Las Tunas.- Odalis del Carmen Velázquez Aguilera todavía se ríe cuando evoca a su padre cosechando maní en Guairajal, un campo intrincado al que había que atravesar ríos, y a ella y a sus hermanos trepándose por encima de aquel rezo para hacerle "maldades". Ese es el primer rostro de una mujer que hoy, a los 36 años de ejercer la Enfermería, sigue sembrando ternura, pero en otro surco: el de las gestantes que llegan a la consulta de Genética del policlínico Aquiles Espinosa Salgado, en Las Tunas.
Por más que la humildad la tocó de cerca, su infancia fue luminosa, aunque ella misma note el contraste con los tiempos actuales: "Ojalá volvieran esos momentos tan bellos, hoy cambió todo, ya la tecnología se roba el protagonismo, las personas no son las mismas".
Con la cofia entre manos, rememora aquellos años en los que la familia se mudó para El Cornito, tierra de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé), y allí su padre trabajaba de cocinero mientras ella y sus hermanos andaban siempre detrás de él.
LA VOCACIÓN QUE NACIÓ ANTES DE DECIDIR
No hubo antecedentes familiares en la Medicina. La pasión apareció sola, en el Preuniversitario, cuando tocaba escoger carrera. "Siempre me gustó. Veía todo lo bonito que se hacía por el ser humano, aquella sensibilidad humana que nos caracteriza", dice.
Estudió Enfermería en Las Tunas. Guarda con nitidez los uniformes rosaditos, los zapaticos blancos, las medias finas. "Fue una etapa linda, aunque todo era muy diferente a ahora", comenta.
La primera prueba de fuego llegó en Pediatría. Niños caquécticos, flaquitos, donde hasta poner una inyección intramuscular se volvía un desafío. "A mí nunca me gustó la Pediatría, por eso siempre me fui con la Obstetricia y el adulto mayor, pero con mucho placer lo hacíamos".
Se graduó en 1990 y comenzó en un policlínico de la ciudad. Allí era una de solo tres enfermeras para toda la población de la carretera de Jobabo, La Piedra, Palancón: "pruebas citológicas, vacunas, terrenos. Todo lo hacíamos nosotras".
En abril del 2021 partió a Venezuela. Regresó en diciembre del 2023, tras casi tres años en el estado de Yaracuy, en el humilde municipio de Uraquito, trabajando como enfermera emergencista en dos salas de Terapia Intensiva e Intermedia.
Lo que más la marcó fue la imprudencia de la juventud. "Ellos se montaban en las motos y los accidentes eran muy frecuentes, llegaban allí graves, ya casi muertos. Había que darles los primeros auxilios hasta pasarlos a un CDI (Centro de Diagnóstico Integral) con más condiciones".
¿Cuánto cambió Odalis al volver? "Volví mucho mejor que cómo me fui. Siempre tuve mi sensibilidad humana y el corazón, pero eso te marca más, te hace cambiar más con las personas". Todavía se comunica con venezolanas que la acogieron como familia.
SU MUNDO: LA GENÉTICA
Al regresar, todos querían que volviera a genética. "Ese es mi mundo", afirma. Le gusta interactuar con las embarazadas, explicarles las pruebas, los ultrasonidos, los marcadores, esas cosas que les preocupan.
Sabe que contribuye al bienestar de la gestante y de las vidas que vienen en camino. "Feliz, bien contenta me siento por esta profesión, por lo que hago y por lo que las personas aprenden de uno".
A las nuevas generaciones les dice sin rodeos: "Es una profesión muy bella, pero debe ir de la mano de la sensibilidad y la empatía".
A las gestantes les aconseja disciplina: hacerse en el tiempo que corresponde el alfafeto, el ultrasonido, para tener un embarazo feliz y un bebé en condiciones óptimas.
Fuera de la bata, Odalis tiene sus afectos sencillos: las plantas, los perros ("tengo uno que me ha mordido muchas veces, pero lo quiero"), la familia... Tiene dos hijos y un nieto de 5 años que, según dice, es la alegría del hogar.
Más allá de los libros, para Odalis la Enfermería es "el eslabón importante de la sociedad, esa profesión en la que una puede ponerse en el lado del paciente y auxiliarlo en todo lo que pueda, porque es un privilegio poder ayudar al ser humano". Lo dice una mujer que a los 36 años de oficio sigue creyendo que la ternura también cura.

