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Mientras Trump lleva al extremo el "América para EE. UU." con su ataque a Venezuela, Beijing reclama más multilateralismo y rechaza que Washington busque erigirse como el policía del mundo. La Iniciativa de Gobernanza Global y el caso Taiwán.

Tras el impacto inicial que provocó el ataque de Estados Unidos a Venezuela, muchas miradas se desplazaron rápidamente hacia China, no solo por su peso específico en el escenario global, sino también por sus vínculos con Caracas, sobre todo en materia energética/petrolera. Consciente de esa expectativa, Beijing reaccionó con previsible celeridad y se ubicó entre los primeros actores internacionales en calificar la invasión como un acto de unilateralismo, intimidación y violación de las normas fundamentales del derecho internacional. Esa postura -ratificada luego en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU)- se erigió como la antítesis de la actualizada “Doctrina Donroe”, aquel principio de política exterior que supo resumirse en la frase “América para los americanos”, es decir, para los EE. UU.

“Todos los países deben aceptar los caminos de desarrollo de otros países elegidos independientemente por sus pueblos, además de respetar el derecho internacional y los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Los países más importantes, en particular, deben dar el ejemplo”, afirmó el presidente Xi Jinping a 48 horas del ataque, en un inequívoco mensaje, que no necesitó identificar nombres para que el mundo supiera de quién estaba hablando. 

“Nunca hemos creído que algún país pueda desempeñar el papel de policía del mundo ni estamos de acuerdo con que alguien se arrogue la condición de juez internacional”, completó el canciller Wang Yi, al defender los principios del multilateralismo y subrayar que la soberanía y la seguridad de los Estados deben estar protegidas por el derecho internacional, y no por la ley del más fuerte.

En esa línea, artículos editoriales del aparato oficial de comunicación -Xinhua, Diario del Pueblo, CCTV, China Daily y el Global Times, entre otros medios- fueron aún más explícitos al describir la ofensiva de EE. UU. como “un acto indignante, que desnuda quién es el verdadero violador del derecho internacional” y un intento de “expandir su dominio hemisférico para controlar recursos estratégicos”, en particular el petróleo venezolano. “Lanzar un ataque militar contra un país soberano en nombre de la ‘aplicación de la ley’ y detener por la fuerza al presidente de otro país recurriendo a un poder abrumador es un escenario tan indignante que, incluso a los guionistas de Hollywood, les costaría imaginarlo”, sostuvieron.

Además de las primeras condenas oficiales, los lineamientos de la posición de Beijing quedaron expuestos durante la reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, realizada esta semana en Nueva York a pedido de la propia Venezuela, junto con Colombia, Rusia y China. En ese ámbito, el representante chino Sun Lei marcó la contradicción que EE.,UU., pese a ser miembro del organismo, haya “pisoteado” no solo la soberanía, la seguridad, los derechos e intereses legítimos de Venezuela, sino también los principios internacionales de igualdad soberana, no intervención en los asuntos internos, solución pacífica de las controversias y prohibición del uso de la fuerza.

“Estados Unidos -sintetizó Sun- ha ubicado su propio poder por encima del multilateralismo y las acciones militares por encima de los esfuerzos diplomáticos, lo cual representa una grave amenaza para la paz y la seguridad en América Latina y el Caribe e, incluso, a nivel internacional”.

En este contexto, China recordó que Washington ya había ignorado al Consejo de Seguridad de la ONU cuando decidió “emprender operaciones militares contra Irak, atacó instalaciones nucleares de Irán e impuso sanciones económicas, ataques y ocupaciones armadas en varios países de América Latina y el Caribe”, provocando “conflictos persistentes, inestabilidad y un inmenso sufrimiento de la gente común y corriente”.

“Las naciones de América Latina y el Caribe son fuerzas importantes para mantener la paz y la estabilidad mundiales, y tienen todo el derecho de elegir de manera independiente sus caminos de desarrollo y a sus socios. Ningún país puede actuar como el policía del mundo ni pretender ser juez internacional”, insistió Sun, con una frase textual de la bajada de línea del canciller Wang Yi.

EEUU dictrina Monroe 3Acostumbrada a ser demonizada por Estados Unidos, China delineó parte de su posición en desvirtuar la retórica que presenta al presidente Donald Trump como supuesto guardián de la libertad mundial, y explicar cómo Washington no tuvo reparos en violar el Artículo 2 (4) de la Carta de la ONU, el principio fundamental del derecho internacional, que prohíbe el uso o la amenaza de la fuerza contra la soberanía y la integridad territorial de los Estados.

Al respecto, desde Beijing rechazaron las maniobras que intentaron trasladar lo ocurrido en Venezuela a un hipotético escenario en Taiwán, al recordar que la invasión a un país soberano poco tiene que ver con una cuestión interna china, que involucra a una isla considerada parte de su territorio, tal como lo reconoció la Resolución 2758 de la Asamblea General de la ONU (1971). “China jamás invadiría Taiwán porque es una región inalienable del país, pero eso no significa que se quedaría de brazos cruzados si alguna provincia intentara declarar su independencia”, aclararon fuentes diplomáticas.

En su intención de diferenciarse de la “Doctrina Donroe”, China también recordó que en 2025 lanzó su Iniciativa de Gobernanza Global, compuesta por cinco principios fundamentales, entre ellos el compromiso con la igualdad soberana, el estado de derecho internacional, el multilateralismo, un enfoque centrado en las personas y la búsqueda de resultados concretos. El bloque del Sur Global (integrado por unos 140 países emergentes), la Iniciativa de la Franja y la Ruta (con 150 naciones y 30 organizaciones internacionales) y el Brics ampliado (de 11 miembros plenos y un grupo creciente de asociados) fueron otras iniciativas que Beijing rescató por estos días, a la hora de defender su principio de Comunidad de Destino Compartido de la Humanidad, un nuevo orden internacional que, según destacaron, se ubica en las antípodas de las políticas hegemónicas extremas que se expresaron en el ataque a Venezuela. 

Sin eufemismos, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos advirtió que desde el 3 de enero -cuando comenzó la incursión armada-  todos los países del planeta son menos seguros. La portavoz Ravina Shamdasani destacó que la acción de Estados Unidos envió un mensaje que “los poderosos pueden hacer lo que quieran”, debilitando los mecanismos que existen para prevenir “incluso una Tercera Guerra Mundial”, según se animó a plantear. 

Más allá del interés de Trump por el petróleo de Venezuela, el disciplinamiento que quiere imponer en lo que considera su “patio trasero” y su intención de combatir la influencia de China (el destino del 80 por ciento de las exportaciones del petróleo venezolano), el gobierno de Xi propuso un camino alternativo al peligroso precedente que dejó la operación militar de Estados Unidos. Para Beijing, al menos por ahora, el multilateralismo tiene más poder que el garrote.

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