
A sus 95 años, Raúl continúa, fusil en ristre, "con el pie en el estribo", una frase suya que se impone al evocar su nombre, por la alta significación de su mensaje
Raúl cumple 95 años. No es una edad cualquiera, poco menos que un siglo. Su nombre, aunque común, tampoco es cualquier nombre. Ganado con la admiración y el ejemplo, resuena en el pueblo cubano de un modo particular, cercano, como el de un padre o el de un hermano.
Raúl es el joven que siguió a Fidel a La Habana, no solo para continuar estudios, sino también -aunque entonces no lo supiera- para, junto a él, soñar con cambiar la realidad cubana, insultada de injusticias.
Conseguirlo no fue una misión sencilla, ni se logró de la noche a la mañana, como no se hacen las revoluciones. Mucha sangre de seres valiosos tiñó la geografía de la Isla; muchos, en la flor de su juventud, cambiaron los sueños personales para conquistar metas colectivas, sin las que los más simples propósitos no son, para todos, posibles.
Entre los que lograron que, finalmente, Cuba contemplara un nuevo amanecer, aquella "fecundación borrando las innumerables frustraciones, las humillaciones indecibles, las minuciosas pescadillas", para -en palabras de Cintio- comenzar "entonces otros combates", está Raúl, con un aval de vida que no puede opacarse, por más que se lo propongan narrativas imperiales, construidas vilmente en su contra.
El nombre de Raúl está grabado en la historia, aun cuando su modestia se haya propuesto la sencillez, que no es otra cosa que la verdadera grandeza. Baste recordar algunos de los instantes definitivos en los que su arrojo lo situó entre los valientes que no lo piensan dos veces para reaccionar ante lo que puede traer peores consecuencias.
Raúl es el joven que, en el Palacio de Justicia, durante los sucesos del Moncada, se abalanzó sobre el jefe de los soldados, le arrebató el arma, y salvó a sus compañeros. Es el que por órdenes de Fidel partió al exilio en México, donde se preparó todo lo concerniente al desembarco del Granma, el pequeño yate que trajo a bordo a 82 expedicionarios, entre ellos, él, para emprender la lucha guerrillera y derrocar a la tiranía.
Es el jefe de uno de los grupos que, habiendo llegado a Cuba, consigue burlar el cerco y reencontrarse con Fidel en Cinco Palmas; el luchador que participa en los combates de la toma del cuartel de La Plata y el de El Uvero; el fundador del Segundo Frente Oriental Frank País; el que, al triunfar la Revolución, es designado jefe de la provincia de Oriente.
Raúl es el combatiente que recoge en su diario los principales acontecimientos vividos en las hostiles circunstancias de la guerrilla, a sabiendas de que en cualquier momento puede perder la vida, y, sin embargo, no pierde ese sentido del humor que lo sigue acompañando; el que, en el fragor de la batalla, no perdió, como no lo ha hecho nunca, la fe en el futuro y la esperanza.
Raúl es el amigo fiel de José Luis Tasende, a quien le prometió, si le tocaba caer en combate, cuidar para siempre a su hijita; el esposo de Vilma, una mujer extraordinaria, también viva en la memoria de la Patria; el padre cordial; el ministro, por casi 50 años, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; el Héroe de la República de Cuba; el General de Ejército de la Revolución Cubana.
Raúl es quien asume, en 2006, la dirección de la nación, al enfermar Fidel; y quien, en 2008, resulta designado por la Asamblea Nacional del Poder Popular presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y más tarde, en el magno evento de los comunistas cubanos como primer secretario del Partido.
Es el hombre comprometido con la unidad y la paz de la América Latina y el Caribe; el conductor del proceso de restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos; el líder con proyección internacional, cuyos discursos resultaron aplaudidos y seguidos en eventos internacionales; el revolucionario preocupado y ocupado en el bienestar de los niños, en especial los que sufren alguna discapacidad, y a quien se ha visto muchas veces acompañarlos en actividades celebradas en la escuela Solidaridad con Panamá; es la voz que nos dejó sin aliento al comunicarnos de la muerte física de Fidel; el continuador de sus ideas, de su obra y de sus sueños.
A sus 95 años, Raúl continúa, fusil en ristre, "con el pie en el estribo", una frase suya que se impone al evocar su nombre, por la alta significación de su mensaje, emitido en 2021, cuando recesaba sus funciones al frente del Partido Comunista de Cuba.
Por estos días, mucho se escucha decir, a lo largo y ancho del país, simplemente, que Raúl es Raúl. Para el pueblo de Cuba, que conoce bien quién es su General de Ejército, definirlo con su propio nombre, que es todo un símbolo, no es, en absoluto, redundante, sino más que suficiente.

