
Las Tunas.- Teresa Escalona Fernández es una de esas creadoras cuyas manos e ingenio mantienen viva una tradición ancestral. Con sus agujas de tejer, una imaginación a toda prueba, hilos de estambre multicolores y la alegría de ser útil, va dando vida a singulares obras.
Sin embargo, ella también se ocupa de enseñar a otros los vericuetos maravillosos de la artesanía. Por ese camino nació, hace ya 18 años, su proyecto CrochArte y otras artes, fruto del cual numerosos niños y adultos han visto cobrar forma sus sueños y creatividad. Precisamente, esta fue una de las iniciativas que socializó recientemente la provincia durante la Feria Infantil El Trompo, organizada por el Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC), con el apoyo de otras instituciones.
Desde la galería Fayad Jamís, en el centro histórico tunero, nuestra Amapola (como la conocen en el universo artístico) no solo habló de artesanía, también vinculó esa expresión con cuentos, narraciones orales, historia y otros aderezos. “¿Qué manualidades están presentes en la Jornada Cucalambeana?”, preguntó ante un público compuesto por 11 niños. “Las cestas de yarey, los sombreros tejidos…”, respondían ellos. Así, iba tejiendo tema tras tema, mientras hablaba de guateques, la obra de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé), algunas tradiciones tuneras y otros tópicos.
A través de recursos como sonidos onomatopéyicos, narraciones y descripciones, Teresa también engarzaba allí los hilos de sus historias. Quiénes son los conejitos de Pascuas, cómo hace la rana, esos y otros asuntos salían por la garganta de esta integrante de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA).
La autora, además, del poemario infantil Cocorioco (publicado por la editorial Sanlope) es una mujer feliz. De sus manos brotan incesantemente no solo artesanías propias de nuestra cultura, sino algunas de carácter universal como los amigurumis (de Japón). Así, sus misceláneas matizan diferentes espacios, no solo del FCBC y el ACAA, también de la Jornada Cucalambeana y eventos en otros lares.
A sus 75 años de edad, Teresa resumió a 26 su sentir en torno al oficio que la atrapó desde niña: “El tejido se presta para hacer innumerables creaciones y nuestro proyecto bebe de eso, pero CrochArte y otras artes también trabaja con botones, cintas, fibras y diferentes elementos de la manifestación. Por otro lado, se nutre de otras expresiones artísticas. A veces, por ejemplo, uso décimas mientras desarrollo el taller”.

Quien también integró el prestigioso proyecto El Callejón de la Ceiba, resume así la grandeza de su pasión artística: “La artesanía en mi caso ha sido una terapia. Si no hago un tejido en el día, me siento mal. Con ese arte sale mi fantasía, fortalezco la salud, me beneficio…”.
Con 15 años de experiencia, Escalona Fernández es plenamente feliz. Sin embargo, lo que verdaderamente agradece es que esta expresión se disemine, de generación en generación, y encuentre realmente el realce que merece como parte vital de nuestro patrimonio cultural.
Mientras tanto, en las sonrisas de sus alumnos y las palabras agradecidas de quienes encuentran bajo su guía otra razón de ser, se siente satisfecha. Palabras como las de Wander Sao Pérez, de 12 años de edad (uno de los receptores del proyecto en la reciente cita de la “Fayad Jamís”), la animan a seguir: “Aprendí mucho con este taller”.

