
Más de siete billones de dólares anuales se mueven en las ciudades chinas tras la caída del sol. Los mercados nocturnos, más de 10 mil en todo el país, concentran buena parte de ese consumo urbano y esperan recibir a 600 millones de personas durante el Año Nuevo 2026.
Lejos de apagarse, la noche se convirtió en uno de los motores más dinámicos del consumo urbano chino, en un fenómeno económico que combina hábitos sociales, planificación estatal y una escala comercial difícil de comparar. Cerca del 60 por ciento del gasto en las ciudades se realiza después del anochecer, en una red de negocios, servicios y consumos digitales, que mueve unos siete billones de dólares, una cifra que equivale al producto interno bruto (PIB) combinado de América Latina y el Caribe, y ronda un tercio del producto chino proyectado para 2026.
Los datos surgen de informes, que siguen la expansión de la llamada economía nocturna desde 2016, cuando los gobiernos locales comenzaron a promover zonas específicas de consumo, extender horarios comerciales y culturales, flexibilizar regulaciones urbanas y articular incentivos con plataformas digitales, servicios de entregas y sistemas de pago móvil. No fue un proceso accidental, sino una política deliberada, para apuntalar el consumo interno en un contexto de desaceleración económica y debilidad del sector inmobiliario.
Con el tiempo, esta trama nocturna fue sumando actividades de todo tipo, desde gastronomía y comercio, hasta turismo y espectáculos, que se despliegan en una franja horaria cada vez más extensa y movilizan recursos y trabajadores de manera sostenida. El volumen que alcanzó y el respaldo oficial terminaron por darle un peso propio dentro del mercado interno.
Según calculó Shen Jiani, investigadora del centro de investigación estratégica de la agencia Trip.com, “alrededor del 60 por ciento del consumo en China tiene lugar durante la noche”, una franja que se volvió decisiva para millones de trabajadores urbanos con jornadas largas, traslados extensos y poco margen para el ocio diurno. La noche funciona como espacio de consumo, pero también como válvula de escape en una sociedad que vive apurada.
El crecimiento de esta economía fue acompañado por un rediseño del espacio urbano. Calles comerciales, barrios históricos, antiguos mercados mayoristas e, incluso, áreas industriales en desuso se reconvirtieron en corredores con iluminación reforzada, transporte extendido hasta la madrugada y una oferta cultural pensada para retener al público. En muchas ciudades el consumo nocturno dejó de ser una prolongación del día, para operar con lógica propia.
Como explicó el analista jefe de iiMedia Research, Zhang Yi, al portal China Daily, “el consumo tiene una gran importancia para la economía de China, por lo que vemos a gobiernos de distintos niveles lanzando todo tipo de medidas y a empresas buscando apuntalarlo”. Gran parte del gasto urbano se concentra entre las seis de la tarde y las dos de la mañana, tanto en locales físicos como en plataformas digitales, desde restaurantes y ferias hasta streaming, videojuegos y compras por aplicaciones.
Dentro de ese paisaje de luces y pantallas, los mercados nocturnos ocupan un lugar central. La red supera los 10 mil espacios en todo el país, desde polos turísticos hasta ferias barriales, que se arman al caer el sol. Para este Año Nuevo Lunar 2026, las autoridades proyectaron una circulación de unos 600 millones de personas en ámbitos donde ya no se ofrecen solo platos callejeros, sino también diseño, productos culturales, experiencias recreativas y oportunidades laborales.
"La economía nocturna está cambiando de un escenario de consumo único a uno que integra más funciones y se centra más en los servicios”, ratificó a la agencia Xinhua el profesor de Economía de la Universidad de Lanzhou, Mao Jinhuang. Un buen ejemplo son las ferias de empleo nocturnas organizadas en ciudades como Chongqing o en la provincia de Jiangsu, donde más de 50 empresas ofrecieron unas dos mil 300 vacantes en el primer bimestre del año.
La escena también mezcla tradición y modernidad. En mercados de Beijing, Guangzhou, Shenyang o Hefei, la medicina tradicional china ganó espacio con consultas, acupuntura y masajes terapéuticos brindados por profesionales certificados, todo en medio del bullicio, la música y el humo de los puestos de comida. Para el cardiólogo Yao Shuai, esta tendencia “satisface las necesidades psicológicas de los jóvenes y se alinea con su conciencia de identidad cultural”, pero también refleja la búsqueda de bienestar de una generación atravesada por el estrés y la incertidumbre.
En ciudades como Guiyang, las autoridades admiten que la mayor parte del consumo diario ocurre después del atardecer; mientras que en Hangzhou una calle de apenas un kilómetro sostiene una actividad que se extiende hasta la madrugada, articulando comercio, entretenimiento y servicios digitales. El patrón se repite en decenas de poblaciones medianas, donde la noche pasó a ser una herramienta de política económica local.
No es casual que el presidente Xi Jinping haya definido a estos mercados como expresión del rénjiān yānhuǒ qì, el “aroma a humo y fuego del mundo humano”, una fórmula que resume su dimensión económica, pero también social. En un contexto de consumo más cauteloso y expectativas moderadas, la economía nocturna opera como fuente de empleo flexible y señal de vitalidad urbana, pero también como termómetro político: allí donde hay luces encendidas, circulación y gasto, hay sensación de movimiento.
En efecto, cuando cae el sol la economía no descansa. Empieza a moverse con más intensidad, como si el día hubiese quedado chico para absorber la ansiedad de consumo y la necesidad de distracción de cientos de millones de trabajadores. Las estadísticas hablan de porcentajes y billones, pero lo que se ve en la calle son familias que pasean, jóvenes que comen de pie, comerciantes que extienden horarios y gobiernos locales que miden cada flujo de personas como si fuera un indicador macroeconómico.
La noche dejó de ser una pausa. Se transformó en estrategia. En un país donde el crecimiento ya no es vertiginoso, pero sigue siendo vital, mantener las luces encendidas también es una forma de sostener la confianza. Y en la China de hoy, como en todos lados, el humor social es un insumo económico más.

