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El tercer o cuarto domingo de cada mes -cuando la planificación de apagones lo permite- una calle tunera se convierte en escenario. Detrás de los tambores hay tres hermanos que sostienen, a golpe de no pocos sacrificios, una tradición de más de 60 años y una red de ayuda que alcanza a los más vulnerables del barrio

Las Tunas.- Son casi las 6:00 de la tarde de un domingo en Las Tunas. Sobre el silencio tibio de la tarde se escucha de pronto el retumbar de un tambor. El sonido no pide permiso: llama a los pies para que se muevan al compás. Desde el corazón del reparto Santo Domingo, en esta ciudad capital, la comparsa Estampas Tuneras, alma del proyecto Zabaleando, avisa a los vecinos que la fiesta empezó. Los que aún no han llegado apuran el paso para sumarse a la multitud que desde hace horas espera y ultima detalles.

Quién le iba a decir a Edilberto Agüero Rodríguez, el viejo Zabala, que aquella comparsa que fundó en 1953, conocida como Zabala y sus Estampas Tuneras, seguiría más de 70 años después dándole vida a su comunidad. La frase que dejó escrita: “Mientras exista un Zabala habrá fiesta en Las Tunas”, no era una sentencia orgullosa: era un compromiso. Y sus hijos Eddy, Paco y Toñito lo asumieron cuando el carnaval oficial dejó de recorrer las avenidas y decidieron que la tradición no podía depender del calendario.

Así nació este proyecto sociocultural comunitario que se oficializó el 24 de febrero de 2022. No esperaron a que las instituciones resolvieran la ausencia. Abrieron la casa, pusieron una soga en la calle y dejaron que el barrio hiciera el resto. El día del evento depende de la planificación de apagones: puede ser el tercer o el cuarto domingo del mes, según lo permita la situación energética del país. Aun así, cuando el tambor suena, la cuadra se llena.

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LA PROMESA QUE SOSTIENE LA COMPARSA

Eddy es el hijo mayor. Siendo aún joven, su padre le confió la gestión del equipo y él, con el apoyo de sus dos hermanos menores, comenzó a liderarlo. Ya enfermo, el viejo les pidió que no dejaran morir el legado de la comparsa. Eddy y sus hermanos cumplieron.proyecto Zabaleando 5

En 2014, esta comarca le devolvió parte de lo que Zabala le había dado: Estampas Tuneras fue declarada Patrimonio Cultural del Carnaval Tunero y recibió el Escudo de la Ciudad. A él lo declararon Personalidad de la Cultura y ostentó el título de Hijo Ilustre de Las Tunas. Cuando murió en 2016, la tradición quedó en manos de sus muchachos y de otros apasionados que se sienten parte.

Magdiel, animador y uno de los fundadores del Zabaleando, lo vive como herencia. Su padre ya integraba la comparsa antes de que él naciera. Cuando surgió la idea, lo llamaron a sumarse. “Mi sueño se hizo realidad”, cuenta. “Sin Zabala no soy Magdiel”.

LOS NIÑOS, EL CENTRO

Más de 30 niños participan en la iniciativa, entre ellos varios con discapacidades, sobre todo auditivas. El proyecto sostiene un espacio infantil, La Comparsita, donde se enseñan bailes y toques; y atiende dos escuelas especiales: la Ramón Téllez, para infantes débiles visuales y sordos, y la Turcios Lima, que recibe a niños con discapacidades auditivas y del desarrollo. “Esa labor es muy gratificante”, dice Eddy.

La instructora de danza Yusneidy Infante Palacio trabaja con ellos sin remuneración. Llegó a Las Tunas desde Guamá, Santiago de Cuba, hace 10 años y enseña a pequeños de la “Ramón Téllez”, y a otros de la comunidad de Petrocasas, que tocan instrumentos y bailan en la comparsa. “Zabaleando es familia”, afirma. Se siente realizada y no piensa abandonar este empeño. “Creo que me jubilo aquí”.

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Rachel Rodríguez Recaman, alumna de séptimo grado de la “Ramón Téllez”, es una de sus pupilas. Su madre cuenta que la llevó a la Casa de Cultura y que muchas actividades no le gustaban. En Zabala encontró el ritmo fuerte que disfruta. No ha faltado desde que comenzó este sueño y cada mes espera ansiosa el día. La madre admite que pensó que la niña no lograría los pasos, pero sí, los logró.

LA AYUDA QUE SALE DEL BARRIO

Zabaleando también hace solidaridad. En cada edición se apoya a una familia vulnerable por su situación económica, elegida por la propia comunidad. Para sostener esa ayuda se creó el espacio Por Amor, donde se reciben donaciones. “La gente trae lo mismo una ropita que ya no use, unas chancletas, y hasta llegan módulos de alimentos”, cuenta Eddy. “Nosotros realizamos una especie de revisión de los casos más susceptibles y les entregamos los donativos, porque ayudar al que lo necesita no solo es parte del deber, sino de la felicidad”.

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Rodinel Leiva Labrada, trabajador por cuenta propia, aporta cada mes desde hace casi dos años. “Me impulsa poder ayudar tan siquiera a una familia cada vez”, dice, y espera que otros emprendedores se sumen. La vecina María Elena Cardoso Valdés recuerda las rifas y una ocasión en que se reunieron platos y libros para la comunidad. Para ella, Zabala es “más que la conga”: son los niños y la gente del barrio.

Eddy suele contar una historia que explica de qué habla realmente el proyecto. Se trata de una señora del vecindario, Dulce María Carrasco Parra, a la que todos llaman Tita. Tiene una discapacidad física y se mueve en silla de ruedas. Un día, en medio de un evento, Tita tomó la palabra. Contó que atravesaba una depresión profunda y que Zabaleando le había devuelto la fuerza para seguir luchando.

“Ella miraba a nuestro padre como el líder de la comunidad, la persona que siempre se acercaba, que ayudaba a todos. Y si nosotros estábamos ahí luchando por la cultura y la comunidad, eso tenía que ser para ella un suero, un plato de vida, de vitamina, para no rendirse”, recuerda Eddy.

Al entrevistar a Tita, no dice mucho y a la vez lo dice todo. Confirma que disfruta la comparsa sin necesidad de bailarla, “porque la lleva en el corazón”.

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EL PRECIO DE SOSTENER LA FIESTA

Sostener la cita un domingo al mes no es sencillo. Se hace en la calle donde viven los Zabala, frente a sus casas, que sirven de camerinos y lugar de ensayo. Allí se maquillan los bailadores, se preparan los instrumentos y los niños repasan los pasos.

El “presupuesto”, como dice Eddy sin rodeos, es el salario de los tres hermanos. “Hasta hemos tenido problemas al interior de la familia por eso”, admite. Alguien propuso hacer una rifa para recoger algo de dinero y eso hacen, pero “no es suficiente porque todo es muy caro y no se recupera o es muy poco”.

El tabaco torcido que se vende el día del espectáculo, los quioscos de emprendedores del barrio, los módulos de Por Amor que dependen de la buena voluntad de un emprendedor local: nada de eso constituye financiamiento estable.

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Mientras, en 2026, Zabaleando recibió el Premio Provincial de Cultura Comunitaria y la Asamblea Municipal del Poder Popular aprobó el expediente de nominación de la comparsa como Patrimonio Cultural. El Festival Nacional de Telecentros y la Jornada Cucalambeana le abrieron espacio. Y en septiembre, en el Acto Provincial por el 26 de Julio, otro estandarte... Llueven los galardones, pero hay uno que sigue sin entregarse lo suficiente: el reconocimiento institucional no se traduce en apoyo logístico.

“Si tú confías en algo debes acercarte más y respaldarlo. Nos han reconocido mucho… Nos gusta, nos alegra, nos emociona, pero pienso que más que eso, quienes han premiado necesitan estar un domingo, ser partícipes de lo que se hace con el pueblo, tener un contacto más real, porque solo así sabrían lo que cuesta”, remarca Eddy.

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Su inquietud tiene un trasfondo: llevan tres años luchando por incluirse como proyecto de desarrollo local, lo que permitiría un crecimiento de gran impacto. En ese camino se han topado con la burocracia y un obstáculo concreto: los cambios en la Dirección Municipal de Cultura, que han debilitado el acompañamiento preciso y la concertación de un presupuesto.

No es una queja aislada. Es la descripción del vacío que se llena con esfuerzo propio.

EL RELEVO

El indicador de transformación más notable, según el hermano mayor, es “la incorporación de jóvenes sin buscarlos, jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo que se han sumado”. A eso añade las personas de la tercera edad que estaban encerradas en sus casas y vuelven a activarse porque encuentran en el proyecto un espacio de vínculo.

La biblioteca que lograron abrir -llamada Gilberto E. Rodríguez, en honor a uno de los poetas más importantes de Las Tunas- es parte de esa misma lógica: no se trata solo de espectáculo, sino de un regazo donde la comunidad se encuentra, se reconoce y se sostiene.
Así lo resaltó el jurado del Premio Provincial de Cultura Comunitaria, su aporte para “educar, desarrollar, enriquecer y transformar los modos de actuación en niños, adolescentes y adultos”.

La metodóloga del Centro Provincial de Casas de Cultura, Maideé Gil Almarales, lo resume con precisión y describe lo que ocurre en cada encuentro: personas que llegan por la música y se quedan porque hallan un lugar donde su vida cotidiana, con sus carencias y dolores, tiene un hogar.

Cuando se le pregunta a Eddy qué quiere para los próximos años, no responde con presupuestos ni con premios: “Ver a mi pueblo mucho más feliz por la cantidad de cultura de la que se nutre y que Zabaleando forme parte de esa felicidad”, subraya.
Y añade una idea que concentra su manera de entender tanta faena: “La cultura es el bálsamo que alivia las almas adoloridas, porque uno viene con necesidad, en medio de tanta escasez… Pero la cultura puede frenar eso”.

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…

El domingo avanza y la casa 130 se convierte en bulevar. Todos quieren usar el baño, tomar agua, café. Las bicicletas y los instrumentos se guardan en el patio. Cuando el espectáculo termina, la tertulia sigue hasta tarde. En ese tránsito -del tambor a la conversación, de la comparsa al módulo de alimentos- es donde deja de ser un proyecto cultural y se convierte en lo que Eddy llama, sin grandilocuencia, “la razón de ser de todo: el pueblo”.

El tambor vuelve a sonar en Villamar. Los niños repasan los pasos, Yusneidy los corrige, Rodinel llega con su aporte para la familia del mes y los vecinos se suman sin que nadie los convoque.

La promesa que se le hizo a un padre legendario sigue en pie, sostenida con salario propio y vocación de relevo. No hace falta más para entender por qué, en esta cuadra del reparto Santo Domingo, aquella frase premonitoria no es un recuerdo cualquiera, sino un compromiso que se renueva cada mes: “Mientras exista un Zabala, habrá fiesta en Las Tunas”.

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