Foto violencia digital

Las Tunas.- En la era digital, la violencia ha traspasado las fronteras de lo físico para adentrarse en el mundo virtual, un espacio donde el anonimato y la inmediatez potencian nuevas formas de acoso y agresión.

Aunque la pandemia de covid-19 aceleró el uso de las tecnologías como una necesidad, también desató una ola de violencia digital que afecta especialmente a niñas, niños, adolescentes y mujeres.

Aliubis Fernández González, directora de la Unidad de Bufetes Colectivos Las Tunas, explicó que la pandemia marcó un punto de inflexión. “Estar aislados en casa para proteger nuestra salud y a nuestras familias trajo consigo un empleo excesivo de la tecnología. Nuestros abuelos aprendieron a utilizar la telefonía móvil; los padres permitimos a los niños usar medios informáticos para jugar o ver videos porque no podían salir.

”Este cambio trajo consigo una forma de violencia que ya existía, pero que se potenció: la violencia de género en línea. El acoso virtual parte de los medios informáticos y las redes sociales digitales. Podemos ver como ejemplo el caso de mujeres que publican una foto y son acosadas inmediatamente”.

Fernández González advierte sobre la necesidad de prestar atención a los delitos cibernéticos, que muchas personas aún ignoran y que están regulados en el Código Penal. “Hacemos un llamado a los padres y tutores, porque en ocasiones no vemos el peligro. No nos damos cuenta de que un menor ya puede ser una víctima.

”El uso de la inteligencia artificial (IA) también es un motivo para estar atentos a lo que consumen nuestros hijos en los medios informáticos. No es un secreto que con una imagen y determinadas solicitudes se pueden lograr imágenes que perjudican.

”La violencia psicológica en línea es un delito denunciable. Para demostrar la comisión del mismo es crucial buscar elementos que demuestren la ocurrencia del delito, desmontar esa imagen para comprobar si es falsa; pero lo que no debemos permitir es que hechos de este tipo ocurran y no se tomen medidas al respecto”, sentenció.

ENTRE EL BULLYING Y LA NORMALIZACIÓN

Lucía, de 28 años, tiene una perspectiva clara sobre la violencia digital; sabe del ciberacoso, que son insultos, amenazas, difamación y exclusión. Para ella el fenómeno de los memes es particularmente revelador. “Es una forma de ridiculizar o humillar a alguien. Hay memes entre amigos que son un bullying ‘más sano’, pero no dejamos de verlo como violencia”.

Aún con estos conocimientos, considera que no existe amistad sin bullying, lo que refleja cómo ciertas prácticas se normalizan, incluso entre jóvenes, minimizando su impacto emocional.

Amanda, una adolescente de 15 años, coincide en que los memes pueden causar problemas. “Algunos se molestan. Entonces es mejor el respeto. Además, el mal uso de la IA puede provocar otros problemas, incluso mayores. Es mejor utilizarla para estudiar o buscar información”.

Su voz representa a una generación que, aunque familiarizada con la tecnología, reconoce sus peligros. Esto a la vez demuestra la presencia de los padres en la constante supervisión en cuanto al contenido que consumen sus hijos y qué hacen con las tecnologías.

Dayalé Torres Diéguez, presidenta de la Unión de Informáticos de Cuba (UIC) en Las Tunas y directora del Laboratorio de Innovación Digital Ciudadana (Co-Lab), aportó una visión técnica y social del problema.

En nuestra provincia -explica- el ciberacoso es frecuente y suele normalizarse a través de memes. El fenómeno del meme se ha convertido en un escudo protector para legitimar, mediante el humor, mitos y estereotipos de la cultura patriarcal.

Torres Diéguez destacó la baja percepción de riesgo entre adolescentes respecto a la protección de datos personales. “Desde la asignatura Educación Cívica deben trabajarse temas para educar en ciudadanía digital. Los adolescentes, al tener perfiles en redes sociales, asumen una identidad como ‘ciberciudadanos’, por lo que urge educar en función de la ética.

”La UIC ha desarrollado proyectos premiados internacionalmente, como el Laboratorio ciudadano por la equidad de género en las TIC y CognitIA Mujer, enfocados en dirección a eliminar la brecha digital de género y combatir la violencia en línea”.

La experta aclara que “una de las causas que impiden la inserción efectiva de mujeres y niñas al mundo digital es la presencia de violencia en este contexto; y, aunque ambos sexos pueden ser víctimas, las estadísticas demuestran que las chicas son las más acosadas”, aseguró.

ciberacoso

LA FAMILIA COMO PRIMERA LÍNEA DE DEFENSA

Ambas expertas coincidieron en el papel crucial de las familias. La presidenta de la UIC insistió en elevar el nivel de percepción de riesgo en el seno familiar y recordó que el control parental está reflejado en el Código de las Familias cubano.

“La familia es la encargada de supervisar el comportamiento de sus hijos en el contexto digital. También es necesario tener en cuenta los riesgos para el sexo masculino, especialmente en cuanto a los videojuegos, porque es frecuente que personas adultas se comuniquen con chicos ocultando su identidad e induciéndolos a comportamientos inapropiados”, concluyó Torres Diéguez.

Este llamado resalta que la violencia digital no es un juego, no discrimina, pero sí requiere estrategias diferenciadas. Es una realidad que se cuela en los hogares a través de pantallas y conexiones de redes, afectando la salud mental y la integridad de niñas, niños, adolescentes y mujeres.

El control y la supervisión no son invasiones de la privacidad, sino actos de responsabilidad. Corresponde a los padres, tutores legales y familia en general estar atentos a los contenidos que consumen los menores de casa en redes sociales, videojuegos y plataformas digitales, así como observar los cambios de comportamiento -el silencio o la ansiedad, por ejemplo- que puedan indicar acoso.

Es preventivo acercarse y dialogar sobre los riesgos de compartir imágenes personales, interactuar con desconocidos o usar la IA de manera irresponsable. La tecnología es una herramienta poderosa para el aprendizaje y la conexión, pero también puede ser un arma.

Estamos ante un fenómeno complejo, arraigado en la normalización del acoso y en el desconocimiento de sus consecuencias. Por tanto, nos corresponde fomentar el respeto en línea y denunciar los delitos cibernéticos. Estos son pasos esenciales para proteger a los más vulnerables.

 

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