
La doctora en Ciencias Médicas Yordania Velázquez Ávila advierte sobre los peligros de la temporada estival y brinda las claves para disfrutar sin dañar el órgano más extenso del cuerpo
Las Tunas.- El verano en Las Tunas no es solo una estación: es un estallido de vida. El sol castiga sin piedad desde temprano, la humedad se pega a la piel como un segundo manto y los tuneros se lanzan en masa a playas, ríos y piscinas en busca de la bocanada de aire fresco que solo la temporada alta puede ofrecer. Pero detrás de ese frenesí de días largos, noches de brisa y encuentros comunitarios, hay un espectador silencioso que suele pagar las consecuencias: la piel.
Para hablar de este tema, 26 conversó -en un diálogo fluido y sin formalismos- con la doctora en Ciencias Médicas Yordania Velázquez Ávila, especialista de Segundo Grado en Dermatología, profesora titular e investigadora auxiliar, quien desde su consulta en la provincia observa cada año cómo el sol, el cloro y el salitre desatan estragos entre la población. “La combinación de altas temperaturas, humedad persistente, radiación solar extrema y exposición a ambientes acuáticos convierte esta época en el escenario perfecto para que broten diversas enfermedades dermatológicas”, sentencia la especialista.

EL SOL: PLACER INMEDIATO, DAÑO A LARGO PLAZO
Si hay una afección reina del verano, esa es la quemadura solar. La doctora Velázquez Ávila no se anda con rodeos: no se trata solo de la molestia pasajera del enrojecimiento, el dolor y la molesta descamación. En los casos más severos, las ampollas y el daño profundo de la dermis son una puerta abierta a secuelas mucho más graves. “La exposición repetida sin protección no solo acelera el fotoenvejecimiento -con arrugas prematuras y manchas difíciles de borrar-, sino que incrementa de forma alarmante el riesgo de lesiones premalignas y cáncer de piel”, explica la también investigadora auxiliar.
Su advertencia cobra especial fuerza en un país de alta radiación ultravioleta como Cuba. “La piel tiene memoria celular -insiste. Cada quemadura solar, sobre todo en la infancia, deja una huella en el ADN que puede despertar décadas después”. Por eso, su receta es clara y rigurosa: protector solar con FPS 30 o superior, aplicado media hora antes de la exposición y reaplicado cada dos horas; evitar el sol entre las 10:00 de la mañana y las 4:00 de la tarde; y optar por ropa protectora de colores oscuros, sombreros de ala ancha y gafas con filtro UV.
HONGOS: EL CALOR COMO CALDO DE CULTIVO
Pero el sol no es el único enemigo. El calor y la humedad crean un microclima perfecto para los hongos. La pitiriasis versicolor -esa conocida como whity- aparece con manchas hipopigmentadas o hiperpigmentadas en el tronco; la epidermofitosis (el famoso pie de atleta) se manifiesta con lesiones vesiculares y maceración entre los dedos; y la candidiasis, más agresiva en personas obesas o con diabetes, presenta ese característico macerado blanco lechoso en los pliegues.
“La clave está en la sequedad -subraya la profesora titular. Tras cada baño hay que secar bien la piel, especialmente los pliegues y los espacios interdigitales. No permanecer con ropa húmeda, usar calzado ventilado y sandalias en duchas públicas, y mantener una higiene personal rigurosa son medidas sencillas, pero de altísimo impacto”.

LOS RIESGOS DEL AGUA RECREATIVA
Las piscinas, tan tentadoras en el calor, esconden otro peligro: la dermatitis de contacto. El cloro y otros productos químicos pueden irritar la piel o desencadenar reacciones alérgicas que se traducen en enrojecimiento, picazón y descamación. Pero hay un riesgo aún más subestimado: la foliculitis asociada a piscinas mal mantenidas, donde prolifera el estafilococo o la Pseudomonas aeruginosa. Esta infección se presenta con pequeñas pústulas dolorosas en las zonas cubiertas por el traje de baño.
“No se trata de renunciar al baño -aclara la doctora Velázquez-, sino de enjuagar la piel con agua dulce inmediatamente después de salir del agua, usar productos hipoalergénicos, no compartir toallas y, sobre todo, evitar piscinas que no tengan un mantenimiento adecuado de sus niveles de cloro”.
SARPULLIDOS, PICADURAS...
La miliaria, conocida popularmente como sarpullido, es otro clásico de estos meses. Frecuente en niños y en adultos que sudan en exceso, se produce por la obstrucción de las glándulas sudoríparas. La recomendación es directa: ropa ligera y transpirable, ambientes ventilados y evitar la sudoración excesiva en los más pequeños.
Tampoco pueden olvidarse las picaduras de insectos y medusas, propias de nuestras playas y zonas rurales, que pueden provocar desde reacciones leves hasta cuadros alérgicos intensos. La doctora aconseja el uso de repelentes, evitar aguas con presencia de medusas y acudir al médico ante cualquier reacción severa.
UN ENFOQUE INTEGRAL: ALIMENTACIÓN, HIDRATACIÓN Y PREVENCIÓN
Para la especialista tunera, proteger la piel va más allá de la crema solar. “La hidratación constante, bebiendo agua a lo largo del día, mantiene la piel fresca y favorece su función de barrera. Y la alimentación tiene un papel protagónico: frutas tropicales como el mango, la guayaba, la papaya y el platanito, ricas en antioxidantes, ayudan a combatir el daño oxidativo celular”.
Su llamado de atención más sentido es para la población infantil: “Nunca exponer a los niños al sol directo sin protección. Y los menores de 1 año no deben exponerse al sol en ningún horario: su piel es inmadura, extremadamente fina y el daño que reciben es irreversible”.