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Las Tunas.- No han sido muchas las visitas de Raúl Castro a Las Tunas, pero de cada una de ellas algún lugareño atesora recuerdos que han marcado su vida.

Entre esos agradecidos está Ramón Batista, quien lideraba los destinos del museo Vicente García aquel julio de 1985, en que quedó inaugurado el palacio provincial de pioneros José Martí, de la mano del joven Raúl, que estuvo todo el tiempo sonriendo, rodeado de niños.ramon batista

“Yo estuve ahí desde muchos días antes de la inauguración porque me habían dado la tarea de crear una pequeña sala de historia local en el edificio central del palacio.

“Fue todo muy emocionante porque ese día, además de dejar abierto y en funcionamiento un sitio bello, con espacios muy bien definidos y llenos de confort, también quedó develada una hermosa escultura del creador tunero Rogelio Ricardo, dedicada a José Martí.

“Recuerdo que, por esas cosas que tiene la vida, en el momento de la develación, la sábana enorme que cubría la obra se trabó y yo, que estaba mirando con detenimiento aquella escena, aproveché para poner a tiro una camarita fotográfica que había traído de mis tiempos de estudios en la entonces Unión Soviética.

“Cuando por fin la tela comenzó a descender, hice varias fotografías del momento que develé después y aún conservo una secuencia como de video, algo muy difícil de lograr en aquellos años en los que no había la tecnología con la que se cuenta hoy”.

Ramón asegura que la obra merece ser tenida en cuenta ante cada homenaje y lamenta que no goce de mayor difusión su historia, y también el hecho de haber nacido de manos creadoras de Las Tunas, con el peso místico de lo que es enteramente nuestro.

Pero no fue lo único hermoso que tuvo para él aquella jornada feliz. “Como parte del recorrido, ya venía Raúl bajando la escalinata, siempre rodeado de niños, y yo, que soy historiador de formación, estaba allí con mi camarita y le dije: “General, un momento”, y le hice una foto.

“Ahora lo cuento muy fácil, pero, en aquel instante, una persona de su cuerpo de seguridad trató de detenerme y otro me hizo un gesto como de que siguiera, y por ese me llevé.

“Guardo la imagen como uno de los momentos que me son memorables, porque él casi que se puede decir que posó para la foto. Se detuvo y sonrió, estaba acompañado por dos niñas en aquel momento”.

Para Ramón aquella fecha ha quedado atesorada como un regalo de vida y, mirando un poco en el tiempo, dice que verle allí, rodeado de niños, le hizo sentir que era uno más entre ellos, con el corazón marcado por la ternura y el tino de quien nunca ha dejado de soñar.