
Las Tunas.- La química fue el primer puente cuando Alejandro Reyes Limia conoció las fórmulas y los laboratorios; nunca imaginó que trasladaría ese rigor analítico a los surcos de Las Tunas. Hoy, reconocido como el mejor egresado de la más reciente graduación de la Universidad de Las Tunas, este joven ingeniero agrónomo defiende con certeza su profesión, destaca el constante desarrollo y que exige tanto de la teoría como del barro.
"La Agronomía es todo un universo -explica-, mecanización, riego y drenaje, fisiología vegetal… materias que en el campo se vuelven otra cosa. Todas llevan una práctica que contribuyó a que me sintiera más identificado con la carrera". Para él, el diálogo cotidiano con campesinos dotados de un profundo conocimiento empírico demuestra la necesidad constante de un profesional capaz de aportar la base científica a saberes cultivados durante generaciones.
Esa inclinación por la investigación marcó su paso por la casa de altos estudios desde el primer día. Participó en jornadas científicas estudiantiles, en eventos nacionales y en un cónclave internacional. Su aval incluye dos publicaciones concretas: la primera enfocada en el uso de biofertilizantes para el maíz, y su tesis de diploma, centrada en el comportamiento poblacional de la Diaphania hyalinata, la plaga que azota cultivos esenciales como el pepino y la calabaza dentro de la familia de las cucurbitáceas.
"Trabajé con los productores directamente y es muy gratificante el resultado, alcanzándose mayores rendimientos en las producciones. Eso me llena de orgullo como profesional y como persona", señala sobre el impacto de llevar la ciencia directamente a la tierra.
Ese ejercicio diario, sin embargo, transcurre en un escenario económico sumamente complejo. "Evidentemente hay muchas limitaciones para el sector agrícola. En la agricultura se necesitan muchos insumos, piezas para las maquinarias, químicos de importancia, algún insecticida para las plagas y fertilizantes…, con los que en ocasiones no se cuentan", reconoce sin matices.
Frente a la escasez de recursos, la respuesta es la inventiva respaldada por el método científico. En la finca Canan, un proyecto conjunto entre profesores y estudiantes materializó la siembra de 80 plantas de níspero destinadas a un sistema silvopastoril. Las posturas, obtenidas mediante la técnica de acodo aéreo para la multiplicación vegetal, evidenciaron que la aplicación del conocimiento reduce el impacto de las carencias materiales.
"Considero mi profesión muy importante, es una de las bases de la soberanía alimentaria. Siempre se necesitarán profesionales en la agricultura para el desarrollo de la ciencia y la técnica", afirma.
Hoy, Alejandro comparte esa misma pasión desde las aulas y los campos experimentales de la Universidad de Las Tunas, donde ejerce como profesor de la carrera. En este Día del Trabajador Agropecuario, su labor cotidiana resume el esfuerzo de quienes sostienen la producción de alimentos en Cuba desde el saber y la constancia.

