Las Tunas.- El proyecto sociocultural comunitario Raíces de San José, uno de los más relevantes de su tipo en la provincia, está cumpliendo 20 años. Mucho ha llovido desde aquel día en el que Caridad del Carmen Ramírez Álvarez dio vida a la iniciativa.
Cuenta la líder que el cumpleaños de Vicente, un niño de la comunidad, marcaría su génesis. Ella, con el alma adolorida por la reciente pérdida de su hija, encontró allí una manera de agradecer desde el arte a la doctora que tanto hizo por “su tesoro”. “Una madrugada estaba deprimida, pero se me ocurrió el espectáculo y lo escribí. El cumpleaños fue un éxito. La parte cultural se hizo frente a mi casa, en la Calle 8 del reparto San José. Hubo un desfile y todo, con presencia de autoridades”.
Hoy el colectivo cuenta con alrededor de 80 integrantes, quienes abrazan la música, la danza, el teatro y las artes plásticas, con profesores para cada manifestación. Aunque múltiples son las actividades impulsadas en dos décadas, para Carmen cada ensayo se torna una aventura. “Ver a los niños, contagiarme con su alegría, constatar el impacto en la comunidad, el apoyo de instructores de casas de cultura y otros artistas, la llegada de instrumentos por parte del Centro de Intercambio y Referencia-Iniciativa Comunitaria (Cieric) son cosas que marcan… A veces me canso y no quisiera seguir, pero ellos me levantan el ánimo; soy feliz”, asegura.

“ISMAELILLO” Y UN GUATEQUE
Entre los espacios que marcan la historia del “Raíces…” figura El Guateque de Antonio y Familia. La cita nació movida por el ejemplo del abuelo de Carmen, quien -como narra ella- “caminaba kilómetros para hacer música con un grupo que tenía en la juventud”. En su honor se creó la actividad el 29 de febrero del 2008. “El Guateque… nos distingue; lo protagoniza el grupo músico-danzario. Es la actividad caracterizadora, con un perfil campesino”, explica Ramírez Álvarez. La iniciativa les ha permitido compartir con figuras como María Victoria Rodríguez y Antonio Iznaga (El Jilguerito). Ya hace dos años que el inspirador no está, pero su legado sigue vivo.
Por otro lado, Gretsy del Rosario Espinosa Ramírez, quien forma parte de la cofradía desde que era una niña de 2 años, nos acerca al club martiano Ismaelillo, del cual es su presidenta. Una visita de René González, uno de los Cinco Héroes, marcaría el inicio de esa propuesta hace 8 calendarios. La joven también comenta que les han visitado importantes figuras dentro del Movimiento Juvenil Martiano (MJM) como Elaine Cruz Cobas, coordinadora nacional de la revista Martillando.
“El club nació de conjunto con el MJM y la Sociedad Cultural José Martí (SCJM). La intención es formar valores en los niños, fortalecer la identidad nacional, que conozcan las ideas del Apóstol y sean personas de bien”, dijo la líder, quien también se desempeña como presidenta del MJM en la Universidad de Las Tunas y pertenece al Comité Provincial de esa organización, atendiendo Proyección Social.
Ismaelillo, integrado por 30 infantes, ha ayudado a formar otros clubes martianos y ostenta los premios Abdala, 3 de Octubre, Joven Patria y Útiles y Buenos.

NUEVAS RAÍCES
Los niños del proyecto conquistan el corazón del pueblo. La Jornada Cucalambeana es una de esas citas donde han dejado huellas. También escenarios como cayo Saetía y eventos al estilo del XV Festival Nacional de Teatro Infantil, organizado por La Colmenita de Moa. Detrás de ellos, se encuentra el empeño de los profesores Ángel Luis Guzmán, Bisnalvis Valdivia Peña y Katia García (danza); Lilliam Rodríguez, José Luis Laguardia y Freddy Hechavarría (música); Damayanti Mena (artes visuales) y Midelkis Blanco (teatro). El reconocimiento les incluye también.
“Toco guitarra y tres. Realizo narraciones orales, declamaciones y otras formas de actuación. Es una experiencia bonita. Me desarrollo y, a la vez, soy feliz”, afirma Alejandro Rodríguez Escalona, de 14 años. “Me gusta interpretar poesías y cuentos. Cuando el público nos aplaude me siento realizada. Hasta quiero estudiar en la Escuela de Arte”, expresa Lorena González Parra, quien -con solo 9 primaveras de vida- canta, baila y actúa, bajo la cobija del “San José”.
Por su parte, Dalianis Santiesteban Pérez, de 12 años, expresa: “Tenía la edad de Lorena cuando empecé aquí. Estoy en teatro, toco el bajo y canto. Me gustaría ser artista profesional en un futuro”. Ana Paula Borges Machado, de su misma edad, es cantante principal y guitarrista del grupo músico-danzario Nuevas Raíces. A través de su voz, ritmos autóctonos fluyen en bonita sonoridad. “Formo parte del proyecto desde chiquita. También estoy en teatro y danza. El arte llena mi alma”, agrega.
LA COMUNIDAD AGRADECE
Con la llegada de este proyecto, el barrio cambió sus dinámicas. De aquel silencio que matizaba el lugar ante la ausencia de recreación al florecimiento que lo distingue hoy, hay un largo trecho. Mujeres creadoras, actividades con niños y abuelos, alianzas con universidades y otras acciones han cambiado el entorno.
Bien lo sabe Mislenys Carballal Castro, madre de Elennys, una pequeña de 12 años que integra la agrupación desde que tenía 6. Ella refiere cómo los niños, además de desarrollar sus habilidades artísticas, adquieren valores. Además, “cada vez que los vecinos saben que hay una actividad, se suman a la preparación, ya sea con limpieza y embellecimiento del lugar o cualquier aseguramiento”, apunta. Yanisleidis Joaquín, miembro como Mislenys del grupo gestor del proyecto, agrega: “Gracias a esta iniciativa, infantes y jóvenes emplean su tiempo en cosas sanas. Ensayan, adquieren cultura, aprenden sobre unidad y responsabilidad, les cambia la vida…”.
En general, varios reconocimientos acumula en su trayectoria ese colectivo. El Sello 55 Aniversario de la Jornada Cucalambeana, la Placa Conmemorativa por el cumpleaños 195 de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé) y un reconocimiento por parte del Ministerio de Cultura firmado por el titular del sector, Alpidio Alonso, son algunos estímulos. Asimismo, Carmen ostenta por su labor el Premio Memoria Viva, que otorga el instituto cubano de investigación cultural Juan Marinello.
“El proyecto me mantiene viva. Ha levantado a la comunidad. Hoy no se habla aquí de historias feas, sino de cultura. Agradezco a la barriada por confiar en mí y a los padres que me apoyan siempre. Somos una familia. Solo nos queda el sueño de tener una sede”, concluye Carmen, evidentemente orgullosa por el camino andado.

