
Las Tunas.- Es como si, aproximadamente, todos los habitantes de Jobabo y Puerto Padre hubieran desaparecido. Ese es el tamaño de la pérdida de los residentes en esta provincia del oriente cubano en los últimos ocho años, desde que alcanzó su “techo histórico” de población, con 537 mil 221 personas en el año 2016.
Así de demoledores son los datos contenidos en el informe Indicadores demográficos de Cuba y sus territorios 2025, de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), dado a conocer hace poco, que confirma en cifras una realidad durísima: Las Tunas, con una población efectiva al cierre del 2025 de 463 mil 112 habitantes, habría entrado en una fase de decrecimiento poblacional acelerado, cuyo final no se vislumbra. Un desplome que, además, borró en ocho años todo el aumento acumulado durante tres décadas y media.
El fenómeno no es nuevo, pero sí se agudizó de manera alarmante en el último trienio. De 2022 a 2025 la provincia perdió más de 65 mil pobladores. Para dimensionar la magnitud de la caída: la cifra es equivalente a “borrar del mapa” a todos los que, a inicio del actual calendario, vivían en el municipio de Colombia y en buena parte de Manatí, o a vaciar casi por completo a “Amancio” y Majibacoa juntos.
EL ESPEJISMO DE LOS NÚMEROS
A primera vista, el Balcón del Oriente Cubano parece resistir mejor que otras zonas procesos demográficos de alcance nacional. Su tasa de decrecimiento es inferior al promedio cubano; y entre las provincias de similar tamaño, según el total de residentes: Ciego de Ávila, Sancti Spíritus y Cienfuegos, es la que menos habitantes pierde en términos relativos.
Pero ese dato aparentemente alentador constituye un espejismo. La explicación es sencilla y profundamente preocupante: los jóvenes se están yendo. Al emigrar la población en edad reproductiva, el porcentaje de adultos mayores no crece tan rápido como en otras demarcaciones parecidas, pero eso no significa que la dinámica poblacional sea más saludable.
Es como si un enfermo bajara de peso no por una dieta equilibrada, sino porque le amputan una pierna. La provincia parece “mejorar” sus indicadores de envejecimiento a costa de perder a sus residentes más bisoños, un alivio temporal que esconde un problema estructural gravísimo.
NATALIDAD Y MORTALIDAD: HERIDA NO TAN ABIERTA
El informe revela que la tasa de natalidad tunera (7,1 por cada mil habitantes) se alinea con la media del Archipiélago cubano. En comparación con sus mencionados similares, Cienfuegos o Sancti Spíritus, tiene más nacimientos.
También registra la tasa de mortalidad más baja del grupo (12,7 frente a 14,2 a nivel nacional), lo que le otorga un crecimiento natural catalogable como el menos negativo entre las provincias de su entorno. La combinación de la natalidad estable y la mortalidad baja es, sin dudas, una fortaleza que debe preservarse.
Sin embargo, eso no esconde el hecho de que la tierra de Vicente García vea reducirse su población, no tanto porque sus habitantes mueran más de lo debido, sino porque se van. El saldo migratorio, aunque es el “mejor” del grupo de zonas comparables, sigue siendo la principal causa de la pérdida poblacional.
Si se hace el ejercicio de desagregar dicha caída, por ejemplo, en 2023 y 2024 el resultado es aplastante: aproximadamente 12 mil de esas personas emigraron. El resto, unas dos mil 600, respondería al exceso de defunciones sobre nacimientos. La migración es, por tanto, cuatro veces más importante que el crecimiento natural en la pérdida de habitantes.
SALUD INFANTIL Y MUNICIPIOS: EL ROSTRO DE LA DIFERENCIA
Si hay un indicador que enciende todas las alarmas y debería convocar a una reflexión inmediata, ese es la mortalidad infantil. Con 8,7 muertes de menores de 1 año por cada mil nacidos vivos, Las Tunas se sitúa por debajo de la media nacional (9,9), pero duplica los excelentes registros de Sancti Spíritus y Cienfuegos.
No es un problema menor, pues la emigración es un lastre que nuestro territorio comparte con todo el país; mas, tener una mortalidad infantil tan elevada en comparación con provincias de características semejantes es una deuda que conduciría a otros análisis.
Paralelamente, las disparidades dentro de los lindes provinciales son claras. Mientras la capital y el municipio de Majibacoa presentan cifras que harían palidecer a muchos países desarrollados, un recién nacido en “Jesús Menéndez”, de acuerdo con los guarismos de la ONEI, tiene casi siete veces más probabilidades de morir antes de cumplir su primer año de vida que uno en la ciudad de Las Tunas.
En medio de este panorama emerge un caso que desafía todas las tendencias y debería ser objeto de estudio. Majibacoa, el municipio tunero más rural, es también el que mejor comportamiento demográfico exhibe. Su mortalidad infantil lo coloca entre los abanderados del país; su saldo migratorio, aunque negativo, resulta el menos dramático aquí y su crecimiento natural es el más favorable.
¿Qué está haciendo diferente Majibacoa? ¿Qué realidades no se han estudiado? ¿Pesará su cercanía relativa a los centros de servicios de la capital provincial? Esas preguntas podrían incluirse en el debate local sobre las políticas públicas.
Por su parte, Jesús Menéndez es un municipio que concentra lo peor de todos los indicadores. Su mortalidad infantil es la más alta aquí; al tiempo que su crecimiento natural y el saldo migratorio lucen severamente negativos.
“Colombia” presenta una contradicción, que descoloca a cualquier analista. Con sus datos de mortalidad infantil queda a la altura de los territorios destacados del país y muy por encima de municipios comparables como Abreus (Cienfuegos) o Esmeralda (Camagüey). Sin embargo, su saldo migratorio negativo sugiere que el problema no estaría vinculado a la salud, sino a la falta de oportunidades económicas y de empleo.
En Manatí, la emigración relativa es la más alta de la provincia; asimismo, se nota comparativamente elevada la mortalidad infantil. Frente a Abreus, con una población parecida, sale perdiendo en todos los frentes.
Jobabo y “Amancio”, con números de habitantes casi idénticos a Jatibonico (Sancti Spíritus), presentan tasas de mortalidad infantil superiores. Las demarcaciones nuestras tienen índices entre 2,5 y tres veces mayor que la espirituana. Es un diferencial brutalmente negativo, en cuyas causas convendría hurgar.
LA HIPOTECA DEL FUTURO
El dato más inquietante del informe no es el presente, sino lo que anuncia para los próximos años. Los que emigran ahora son mayoritariamente jóvenes y mujeres. Las Tunas tiene una razón de sexo de mil nueve hombres por cada millar de mujeres, un dato atípico en un país donde ellas viven más años y, por tanto, su presencia en poblaciones envejecidas siempre es mayor.
Esa paradoja indica que la emigración femenina supera la masculina, un patrón que se aleja de lo habitual en Cuba. La fuga de tuneras en edad fértil resulta especialmente perjudicial, porque son ellas quienes determinan en mayor medida la tasa de natalidad. En 10 o 15 años eso se traducirá en la caída de nacimientos y en un envejecimiento acelerado.
Si se mantiene el ritmo de pérdida de población actual aquí, el Balcón de Oriente podría caer por debajo de los 400 mil habitantes antes del 2030. Retrocedería entonces a niveles de finales de la década de 1970. Un salto atrás de medio siglo, en apenas una generación. No es una predicción apocalíptica; es una simple proyección matemática que debería mover a la reflexión a todos los actores sociales, económicos y políticos de la provincia.
LA ESTRUCTURA POR EDADES: EL ICEBERG SUMERGIDO
Más allá de los números gruesos, el informe permite vislumbrar la estructura por edades de la población tunera. Aunque el documento no desglosa las pirámides poblacionales por municipio, la combinación de baja mortalidad general, natalidad estable y alta emigración juvenil dibuja un perfil claro: una población que envejece desde la base, porque los jóvenes que deberían sostenerla se van, y desde la cúspide, porque las personas mayores viven cada vez más años.
Esa doble presión convertirá a la comarca de los Leñadores del béisbol cubano, a mediano plazo, en una provincia con una relación de dependencia demográfica muy alta: pocos adultos en edad laboral para sostener a muchos niños o niñas; y numerosos ancianos. El impacto en el sistema de Salud, los servicios sociales y la economía provincial será profundo y, de no afrontarse como es debido, irreversible.
Atenidos a estos datos, la cuestión de Las Tunas no sería solo la emigración en sí misma, que es un fenómeno general en Cuba, sino la mala distribución de la salud infantil y, por extensión, de las oportunidades. Esas diferencias reflejan que el desarrollo no llega por igual a todos los tuneros. Y esa desigualdad, a su vez, alimenta la emigración.
El informe de la ONEI hizo una fotografía del presente y un aviso del futuro. Las Tunas no es la provincia que más rápido envejece ni la que peor ritmo de decrecimiento tiene en Cuba. Pero esa aparente ventaja constituye el resultado de una “hemorragia” silenciosa: la partida sistemática de su población joven. El envejecimiento no es su peor enemigo; lo es que no se queden quienes mañana podrían ser padres y madres.