celos en la pareja 768x768

Las Tunas.- Todavía se recuperaba de una ruptura dolorosa, que marcó su existencia hasta la médula, cuando le recomendaron esperar para rehacer su vida. La relación anterior le dejó enseñanzas que debía asimilar con calma; necesitaba sanar.

Le advirtieron que eso de que “un clavo saca a otro” no siempre se cumple, que a veces debemos dejar que el tiempo haga su parte y permitir que las heridas reciban aire fresco. Nada de aventurarse a la ligera. Pero él apareció y ella sintió un soplo de brisa.

Empezó un noviazgo que en tres meses se volvió matrimonio; y todo fluía bien… Hasta que, poco después, ese amor se transformó en martirio. Las salidas a comprar cualquier producto debía hacerlas con cronómetro en mano; si tardaba un minuto de más venían las reprimendas. Llegó a prohibirle, incluso, visitar a sus padres, a menos, claro, que fuera con él. Pero ni así disfrutaba el paseo, porque debía caminar “con ojeras como los caballos”, sin mirar a los costados.

Poco a poco perdió amistades, volteaba la cara si veía a algún amigo en la calle. El trabajo la convirtió en un mar de nervios. La presencia constante del esposo en el lugar, entorpeciendo su labor y haciendo escenas de celos, la llevó a renunciar y enclaustrarse en una prisión invisible. Rodeada de muebles y ollas, creía consolarse con la frase que taladraba sus oídos: “Si te celo es porque te quiero”.

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Sentir celos es común y propio de los humanos. De hecho, considero que, hasta cierto punto, forman parte de la pareja. Sin embargo, cuando estos se vuelven excesivos aparece un peligro que lleva a la violencia psicológica y hasta física, y destruyen relaciones disfrazados de amor.

Según especialistas en el tema, los celos son una emoción compleja relacionada con el miedo de perder a alguien valioso. Lo penoso es pueden dañar significativamente los vínculos afectivos, aunque muchos los vean como un mecanismo de protección hacia la persona amada.

Hay algo peor, y es que quienes los padecen, en ocasiones, no lo reconocen y vienen marcados por experiencias vinculadas, principalmente, con infidelidades; aunque también son propios de personas inseguras o con baja autoestima. Pero los celos en la pareja nunca serán una opción saludable.

La creencia de que si se cela es porque se ama puede normalizar conductas de control y violencia, fundamentalmente hacia las mujeres. Por desgracia, las noticias sobre femicidios aumentan cada día, muchos bajo esa excusa.

En una relación donde esas prácticas gobiernen, las consecuencias negativas serán para ambos. Tal y como los psicólogos advierten, mientras que en uno surge la sensación de pérdida de control, sentimientos de culpabilidad y baja autoestima, la otra persona sentirá frustración, distancia emocional y miedo a las reacciones de su pareja.

Tristemente, aunque ese que cela sienta que gana, al final el vacío es palpable. Porque en el fondo es la inseguridad la que actúa. Es duro compartir la existencia con alguien en quien no se confía; eso frustra, conlleva al egoísmo y al final se pierde lo hermoso.

El que está siendo celado muchas veces no lo admite. De hecho, al principio puede tener hasta orgullo por sentirse “tan amado”. Pero no debe dejarle rienda suelta a este sentimiento. No es justo que una mujer frene su crecimiento personal y profesional por no despertar los celos del esposo. Como tampoco considero saludable dar un “sí” apresurado por temor a la soledad.

Duele grandemente que una relación termine porque ambos dejaron que los celos ganaran terreno. La desconfianza nunca es bienvenida. El que ama confía, sueña y construye un futuro mejor. Los celos, por su parte, destruyen, lastiman y dejan cicatrices, muchas veces de por vida.
El amor es para disfrutarlo, vivirlo, brindarlo. Por eso, no podemos cegarnos ante señales de alerta evidentes como una supervisión constante y falta de confianza en las palabras que antes se creían sin vacilar.

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Mucho le costó a la joven de esta historia entender que sus mejores años iban perdiendo el rumbo. Felizmente, su esposo comprendió lo que estaba a punto de perder y decidió cambiar. Ambos buscaron la ayuda adecuada y restauraron su matrimonio. Y lo mejor, entendieron que amar no es controlar, sacar lágrimas o imponer gritos, sino luchar juntos cada día por regalar una mejor versión.

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