tribunal las tunasLas Tunas.- Es de madrugada y la ciudad aún duerme. El transporte público está ausente, las calles a oscuras, pero Toñi ya está en marcha. Antes de que sean las 6:00 de la mañana, abre las puertas del Tribunal Provincial Popular de Las Tunas.

Nadina Antonia Segura, "pero todos me dicen Toñi porque como me llamo Antonia, Toñi es más fácil", lleva 12 años trabajando en esta institución. Llegó en 2012, gracias a Said, el entonces administrador, y desde el primer día escuchó las mismas palabras: "Vamos a ver si duras, porque aquí todo el que entra se va".

"Soy la pantrista, la encargada de calentar los almuerzos, y también hago el trabajo de auxiliar de limpieza. Pluriempleo", explica con naturalidad, mientras camina.

Su día comienza barriendo, limpiando y dejando todo listo para que puntualmente a las 11:00 los trabajadores comiencen a circular por el comedor.

Toñi no se queja. A sus 58 almanaques la energía le sobra. "Guillermo y Yunior siempre me dicen que me van a quitar el premio, porque todos los años desde que estoy aquí me han dado el reconocimiento de mejor trabajadora.

"Yo no falto. A veces me siento mal, pero vengo. Si estoy muy grave, llamo para que me vayan a buscar, pero no dejo de venir".

Vivir en la Calle 10 de Buena Vista y trabajar en el centro de la ciudad no es fácil, sobre todo ahora con las limitaciones de transporte.

"Uno de los niños míos tiene un motor y el otro una motorina. Con la gasolina hay problemas, pero el de la motorina, cuando sale del trabajo, me recoge y me trae. A la 1:00 pm, cuando termino, viene y me lleva a la casa".

Ellos son su sostén, igual que ella lo es para sus nietos, una niña de 2 años y Frank Camilo, el varón de 11 que sueña con ser pelotero. "Todas las tardes pasa entrenando; yo le hago la comida a mi hijo y los dos se van para la casa después. Eso me hace feliz".

Antes de llegar a la ciudad, Toñi trabajaba en la cooperativa 30 de Noviembre, en Estrada, municipio de Manatí. "Allí laboré muchos años como cocinera, pero también era la jefa de los animales. Pastoreaba ovejos, éramos cinco, pero yo estaba al frente de aquella cantidad de animales y no cogían uno si no contaban conmigo".

Trabajar en un tribunal no es como trabajar en cualquier otro sitio. Por sus pasillos desfilan personas angustiadas, presas, víctimas en busca de justicia. Toñi lo sabe y lo maneja con una sabiduría que solo da la experiencia.

"Aquí hay que sobrellevar a la gente, porque vienen alterados. Hay que decirles: 'Mire, esto es así'. En todos los años que llevo, nunca me han tenido que llamar la atención por nada".

Con los jueces, personal no judicial y presidentes, la relación es buena. "Hace unos días cuando un juicio se alargó hasta la 1:00 pm, hablé con la presidenta para que les abrieran el comedor a los jueces y asistentes judiciales para que almorzaran y ella me dijo que no había problema, que me fuera, que ellos lo hacían".

El año que viene, Toñi se jubilará. Cumple 59 años en noviembre, de ellos 12 en el tribunal. "Nunca pensé que me iba a retirar aquí. Juana me dijo un día: 'Vamos a ver si duras'. Y mira, me gustó trabajar aquí".

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