terapia las tunasConoce con nosotros una historia de 41 años salvando vidas entre tubos, ventiladores y mucho amor

Las Tunas.- “Usted no se imagina lo que significa recibir a un paciente grave, falleciendo prácticamente, y que usted vea en primera fila cómo logra salvar la vida. Oiga, esa experiencia no es fácil, es divino vivir esa experiencia”.

Quien habla así es Marlenis Laguna Fondín. Tiene 41 años de servicio, todos dedicados a la atención al grave en el Hospital General Docente Ernesto Guevara de la Serna, de Las Tunas. Y aunque el próximo año se jubila, confiesa que no se imagina un solo día sin su Terapia.

“Lo más difícil de ese servicio es ver fallecer los pacientes. Eso todavía no he logrado superarlo. Llevo muchos años ahí, pero una no aprende…”.

Marlene no habla de estadísticas ni de protocolos. Habla de vidas. De esas que ha visto nacer de nuevo después de estar al borde del abismo.

“Ahí ese paciente está solito, tú tienes que ser su familia”

Nacida en Majibacoa, viaja cada tres días hasta el hospital Guevara en medio de las complejidades del transporte, "pagando coches y cocotaxis, y algunas botellas". Su uniforme es una llave en contextos complejos. "Me conocen y me recogen”- confiesa risueña.

Una vez en la Unidad de Cuidados Intensivos, todo cambia. Allí, Marlene no es solo una enfermera. Es madre, hermana, hija, amiga y ángel de batas blancas. “Cuando trabajas con un paciente, es como si trabajaras con un familiar tuyo. Porque ahí ese paciente está solito, no está con su familia. Tú tienes que ser su familia, su enfermera, su todo”.

La guitarra, la canción y el viejito que volvió a vivir

Marlenis guarda tantas historias que no sabe por dónde empezar. Pero hay algunas que la delatan. Como la de aquel viejito con una enfermedad pulmonar grave: “Saber que en 24 horas lo separamos del ventilador… Yo sola no, el equipo de Terapia. Y ahora está de lo más bien en Intermedia”.

O el paciente con trastorno cardiovascular complicado: “Lo destetamos, y después me escribió, me mandó una foto con una guitarra, que ya estab bastante bien”. Y esa puérpera de Majibacoa que se puso grave en Intensiva y luego, agradecida, les compuso una canción.

Misiones internacionales: “Los cubanos somos diferentes”

Marlene ha llevado su talento y su corazón más allá de las fronteras cubanas. Realizó tres misiones internacionales: dos en Venezuela (2009 y una más reciente) y, durante la covid-19, en los Emiratos Árabes Unidos. "Allá trabajé con enfermeros chinos, filipinos… Nada que ver con nosotros. El cariño, la profesionalidad con los pacientes es diferente. Nosotros los cubanos, donde quiera que lleguemos, marcamos la diferencia”.

En Venezuela, vivió momentos de extrema tensión. Los intensivistas venezolanos, por miedo a la covid, abandonaron la sala de Terapia. “Hubo que armar una brigada de cubanos para trabajar con los pacientes graves. Fue difícil, difícil, difícil…, pero ahí estábamos. Estuvimos un año completo en ese hospital. Salimos, y aquí estoy”.

“Si no amas tu profesión, no la vas a hacer bien”

Para Marlenis, no hay recetas mágicas. Solo verdades simples y profundas: “Lo que no puede faltar a un profesional de la Enfermería es sensibilidad, profesionalidad, humanismo… y amor. Porque si no amas tu profesión, no la vas a hacer bien”.

Y ella lo demuestra cada día, incluso cuando asume medidas que no siempre corresponden a su rango, pero que nacen de la urgencia y la experiencia: “Como llevo tantos años ahí, nosotros, los enfermeros, te garantizo que salvamos vidas”.

No ha llegado sola hasta aquí. Detrás hay una familia que entiende su vocación. Su esposo —también enfermero— cuidó de su hija cuando ella se fue a hacer la especialidad de Terapia Intensiva a Camagüey. Su madre, ya fallecida, y su suegra, la apoyaron siempre.

“Mi hija es mi orgullo. Trabaja en el policlínico como jefa, dicen que se parece mucho a mí en todo. Mis nietos, mi esposo… son todo para mí”. Pero también hay una herida abierta: su hermanita -enfermera como ella- “muy buena en su profesión”, falleció de un infarto. “Eso es muy doloroso”, dice Marlenis, y se le quiebra la voz.

A sus 41 años de servicio —35 de ellos en intensiva—, mira hacia atrás con plenitud, pero hacia adelante con nostalgia. “Yo diría que me siento plena ya. Lo único que no he logrado es ponerme vieja y saber que me voy a retirar y que no podré seguir trabajando aquí en el hospital. Eso es lo que más me duele”.

Pero mientras llegue ese día, seguirá viajando desde Majibacoa, seguirá aspirando tubos, destetando pacientes y salvando vidas. Porque Marlenis Laguna Fondín no entiende su existencia sin esa Terapia que, como ella dice, es “todo”. “Yo vivo aquí”- asegura. Y no exagera. Porque cuando dice “aquí”, no habla de un edificio. Habla de un latido que detrás del micrófono, casi alcanzo a ver.

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