
Las Tunas.- El viernes 27 de febrero circuló la última edición del Semanario impreso que fue el corazón del periódico 26 desde hacía demasiado tiempo. Lo supimos días después, cuando ya la tinta se había secado y alistábamos lo necesario para activar el engranaje de la próxima tirada.
No nos pareció del todo justa la forma en que la noticia llegó a nosotros, aunque sí entendimos la razón, directamente asociada a la colosal crisis económica que pervive en Cuba.
Este es, por tanto, el primer aniversario en el que 26 no llegará al papel, y no podremos descorrer allí nuestras historias y las mil y una añoranzas que nos rondan de los imprescindibles; ¿se imaginan a Mastrapa con estos apagones? ¿A alguien le pasa por la cabeza lo que habría salido de la pluma de Graciela Guerrero Garay o del genio de Alexis Pérez Sánchez en tiempos como estos?, eso diríamos en nuestros fieles encuentros de lunes, con el periódico entre las manos y los debates sobre cómo podríamos hacerlo mejor.
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Y nos daría mucha risa saber que el lector, el leal que nos acompaña desde hace décadas, entendería abiertamente nuestras inquietudes y le pondría otras, con ese sabor intenso que viene del comulgar de años, temas afines, críticas honestas; en fin, lo perdurable.

No llegamos a los 48, por tanto, en nuestro mejor momento; y creo que pocos, poquísimos en Cuba, pueden hablar de “buen momento” con los vientos que soplan y los tiempos que corren; somos parte.
Sin embargo, estamos aferrados al desafío mayúsculo de reinventarnos y permanecer. Aprendemos cada día más, para lograrlo, del valor de los trabajos profundos, hechos a base de muchas jornadas zapateando la ciudad, indagando en fuentes que, en no pocas ocasiones, se vuelven esquivas, y siguen aferradas a la nefasta visión de que toda información es ataque, encontronazo, guerra no avisada.
Por supuesto que desde hace tiempo, a todo eso, le estamos agarrando el pulso; que creemos en el seremil de oportunidades que ofrece la Internet y que, desde todas las plataformas en que nos es posible, defendemos el valor de la noticia dada a tiempo, con mesura, respeto y pertinencia.
26 se supera; busca nuevos resortes, rutinas firmes y se va abriendo a los negocios y al entramado de posibilidades que ahora tenemos delante con el sabor grato del que estudia, conoce a sus públicos y quiere ser útil, como lo ha sido siempre, a su sociedad y a sí mismos.
Lo sabe muy bien nuestra directora, Elena Diego Parra; una mujer toda entrega, con los pies muy bien plantados sobre la tierra, y una fe probada en el colectivo del que formamos parte.
“Creo que dirigir y, más que eso, trabajar en un medio de prensa público en el contexto cubano actual representa un ejercicio casi extremo de malabarismo profesional y resiliencia.
“El impacto más reciente de la severa escasez de insumos y combustible fue la drástica suspensión de las tiradas de la versión impresa. Eso nos hizo perder un producto muy valioso que resguarda la identidad y el patrimonio local que los medios nacionales y la fugacidad del entorno digital no pueden atesorar.
“Desde hace varios años nuestras principales lógicas de producción están orientadas casi por completo a las plataformas virtuales. Estamos enfrascados en el reto de generar contenidos en tiempo real en medio de recurrentes apagones eléctricos y limitaciones de conectividad.
“A esto se suma la dualidad de audiencias: por un lado, un público joven hiperconectado que demanda inmediatez y formatos multimediales; por otro, una población envejecida que añora el papel y sufre la brecha digital.
“Coordinar este ecosistema exige optimizar los recursos al límite, gestionar el trabajo en equipo se vuelve cada vez más necesario y mantener el rigor editorial en un escenario de constante contingencia, en el que el ingenio suple las carencias materiales.
“El ejemplo más claro de nuestro compromiso social es que ni siquiera cuando se desconecta por completo la electricidad en el país, nuestros públicos encuentran un silencio informativo en 26”.
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La escucho; sé que habla con la propiedad de quien actúa sin excusas y acompaña cada proceso con el ardor profesional que la define. Ella explica así, con suavidad y calma, una realidad atroz, esa que impulsa al reportero a desandar las calles silenciosas y oscuras de Las Tunas -en plena caída del Sistema Electroenergético Nacional- para acercarse lo más posible al sitio donde pueda agarrar datos y publicar; la que convierte los teléfonos sin carga en una calamidad doble al cortarte la comunicación directa con la fuente que te avisa del más leve cambio; la que te vuelve inmune a toda lógica cuando la gente te pregunta al pasar y entonces agotas cualquier vía como si no hubiera mañana para saber, codificar, darle rumbo a la información.
Por suerte, nos quedan sueños. Los vemos en los más jóvenes que llegan queriendo todavía comerse el mundo, aunque otros también rondan las redacciones, marcados por la dureza de estos años y cada quien le va dando forma con el sabor de su propia realidad. Un ejemplo de ello es Leanet Escalona Ojeda, la más jovencita del equipo, una muchacha que nos enseña cada día y a la que escuchamos, con modestia, agradecer.

“Estos meses en el periódico 26 me han regalado cosas que no podría explicar solo con palabras. Me han regalado lo principal para poder seguir adelante: los conocimientos de los que llevan años ejerciendo este oficio. Cuando ves el Periódico con tu nombre ahí, y alguien te dice 'oye, leí lo que escribiste ayer', te das cuenta de que sí, que vale la pena.
“Así que gracias a los que me enseñaron, a los que me dieron chance para aprender, a los que comparten conmigo cada día. Gracias a 26, que me ha abierto las puertas de su gente y de su historia.
“Y lo bonito es que esto apenas empieza, porque cuando uno encuentra su oficio, no lo suelta más, y yo, con este colectivo tan hermoso, no pienso soltarlo, porque el Periodismo, cuando se hace con el alma, te devuelve más de lo que das. Para mí ha significado un reencuentro con lo que quería ser, y en estos nueve meses, ha sido lo más bonito que me ha pasado”.
Así anda 26, pervive; aferrados a mejores tiempos desde nuestra sede de la calle Vicente García; tristes porque no hemos podido volver a recorrer los municipios y sabemos que hay muchas historias de valor cotidiano entre la gente noble de los terruños tuneros; cabizbajos ante lo que no entendemos y orgullosos por los lectores que nos rondan, preguntan y quieren ver sus problemas reflejados en los espacios que fomentamos.
Una suerte de resistencia profesional que se va haciendo fuerte, aunque el camino sea duro y sabemos que nos aguardan muchas curvas. A todos, los fundadores, los resabiosos, los intensos, los desesperados y los repletos de fe: felicidades y muchas gracias.

