Ángel Arredondo un constructor incansable

Las Tunas.- La Medalla Armando Mestre Martínez brilla sobre el pecho de Ángel Arredondo Báez. No es un simple adorno, representa más de 25 años de trabajo ininterrumpido en la construcción, un récord que este señor, natural del municipio de Jobabo, ostenta con humildad y firmeza.

Hace apenas unos días, la Empresa de Construcción y Montaje (Conalza) en Las Tunas recibió la Bandera Vanguardia Nacional en el parque solar fotovoltaico (PSF) Veguita. Allí, en medio del terreno removido, se dio un acto en el que también se hizo entrega de esta medalla a hombres que, como Ángel, han entregado su vida a este importante servicio y ahora levantan PSF.

¿Cómo se siente recibir esta medalla?

"Me siento contento. Es un reconocimiento al esfuerzo que he hecho durante estos más de 25 años".

Pero no mira la medalla como un punto final. Lo carga como un estímulo más en la nueva misión que él y su colectivo tienen entre manos.

"Tenemos una misión muy fuerte, y la hemos cumplido. Enfrentándola con todo el sacrificio que merece. Trabajamos arduamente sábados y domingos".

En la actualidad, él y sus compañeros están hospedados en el municipio cabecera, recorren kilómetros todos los días para llegar a estas 32 hectáreas que serán, mañana, uno de los PSF más importantes del territorio.

"El mayor beneficiario de esta obra que hoy hacemos es el pueblo tunero. Todos nosotros", asegura.

Su "hoja de ruta" profesional habla por sí sola. Ha trabajado en el PSF Nueva Línea (Puerto Padre), en la Subestación 220 kV y también en la construcción de los laminadores de la Empresa de Aceros Inoxidables (Acinox) Las Tunas.

"Fuimos los que construimos los laminadores, el 400, recuerda con la memoria intacta. Nosotros no somos montadores industriales. Somos una brigada del Micons (Ministerio de la Construcción)".

Por eso, cuando mira el antes y el después del PSF actual se le ilumina el rostro. "Esto estaba en cero y ya se transformó, poco a poco va cogiendo forma, cobrando vida. Ya tenemos experiencia en este tipo de faena".

La conversación deriva hacia lo personal. Tiene 64 años. La jubilación le toca en septiembre y asegura que sí, ya es momento de recesar.

"Son muchos años de 'batalla' muy dura. Pero de una realización enorme, porque siempre que se trabaja en beneficio del pueblo uno se siente estimulado.

"La vida del constructor es dura, hay mucho trabajo, son trabajos difíciles. Pero hay que enfrentarlos, porque es para el beneficio de todos".

Al final, cuando ya piensa en "colgar" el casco, la pregunta de qué siente cuando ve una obra concluida fue inevitable. Su respuesta fue certera: "Me siento orgulloso, contento".

Ángel Arredondo Báez se retira pronto de la construcción, pero su legado queda en cada PSF. La Medalla Armando Mestre Martínez no es un premio de consuelo. Es, como él dice, un "reconocimiento al esfuerzo".

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