
Desde épocas tempranas, profesionales de la salud se incorporaron voluntariamente a luchas armadas en tierras extranjeras, pues, para muchos, el ejercicio de la medicina no se limita a las fronteras.
Existen antecedentes desde la etapa colonial, cuando médicos de este archipiélago aportaron su ayuda profesional o se alistaron en ejércitos de otras naciones. Por ejemplo, los investigadores cubanos Néstor Marimón y Evelyn Martínez mencionan al doctor Antonio Lorenzo Luaces de Iraola, participante en la Guerra de Secesión Norteamericana.
Luaces de Iraola provenía de una familia con favorable posición económica, lo que le permitió estudiar en Estados Unidos. Allí se graduó de cirujano. Más tarde, con 23 años, se incorporó al ejército federal norteño del presidente Abraham Lincoln. Formó parte del cuerpo de sanidad y llegó a alcanzar el grado de coronel. Así, sus ideas abolicionistas fueron consolidadas bajo el sonido de las balas en Norteamérica. Culminada la Guerra de Secesión, realizó un periplo por Europa, donde amplió sus conocimientos clínicos.
Luaces de Iraola llegaría posteriormente a Cuba en la misma embarcación que en 1869 trajo a patriotas como Enrique Collazo y Henry Reeve. El médico e investigador Ricardo Hodelín Tablada da cuenta de que se trató de una expedición bien organizada en número de combatientes y equipamiento bélico la que colocó al galeno en la Guerra de los Diez Años. Según ha escrito este académico, Luaces de Iraola fue subordinado de Ignacio Agramonte, jefe de Sanidad de Oriente y tomó rol activo en los combates, al punto de llegar a figurar entre la treintena de jinetes mambises que en octubre de 1871 protagonizaron el rescate del brigadier Julio Sanguily.
Manuel García Lavín y Chapotín también fue un sanitario cubano cuya vida quedó enlazada a contiendas de otras latitudes. Nacido en 1851, algunas referencias lo sitúan como una de las personalidades más brillantes de la clínica médica en la Cuba de su época. Cuando se encontraba estudiando en Francia ocurrió el comienzo de la guerra franco-prusiana, una breve pero desastrosa conflagración que sacudió el corazón de Europa entre julio de 1870 y mayo de 1871. García Lavín y Chapotín se incorporó a la guerra y, por su comportamiento abnegado en la atención a enfermos, fue condecorado posteriormente por el gobierno francés con la Cruz de la Legión de Honor. Años más tarde ejerció su profesión en Cuba.
Por su parte, Luis Díaz Soto fue otro especialista cubano de la salud cuyo nombre quedó escrito en la historia de luchas de pueblos foráneos. Nació en 1905 y murió pocas semanas antes de la derrota de la tiranía batistiana. Su trayectoria profesional estuvo ligada a las causas que entendió justas. En 1935 ingresó al Partido Comunista y llegó a ser uno de los miembros más conocidos de esa agrupación.
La historiografía recoge que, al igual que otros voluntarios cubanos, viajó a la península ibérica para incorporarse a la defensa de la República Española. En la resistencia contra el fascismo aportó sus esfuerzos desde 1937, con el grado de teniente y como médico del batallón estadounidense Abraham Lincoln. Díaz Soto cumplió su rol médico en batallas como las de Teruel, Belchite y Brunete. Una descripción realizada por Juan Marinello, uno de sus más prominentes contemporáneos, ha trascendido en las siguientes palabras:
“(…) No le vimos adelantar juicio sin buena maduración, ni callar lo que debía decir a tiempo. Poseyó en gran medida la virtud cubanísima de la inteligente ironía, siempre vestida de peculiar elegancia. Parecía estar de vuelta de todos los caminos, y hasta un poco cansado del trayecto; en verdad, gozaba el camino con experiencia e ilusión, con historia y sorpresa. Conocía muchas cosas, y las entendía todas (...)”.
Las historias de Luaces de Iraola, García Lavín y Díaz Soto muestran que la medicina cubana, a lo largo de la historia, ha tenido un pulso agitado, capaz de latir más allá de las fronteras. En estos tres ejemplos de galenos antillanos se entrelazan el amor a la ciencia, la disposición a la batalla y la vocación de servicio a causas que trascendieron su tiempo.

