
Las Tunas.- Corría la década del 90 y, en Fleitas, Manatí, un pequeño albergaba un sueño que años después se convertiría en realidad. Mientras correteaba tras los animales y disfrutaba el paisaje del campo, sabía que un día luciría con orgullo la bata blanca y salvaría vidas. Hay metas que se tejen desde la infancia, que van creciendo y nos hacen luchar hasta alcanzarlas. La clave del éxito está en no rendirse. Así lo entendió Loisi Rojas Báez, y así lo hizo…
“Siempre quise ser médico; y soy el único en la familia. Jamás pasó por mi mente otra profesión. Esa sensibilidad por las personas, por querer curarlas, nunca me ha faltado. Soy del campo, crecí rodeado de animales y todos aseguraban que me haría veterinario, porque constantemente ayudaba a sanarlos. Sin embargo, yo les decía que no, que mi futuro era otro. Fue un deseo más fuerte que yo”.
Y es justo ese anhelo el que lo mueve todos los días. Su rostro es muy común en el Cuerpo de Guardia del policlínico Guillermo Tejas Silva, en esta ciudad, aunque también ha prestado servicios en el hospital Ernesto Guevara. Pero su vida laboral comenzó en Potosí, asentamiento perteneciente al municipio cabecera, en un consultorio médico. Esa cercanía con los pobladores, el seguimiento en la comunidad, constituye para él un pilar importante en la labor asistencial.
La experiencia comunitaria le sirvió para el trabajo en Caruao, poblado costero del estado La Guaira, en la República Bolivariana de Venezuela, donde cumplió misión por casi cuatro años y del que guarda hermosos recuerdos.
“Había bastante trabajo, pero era muy gratificante, porque la gente de aquel lugar me quería mucho. Incluso, una señora decía que era mi mamá y aún mantenemos la comunicación. Fue una gran oportunidad, que me ayudó a crecer en todos los sentidos. De hecho, el primer parto que hice solo fue allí; esa vivencia la llevo conmigo”.
Para este joven intrépido, con más de una década de trabajo, la especialidad en Medicina General Integral y diplomados en Medicina Natural y Tradicional (MNT), Terapia Intensiva y, recientemente, uno de Ginecología, sus deseos de superación no terminan. Todavía le queda la meta de un día convertirse en otorrinolaringólogo, disciplina que siempre ha admirado.
Debido a la gran incidencia de las arbovirosis, la organización del personal de Salud ha sido esencial para controlar la transmisión. No obstante, Loisi hace hincapié en que la responsabilidad es de todos.
“En el Cuerpo de Guardia son dos médicos para consulta, de 8:00 de la mañana a 4:00 de la tarde, y un emergencista que entra 24 horas y es el encargado de atender las urgencias. Cuando hay alguna situación epidemiológica se destina una consulta para estos pacientes y, si aparece una complicación, la asume ese emergencista.
“En medio de un brote grande todos nos enfrascamos en asistir a la totalidad de los enfermos, como en este caso del chikungunya, que ha habido un porciento notorio de la población afectado y cada consulta estaba abierta en función de eso. Yo me he mantenido en el área de apoyo vital, para la atención a quienes presentan complicaciones.
“En este panorama es muy importante el control medioambiental; eso golpea mucho. En la parte médica siempre nos organizamos para enfrentar lo debido; sin embargo, todo se desencadena por las condiciones higiénico-sanitarias existentes, porque si hubiese más control en este aspecto la epidemia pasaba más rápido y podíamos manejarla mejor.
“A pesar de la escasez de recursos, se prioriza la atención. La situación con las arbovirosis ha sido fuerte, pero es doloroso ver tantos vertederos. Si cada cual velara por su entorno, todo fuera mejor. Este trabajo no es solo del médico, sino intersectorial, y el éxito depende de la colaboración colectiva. La cuestión no es centrarse en las carencias, sino que cada cual asuma su responsabilidad.
“También hago énfasis en la atención oportuna, para evitar las complicaciones. Si las personas toman las medidas adecuadas y cumplen con su aislamiento, evitan contagiar a los demás”, sostiene.
Su nivel de consagración en el trabajo y su ejemplaridad son reconocidos por quienes le rodean, por eso no es raro que desde el 2023 asumiera la dirección de uno de los núcleos del Partido en su área de Salud, algo que ha representado para él un gran orgullo.
Mientras conversamos le es inevitable mirar a cada rato el vientre de su esposa, que ya carga el segundo fruto de este matrimonio. Entonces, tampoco puedo evitar preguntarle cuánto significa para él compartir la vida con una doctora. Ambos sonríen…, y la respuesta no se hace esperar.
“Para mí es una bendición tener como pareja a alguien que comprende cuando te llaman fuera de horario, aunque hayas salido un día antes de guardia; o cuando toca trabajar en fin de año, días feriados o, incluso, un 14 de febrero. Yamilet es mi apoyo, y más porque entiende nuestro compromiso con la población, con el Programa de Atención Materno Infantil y todos los demás que se llevan a nivel de los consultorios médicos. Los dos amamos la profesión que escogimos y nos ayudamos mutuamente.
“Y es que el médico no tiene día, la emergencia no puede esperar. Tal vez a un maestro se le dificulte dar una clase hoy, pero la recupera mañana. Sin embargo, la vida del paciente, una vez que se pierde, no se recupera. Nuestra responsabilidad es muy grande”.
En tu opinión, ¿qué no le puede faltar a un médico?
“En primer lugar, la sensibilidad. Es verdad que escasean los recursos, pero a veces hay personas que no requieren de gran cosa para resolver su problema, pero sí necesitan un buen trato, una correcta orientación. Por ejemplo, tenemos la MNT, que también ayuda. Puede que alguien hipertenso en un momento no tenga su medicamento y se le recomiende usar la tintura de naranja, que está más accesible. Ya con esa indicación contribuyes a aliviar su dolencia. Es importante recurrir a otras alternativas. No siempre el que viene necesita una pastilla, solo que lo escuches y lo orientes adecuadamente.
“No nos pueden faltar el amor, la paciencia... Nunca he llevado mis problemas personales al trabajo. Quien viene buscando atención necesita ver un refugio en ti. Un maltrato no es solamente una palabra grosera, también lo es la indiferencia.
“Es verdad que muchos me agradecen, me abrazan…, pero al final yo empleo los mismos medicamentos, solo que aparte doy una sobredosis de cariño, de atención. También he llorado en el Cuerpo de Guardia con los familiares cuando he perdido a un paciente; eso duele bastante”, admite cabizbajo.
“Para mí no hay satisfacción más grande que ayudar a alguien a sanar. No hay dinero ni trabajo en el mundo que compense ese agradecimiento; simplemente no se compara con nada. Yo soy médico, siempre quise serlo y lo seré mientras tenga fuerzas”.

