Las Tunas.- En el día a día, en la noche de fiebre o la mañana de escuela; en el abrazo ante el llanto o la certeza ante la duda; en el “no lo lograré” vencido por “claro que sí puedes, confía en ti”; en el consejo aleccionador, el elogio oportuno y el regaño necesario; en el cuento al dormir y el beso en la frente; en el “¿cuándo llegará el niño?”, “¿habrá comido hoy?”, “¿le iría bien en clases?”; en lo mínimo y lo inmenso; en el detalle y la totalidad, justo en esos universos, late un buen papá, como lo que es, una maravilla de la vida.
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