relaciones cuba eeuu e1775222056734Los cubanos hemos tenido que pagar caro la osadía de querer un país independiente y soberano. Parece demasiada irreverencia de una pequeña nación del Caribe a los ojos de los grandes poderes imperiales

Mucho hubo que batallar en todo el siglo XIX para librarnos del dominio español: aquel que arrasó con nuestros indígenas, que trajo a esclavos africanos contra su voluntad y bajo el látigo, que se apoderó de nuestras riquezas y de nuestros destinos. Miles murieron peleando por ver a Cuba libre, desde aquel 10 de octubre de 1868. Pero cuando en la Guerra Necesaria organizada por José Martí los mambises cubanos comenzaron a superar el dominio militar español, la respuesta del decadente imperio fue aplicar el genocidio contra el pueblo cubano.

Bajo el mando del general Valeriano Weyler, el Gobierno español en Cuba reconcentró entre octubre de 1896 y marzo de 1898 a miles de familias rurales cubanas, para intentar detener el apoyo popular a las huestes independentistas y cortarles las rutas de suministros.

El bando de reconcentración, dictado el 21 de octubre de 1896, decía:

1-Todos los habitantes de las zonas rurales o de las áreas exteriores a la línea de ciudades fortificadas serán concentrados dentro de las ciudades ocupadas por las tropas en el plazo de ocho días. Todo aquel que desobedezca esta orden o que sea encontrado fuera de las zonas prescritas, será considerado rebelde y juzgado como tal.

2-Queda absolutamente prohibido, sin permiso de la autoridad militar del punto de partida, sacar productos alimenticios de las ciudades y trasladarlos a otras, por mar o por tierra. Los violadores de estas normas serán juzgados y condenados en calidad de colaboradores de los rebeldes.

3-Se ordena a los propietarios de cabezas de ganado que las conduzcan a las ciudades o sus alrededores, donde pueden recibir la protección adecuada.

memorando de mallory

A través de aquellos decretos, entre 400 mil y 500 mil cubanos fueron arrancados de sus hogares, y separados de sus tierras y sus ganados, para ser conducidos hacia ciudades en las que se encontrarían unas situaciones penosas.

Dentro de aquellos campos de concentración, donde los cubanos vivían en barracones, almacenes, patios o refugios abandonados, las enfermedades y el hambre comenzaron a acabar con la vida de muchos de los sitiados.

El 8 de noviembre de 1897 el director de la compañía John F. Craig & Cía, de Filadelfia, con intereses en Cuba, escribía al secretario de Estado de los Estados Unidos, John Sherman: "continúan las privaciones y sufrimientos de los campesinos conducidos a las grandes ciudades bajo los decretos gubernamentales... para los que se solicita socorros y alivio... Hombres, mujeres y niños hacinados por miles en corrales sin tejados y sin alimento suficiente, ropas o medicinas, y en lamentables condiciones sanitarias, están muriendo en gran número diariamente".

Se calcula que más de 200 mil cubanos, entre ellos numerosos niños, ancianos y mujeres, perecieron víctimas de la inanición y la insalubridad en aquellas dantescas condiciones.

Pese al genocidio, el Gobierno colonial español no pudo detener la derrota militar y política que le propinaron los cubanos; pero tampoco nuestro pueblo pudo obtener su verdadera independencia. El naciente imperio estadounidense se encargo de entrometerse en el conflicto, y abortar la consecución de los ideales independentistas y de República soberana y libre de José Martí.

Duro hubo que volver a luchar para librarnos ahora del dominio del imperio estadounidense: aquel que nos ocupó por un tiempo; que impuso una enmienda bochornosa en nuestra Constitución; que se apoderó de una parte de nuestro territorio para instalar una base naval; que intervino militarmente en Cuba a su antojo; que se hizo de nuestras mejores tierras y recursos.

Miles murieron durante más de medio siglo, para tratar de conquistar la independencia merecida. Nuestro pueblo no cejó nunca en su empeño de ser dueño verdadero de los destinos de la nación. Hasta aquel enero victorioso de 1959, bajo la guía de Fidel. Todas las bombas, la aviación y el armamento estadounidense, que recibió la dictadura que gobernaba la nación, no pudieron detener el empuje, las convicciones, la astucia de miles de luchadores rebeldes apoyados por el pueblo.

Semejante afrenta era demasiada osadía para el ya poderoso imperio estadounidense. Una Revolución en sus narices era inadmisible. Por eso, como en repetición de manual, la solución imperial fue aplicar un nuevo castigo colectivo.

Esta vez el estratega fue Lester D. Mallory, vice secretario de Estado Asistente para los Asuntos Interamericanos, en un memorándum secreto del Departamento de Estado de los Estados Unidos, del 6 de abril de 1960, quien definía la filosofía del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto meses después de forma unilateral contra Cuba:

“La mayoría de los cubanos apoyan a Castro… el único modo previsible de restarle apoyo interno es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales… hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba… una línea de acción que, siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno”.

La estrategia, desde entonces, ha consistido no solo en llevar hambre, miseria y sufrimiento al pueblo cubano, sino también y, sobre todo, en hacer ver que la causa de tales desventuras ha estado siempre en la ineficiente gestión del Gobierno cubano y no en las “sanciones” de Washington.

La brutal guerra económica le ha costado a Cuba más de 170 mil 677 millones de dólares a lo largo de casi siete décadas. Para una economía pequeña y abierta como la cubana eso es un costo demasiado lacerante. No solo ha significado un enorme obstáculo al desarrollo económico y social del país, sino que ha provocado profundos daños emocionales, angustia, sufrimientos y privaciones al pueblo cubano. Más del 80 por ciento de los cubanos que vivimos hoy en esta tierra nacimos después de la implantación del bloqueo, que genera carencias en la familia cubana. Así ha sido por varias generaciones.

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