
Las Tunas.- Era la mañana del 7 de junio de 1965. En el batey del central Antonio Guiteras, en Delicias, miles de trabajadores y pueblo en general se concentraban desde horas tempranas, mucho antes de que asomaran las primeras luces del día. Todos se habían convocado tras la anunciada visita de Fidel Castro. El Líder de la Revolución, admirado por niños, jóvenes y adultos, llegaría en esa fecha a Puerto Padre durante su primera visita a la actual provincia de Las Tunas. Los puertopadrenses aguardaban impacientes, deseosos de conocer, aunque fuera de lejos, al hombre que devolvió a los cubanos la esperanza.
Ese lunes se convertiría en día histórico para esta tierra. El Comandante en Jefe venía para coser, con sus propias manos, el saco de azúcar que correspondía al número 52 millones 173 mil 816, cifra con la que Cuba alcanzaba el sexto millón de toneladas métricas. Allí, rodeado de trabajadores, anunció que en venideras contiendas el país llegaría a los 10 millones.

Poco después, según recoge la investigación "Fidel en Las Tunas. Tuneros con Fidel", de los autores Abel Julio Sastre Matos, Plácido Cruz Infante y Omar Villafruela Infante, se dirigió a la tribuna levantada en el batey Delicias, donde le esperaba gente del pueblo.
1969-1970: La zafra de los diez millones y machete en mano
El 14 de julio de 1969 regresó para presidir el acto de inicio de la zafra de los 10 millones. Además de los obreros del ingenio, entre los que se encontraban unos 10 mil macheteros, la ceremonia de apertura trascendió por la participación popular y la convocatoria del luchador de verde olivo a colaborar con la contienda azucarera.
Ese llamado lo patentizó con el ejemplo personal, al dirigirse hacia la zona de San Ramón, donde participó hasta el día 16 en los cortes de caña en la granja Paco Cabrera.
Al año siguiente, el 31 de mayo de 1970, Fidel sorprendió a todos apareciendo en la sede de la Policía Nacional Revolucionaria del municipio. Allí sostuvo un diálogo franco con el combatiente Lázaro González Peña sobre el delito, la productividad y la disciplina social. No era un jefe lejano; era un hombre que quería conocer hasta el último detalle de la vida.

1978-1988: Obras que trascienden el azúcar
El 20 de enero de 1978, la presencia del Comandante se concretó con la inauguración en cayo Juan Claro de la Terminal de Azúcar a Granel en puerto Carúpano, una instalación moderna que acortaba distancias y agilizaba las exportaciones.
Antes del acto oficial, recorrió cada rincón del enclave, y en un gesto simbólico, vació personalmente el último saco cargado a mano en la tolva receptora. Luego pasó por el ingenio Antonio Guiteras para constatar el montaje del subsistema que enviaría el dulce grano hasta el puerto.
Esa noche, el Comandante en Jefe durmió en La Llanita y al día siguiente desarrolló un periplo desde La Boca por toda la playa; en Delicias visitó la casa de Teófilo Stévenson, quien lo acompañaba, y compartió con los padres del triple campeón olímpico y mundial.

También en la jornada del 21 de enero visitó la fábrica de levadura torula, en proceso constructivo; se detuvo ante la obra en edificación del hospital y concluyó con una ruta por el sistema de riego de Maniabón, en el que cinco micropresas llevarían agua a los dominios de la empresa agropecuaria Antonio Guiteras.
Una década después, el 28 de noviembre de 1988, volvió el ilustre mandatario, pero esta vez con la mirada puesta en el turismo. Realizó un trayecto por playa Covarrubias, abanderó al contingente Victoria de Girón -encargado de construir la carretera hacia el polo turístico- y conversó con los vecinos de la comunidad de Marañón.
1996: El adiós sin despedida
El último año en que el Comandante pisó la Villa Azul fue 1996, y lo hizo en tres ocasiones, como queriendo llevarse en la memoria cada rincón.
El primero de abril llegó al central Antonio Guiteras, donde recibió información en la sala de análisis y recorrió los departamentos de bombas múltiples y los basculadores. No había discursos, solo preguntas técnicas y un interés obsesivo por la eficiencia.
El 5 de mayo se internó en el norte de la provincia para comprobar el estado de los campos de caña. Visitó la presa Machuca y dialogó con los constructores del contingente Celia Sánchez Manduley.
El 28 de mayo, en la tarde, realizó su última estancia. Anduvo por las áreas productivas de la Granja Estatal de Nuevo Tipo, en Guabineyón 1, que entonces abastecía de alimentos a gran parte del territorio. Ese día, sin saberlo, se despedía para siempre de este pedazo de Cuba .
Legado que no se borra
Seis visitas en 31 años. Cada una con un propósito distinto: azúcar, seguridad, desarrollo, alimentos. Pero todas con un denominador común: Fidel no vino a ser visto, vino a ver, a preguntar, a tocar la tierra y la mano del pueblo.
Ahora, cuando se cumple el centenario de su nacimiento, puertopadrenses lo recuerdan como aquel hombre de barba y ejemplo que se dirigió a los pobladores de Delicias, que cortó caña en San Ramón y que cosió un saco de azúcar con sus propias manos, como si el futuro de la Isla cupiera en ese gesto. Fidel, el gigante de la sierra y el llano, dejó huellas imborrables en Puerto Padre.
