven porque se volvió cotidiano el racismo; se ha vestido de común y parece que no daña, que no es discriminatorio”.

Conversamos en el amplio pasillo central del campus Pepito Tey de la casa de altos estudios y, por supuesto, la investigación que le valió el título de doctora en Ciencias estuvo entre los platos fuertes de ese rato de la mañana.

“El tema del trabajo es La racialidad en la formación sociohumanista del Comunicador Social. En las universidades nos centramos en la formación de habilidades científicas, tecnológicas y también en la formación sociohumanista, definida así desde el modelo formativo de la educación cubana.

“Se trata, por tanto, de formar un sujeto con habilidades para la transformación social, de valores, de problemáticas perentorias de la sociedad cubana actual y del mundo en general.

“Aporta la tesis una concepción pedagógica novedosa de cómo incluir la racialidad desde los contenidos de la cultura en la formación de un comunicador social; y trata de reconfigurar los significados y sentidos de ese profesional respecto a la racialidad.

“Hablamos de un sujeto que es el rostro de la sociedad, da la cara ante problemáticas políticas, económicas, sociales; sin embargo, este tema de la racialidad ha quedado en el análisis del discurso resumido a que 'no hay razas'. 

“Se trata, por tanto, de reconfigurar en el comunicador social los significados y sentidos atribuidos al color de la piel. Hacerlo desde una nueva cultura de la racialidad que va más allá de decir que la raza no existe; va a atender esas brechas para educar y transformar; comunicar esa cultura histórica asociada al color de la piel (que va más allá del tambor, y yo insisto que tiene que ver con la educación, con los saberes ancestrales); y de eso se trata”.

Explica todo eso con sumo deleite, y dice más. “En el contexto que hoy tiene en la sociedad cubana, el valor que hemos atribuido a la Comunicación Social como eje estratégico en el Programa de Gobierno, a lo que se suma una Ley de Comunicación que valida la diversidad de formas y maneras de comunicar y que, por tanto, tiene un peso importante en la transformación de todas esas problemáticas sociales. Tenemos que aspirar también a la justicia racial”.

Habla de conceptos claves que algunos desdibujan: raza, racismo, racialidad, racialización, acción afirmativa, inequidades, racialidad y muchas otras cosas. Entre ellas, algunas asociadas a sus más íntimas reflexiones; como el hecho de que utilicemos el término afrodescendientes y no sea asumido el de afrocubano, por ejemplo.

La experta abunda, al responder su propia pregunta. “¿Cómo voy a educar la racialidad, si no existen las razas?

“Los siglos XIX y XX modificaron las concepciones respecto a que existían razas humanas, hubo un cambio significativo. Hay que defender que las razas humanas son un concepto construido, una construcción sociocultural, que varía a partir de contextos y de culturas.

“Sin embargo, no hay razas, pero hay racismo; y, además, sobre la base del concepto de razas que dominó el pensamiento científico y social, se construyeron identidades, diferencias importantes, significados y sentidos asociados al color de la piel.

“La educación familiar es algo que necesita ser reevaluado para poder educar desde esos valores ancestrales, con la visión diferente, pero arraigada, que nos define. No hay razas, pero esas diferencias raciales acumuladas históricamente han acumulado brechas de equidad en familias y personas a partir del color de la piel en toda la nación”.

Insiste en el valor enorme del todavía joven programa Color Cubano y destaca que necesita ser conocido para entender qué articula, cuáles son sus microprogramas, cuál es su esencia. “¿Cómo voy a hacer una comunicación que no discrimine si no lo conozco?”.

A su juicio, en el contexto tunero, este proceso de educación y apoyo al programa necesita de sinergias, de articulación. “Por eso es necesario que la Fundación Aponte, los medios de difusión, la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), las instancias de Gobierno y la dirección política del territorio se unan; pero no como consigna, sino para la acción, para concretar los estudios científicos y tecnológicos que se logran desde la Academia y articularlos en la práctica de la transformación social.

“El programa tiene que salir del marco de lo que voy a divulgar; es necesario que se concrete para transformar las comunidades, superar brechas acumuladas. 

“Es importante que se conozca que existen estigmas y estereotipos que ponen una alerta porque el racismo se metamorfosea, muta, hay diferentes formas de manifestarse; y una de las más explícitas en la sociedad tunera es el cultural; existen estructuras desde las cuales se discriminan. 

“No son cuestiones subjetivas, están elementos estructurales que también tienen que ser transformados; por ejemplo, el acceso a la Educación Superior de los negros y mestizos. Hay estudios pendientes sobre estos temas, que ya se están haciendo en Cuba”.