
Las Tunas.- “Siempre fui muy alegre; esa es una de mis características. Para mí los amigos son esenciales, la familia, ayudar a las personas”. Así comienza el diálogo Lesvia Sicilia Borrego, más conocida por Beby. Y lo cierto es que no se equivoca, porque es precisamente esa alegría y empatía por los demás lo que la hace especial.
Conversar con ella es descubrir a una mujer aguerrida y valiente, pero también muy servicial y de un corazón enorme, que siempre está dispuesta a ayudar y orgullosa de su familia. Se desempeña en el sector de la Salud como licenciada en Atención Estomatológica, pero también es una comerciante emprendedora y con una afición muy peculiar: coleccionar abanicos.
Su rostro es habitual en el Centro Provincial de Medicina Deportiva, pero la formación como profesional requirió un gran esfuerzo. Por aquel tiempo ya tenía a su pequeño y el sacrificio fue doble, pero ahí estuvo el apoyo de la familia y una madre que, mientras vivió, nunca dudó en ayudarla.
Reconoce que al principio le resultó difícil adaptarse al ambiente de la Estomatología: el olor característico de esos locales, los sonidos, los instrumentales y procederes quirúrgicos que allí se realizan…; pero, poco a poco, se fue enamorando de esa profesión tan importante.
“Me gusta estar al lado del estomatólogo, porque existe un binomio estomatólogo-técnico; y entonces es ahí donde se complementa la labor tan linda que realizamos”, pondera. Lo más curioso es que Beby nunca fue amante de los deportes, pero llegar a este centro le permitió aprender mucho y ya lleva 13 calendarios allí.
Junto a la doctora Yaité, ambas han creado un dúo muy bonito y un ambiente laboral acogedor. No obstante, el mayor orgullo es cuando alguno de sus pacientes alcanza una medalla. “Porque nosotros también ayudamos a prepararlos. Es algo bien gratificante”, confiesa.
Sin embargo, otra labor ocupa su tiempo libre: la venta de garaje. Cuando decidió asumir el trabajo por cuenta propia, entendió que en primer lugar necesitaba atraer clientes. Su hijo le recomendó buscar un nombre “que sea un gancho, que pegue”, y ahí surgió Beby La Bonita.
Con frases como: “Puedes mirar, preguntar y comprar sin temor a fracasar” y “Este es el garaje de Beby La Bonita, donde todo es bueno, bonito y barato”, admite que ha ganado clientes y amigos que a menudo pasan por allí. Por eso, dice satisfecha que “todo el mundo va, da una vueltica y compra”.
UNA CARRERA INTERMINABLE Y UNA COLECCIÓN CURIOSA
Su hijo, el joven cantautor Jesús Ricardo Pérez Sicilia (Jesusín), ha marcado su vida de una forma mágica. De pequeño era un niño enfermizo y pasó muchas situaciones con él, pero hoy vive orgullosa del hombre en el que se ha convertido. Escogió el camino de la música y, al igual que su madre en el pasado, Beby lo apoya en todo.
“Es la profesión de la que nunca me podré graduar: ser una excelente madre. Ese título no creo tenerlo porque siempre quiero mejorar más y más la vida de mi hijo, en la medida de lo posible. Adoro compartir con él, con sus amigos, y ayudarlo en todo lo que puedo. Me quiere mucho y lo demuestra a diario. Es un gran hijo, una buena persona. Y lo mejor, me ha regalado una nieta maravillosa”, dice emocionada.
Y quienes la conocen saben que a Beby la caracteriza una pasión muy particular por los abanicos. Decidió coleccionarlos y actualmente ostenta una cantidad admirable; nada más y nada menos que 63. Una pintoresca colección en la que cada ejemplar representa algo especial y guarda su propia historia.
“Cada uno tiene una característica diferente, pero todos son especiales para mí. Desde el más pequeño, de aproximadamente 10 centímetros, hasta los grandes pericones. Unos los he comprado, otros son regalados… Varios amigos han viajado y me los traen, porque los ven y dicen que se parecen a mí. Mi variedad de abanicos es enorme, desde formas, texturas y colores diferentes”, cuenta orgullosa.
Y así es, unos están dedicados, otros llevan grabado su nombre, mas a todos los adora. Pero Beby también adora que los que lleguen a su casa, a la venta de garaje, a la consulta o a su vida se sientan bien atendidos. “No con excesos, sino con cosas sencillas, como un buen café o un dulce, que hago muchos”.
Es de las que disfruta compartir un buen chiste y escuchar música bajito para no molestar a nadie (ojalá todos pensaran así). Amante de las peñas de la Década Prodigiosa y, claro, las de Jesusín. Allá va y se divierte; “eso para mí es ley”, sostiene.
También es de las que reconoce que solo el hecho de levantarse cada día es razón más que suficiente para vivir. Y justamente entre esas razones está su compañero y cómplice fiel. Para ella, su esposo es una de las personas “necesarias de mi vida, cariñoso y siempre pendiente a todo lo mío”.
Beby se considera una tunera por excelencia, adicta a ese “olor de Las Tunas”. Siempre que viaja a otra provincia enseguida sufre la añoranza que muchos hemos sentido cuando nos alejamos de este trozo de tierra. Una mujer isla que, además de contribuir a la atención estomatológica, anda por el mundo tras las buenas prácticas.