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Las Tunas.- Corría el año 1990 y era Alfredo Jordán Morales (ya fallecido) el primer secretario del Comité Provincial del Partido en estas tierras.

Un hombre al que se le recuerda por acá con sumo respeto, entre otras cosas, por su apego a la indagatoria y difusión de la historia local. Este que les cuento es otro de los episodios que lo confirman.

Resulta que, en aquellos momentos, se fue un día hasta el memorial Vicente García a conversar con sus trabajadores, partiendo de la premisa de que sí se hacían buenas investigaciones, pero nada era suficiente si se quedaban allí.

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Su propuesta fue clara. "La historia tiene que llegar a la comunidad, hacer que el pueblo disfrute y, a la vez, aprenda".

Le escucharon con atención todos, entre ellos la profesora Margarita García, directora entonces de la institución, y también el especialista que la acompañó en tantos sueños, Rafael Aparicio Cuello. Ellos dijeron al dirigente que, si les ayudaban con los recursos, se podría rememorar el incendio de la ciudad en la misma fecha y lugar en que había sucedido.

Una acción armada nada desdeñable porque aquel 26 de septiembre de 1876, cuando la antorcha prendió la casona de Vicente García, recibió un golpe demoledor la hidalguía española, después de días de una toma colosal, que dio al mundo una lección de sacrificio como pocas en la guerra, y dejó claro el genio militar y estratégico del mayor general tunero.

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Los recursos se pusieron entonces a disposición de los expertos; y cuenta ahora la profe Margarita que el asunto fluyó con el encanto que merecen los grandes eventos de la historia.

"Nos dieron toda la potestad para trabajar el tema y hacerlo público. Escogimos con libertad los textos, las dramatizaciones, cómo hacer la pirotecnia. Se garantizaron los uniformes para los mambises, 60 caballos hermosos con jinetes que practicaron durante varios días. Muchos colaboraron, lo mismo de instituciones culturales, que personas ligadas a otros sectores, incluso, de la producción.

"Diseñamos un proyecto de actividades para que no fuera solo ese momento, lo hicimos pensando en los jóvenes, en su compromiso con los ideales patrios.

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"Buscamos a los actores, se escogió una abanderada y se grabaron las palabras de Vicente García al coronel Reyes Silva para que cerrara con fuerza la actividad diciendo: 'Tunas, con dolor en el alma te prendo candela, pero prefiero verte quemada antes que esclava'".

Cuenta Margarita que aquello se volvió un gran espectáculo que la gente nunca había visto. Los jinetes se reunieron en La Feria y tuvieron ensayo general la noche antes. Había bomberos, personal de Salud, electricistas y también nos dice que pasaron algo de trabajo con la pirotecnia, "porque pusimos los canales en el piso y, por fortuna, tiempo después alguien nos hizo el diseño en el memorial con los canales en el techo; y ya, todo fluye ahora".

La lucidez de ese primer momento todavía ronda en su memoria. Antonio Pernas Pérez, entonces presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular en Las Tunas, fue el primer orador de esos eventos.

Y la gente quedó encantada con un suceso, aparentemente sencillo, que encierra mucho del sacrificio de estas tierras y alcanzaba al pueblo, a la comunidad, en el año tremendo en que Cuba llegaba a una de sus crisis económicas más cruentas: el llamado Período Especial.

Ahora, como ya es tradición, otra vez tendremos "el incendio". Se cumplen nada menos que 150 años de aquel día tremendo en que la gente quemó sus casas, y se fue al monte en nombre de la libertad después de jornadas de lucha feroz y valiente.

Las fechas en que una mujer dijo que ella prefería morir, junto a sus hijos, por no entregar al hombre que amaba y luchaba por el bien de todos. Y no claudicó, aunque dos de ellos salieron cadáveres de los muros en que fue clausurada; protagonizando, desde el dolor más atroz, una de las páginas más nobles y sacrificadas de la Guerra Grande en Cuba.

Desde la voz de avezados investigadores, el acontecimiento de un siglo y medio ha quedado valorado como "la obra maestra del cálculo, la astucia y la intrepidez prodigiosamente combinadas"; y el propio general Máximo Gómez, un hombre de pocos elogios, definió el hecho como "un suceso grande por su importancia y por el brillo que dio a las armas cubanas".

Lo cierto es que, gracias al incendio que se rememora cada septiembre, un evento con marcado arraigo citadino, la historia se palpa en las calles, las voces se alzan en la noche y la vida, de alguna manera, celebra a una ciudad que, marcada por el fuego de sus quemas, renace, aferrada a los sueños de un camino mejor.