Las Tunas.- La mañana, en el Cuerpo de Guardia del hospital pediátrico Mártires de Las Tunas, tenía el mismo ritmo agitado de siempre, pero en el momento en que llegó la niña de 2 meses de nacida con fiebre muy alta, un equipo numeroso de médicos, en instantes, se movilizó junto a ella. La incidencia de las arbovirosis, específicamente del chikungunya, marcaría nuevos modos de actuación.
La bebé se quejaba todo el tiempo. Sus lesiones ampollosas que inmediatamente empezaron a diseminarse, fue la mayor preocupación para los galenos. La pequeña llegó a parecer una gran quemada, porque confluían las placas y perdía toda la epidermis. Estaba prácticamente expuesta.
Desde su vasta experiencia, la doctora Yaneisi Salina Medina, vicedirectora de Asistencia Médica en esa institución, confiesa a 26 que este caso impresionó por lo insólito. “Basado en lo que ya se estaba transmitiendo del chikungunya y en la capacitación que tuvimos ante una enfermedad prácticamente nueva, asumimos su tratamiento”, alega.
Asegura que inmediatamente el equipo de Dermatología, los caumatólogos y el servicio de Terapia Intensiva, donde se ingresó, llegaron a un consenso. El protocolo fue efectivo, la bebé respondió bien a los antibióticos, y las lesiones en piel, gracias a los fomentos y la cura con violeta de genciana, evolucionaron favorablemente.
“Recuerdo que la niña también tuvo manifestaciones articulares de inflamación en pies y manos. Pero a pesar de todo nunca dejó de amamantarse y eso la benefició. Estuvo varios días en Terapia; hoy afortunadamente es una vida salvada. Su caso nos alertó y en lo adelante ya supimos exactamente cómo actuar en las situaciones similares que llegaron después”.
LOS ROSTROS MÁS PEQUEÑOS DE LA ENFERMEDAD
Salina Medina valora el año 2025 como uno muy exigente en materia de movilización y actualización de los protocolos. Indiscutiblemente, las arbovirosis llegaron a poner en peligro el eslabón más querido de cada hogar tunero.
“Durante ese período, en el Cuerpo Guardia atendimos cinco mil 409 pacientes con síndromes febriles o sospechas de arbovirosis. Generalmente, los padres, cuando los niños tienen fiebre y no presentan otros síntomas acompañantes como catarro, se preocupan y los traen. Esa es una realidad, aunque sabemos que existe un subregistro, porque otros pasan la enfermedad en casa, sin notificarlo”, puntualiza.
Alega que marcaron en ese conteo a aquellos niños que acudieron con fiebre y se infirió que tenían una enfermedad transmitida por los mosquitos de la familia Aedes. Incluyeron la sospecha de dengue, oropouche (que estuvo presente en una época del año) y finalmente el chikungunya.
“Del total de pacientes atendidos se ingresaron mil 128 casos -refiere la vicedirectora-. Asumimos a los menores de 2 años, cuestión protocolizada, y a los mayores de esa edad con alguna comorbilidad, ya sea del tipo respiratorio, cardiovascular, hepática o renal, y diabéticos, desnutridos…
“Los ingresamos en un servicio que tenemos con ese fin, la sala de febriles. Entre todos solamente estudiamos a 839, porque se descartó la sospecha o no estaban en fecha para los análisis. Realizamos el IGM al sexto día para corroborar dengue y el PCR al quinto para el chikungunya.
“Dieron positivo a dengue 247 casos. Por grupos de edades, los de 1 a 4 años y de 5 a 9 fueron los de más incidencia”.
La doctora llama la atención acerca de los infantes que aún no cumplían un año de vida, una edad en que se requiere el mayor cuidado posible y la prevención extrema, pues durante el 2025 tres llegaron hasta Terapia Intensiva con sospecha de dengue y presentaron serias complicaciones de salud.
Con respecto a las áreas más afectadas, precisa que el policlínico Gustavo Aldereguía tuvo la cantidad superior de casos positivos. De igual modo, el “Aquiles Espinosa” y el “Manuel (Piti) Fajardo” alcanzaron cifras considerables, así como áreas pertenecientes a Majibacoa, Manatí, Jobabo y “Colombia”.
TIERRA DE CHIKUNGUNYA
“Ya en el último trimestre comenzaron las alarmas del chikungunya -refiere la galena. Solo contabilizamos hasta la fecha 22 casos, pues quedan muchos otros por informar por el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK).
“Intencionamos estudiar a los niños más pequeños. Nos llamó la atención las características clínicas con las que se presentaban. Empezaron a llegar con fiebre, con gran toma del estado general e irritabilidad, ante lo cual sospechamos fundamentalmente que pudieran tener la complicación de encefalitis.
“De lo más visto también estuvieron las lesiones en la piel, que son de tipo ampollosa, bulosa, bien infectada, que en ocasiones llegaron a parecer grandes quemados, porque progresaban rápidamente y se les llenaba el cuerpo.
“En los niños, aunque se manifiestan los dolores articulares, no llega a ser el síntoma más prevaleciente como en el adulto. En el menor de 1 año los signos más frecuentes han sido la fiebre con la irritabilidad que, en muchos casos, nos hace pensar en una sepsis, porque tienen alteración del triángulo de evaluación pediátrica y los tratamos como tal mientras no se demuestra lo contrario.
“Ha habido presencia de encefalitis secundaria por chikungunya. Tuvieron gran toma del sensor, y muchos llegaron convulsionando, o sea, no ha sido una enfermedad que haya cursado sin complicaciones en las edades pediátricas, todo lo contario.
RESPUESTAS RÁPIDAS
“Inmediatamente que empezó a manifestarse la enfermedad, organizamos el protocolo de actuación. Todo paciente con síntomas, que además tenía familiares sospechosos, con fiebre o irritabilidad, lesiones en piel, rash, cefalea, mialgia, artralgia…, lo asumimos como un caso sospechoso y si era necesario, por protocolo o comorbilidades, se ingresaba.
“Decidimos dar docencia, porque lidiábamos con un padecimiento nuevo para nosotros; aunque en las Américas había azotado y era conocido, Cuba lo enfrentaba por primera vez con esa magnitud. Se estableció el protocolo clasificando la enfermedad en las fases aguda, subaguda y crónica.
“La aguda comprende desde el primer día que aparecen los síntomas hasta la jornada 21. La subaguda dura hasta los tres meses y la crónica abarca el tiempo posterior. Llamó la atención fundamentalmente la vigilancia hasta el séptimo día, que era cuando más surgían los síntomas en los niños y, por tanto, les brindamos mayor protección e hidratación.
“Nos capacitamos y hoy podemos decir que hasta la fecha no tenemos fallecidos por esta causa. En la medida que han pasado las semanas hemos podido evaluar con mesura y establecer una estrategia de tratamiento que facilite el seguimiento de los casos.
“Afortunadamente, los niños se recuperan mejor que los adultos. Ellos han necesitado menos fisioterapia y tenido un número inferior de secuelas desde el punto de vista de la incapacidad que produce la enfermedad. En tal sentido, hemos visto poca ocurrencia en las consultas.
“Con respecto a los adolescentes, grupo en el que hubo mayor morbilidad a nivel nacional, en el caso de Las Tunas no fue así. Aquí las complicaciones más significativas estuvieron en el menor de 2 años. Aunque debo informar que en ocasiones la familia los dejó de la mano, por ser más grandes, y algunos llegaron hasta con trastornos de conciencia. Siempre alertamos, hay que cuidar a todos en las edades pediátricas”.
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Desde el hospital Mártires de Las Tunas, en estos momentos se experimenta un descenso de la incidencia de las arbovirosis, de modo general. No obstante, mantienen la vigilancia y el personal sanitario está hoy mucho más fortalecido para hacerle frente a cualquier eventualidad.
La doctora Yaneisi habla hoy de un camino recorrido, entre grandes desafíos. “Hemos tenido que aprender a enfrentar todas las arbovirosis, estamos investigando sobre la enfermedad y seguimos de la mano de la ciencia. Hemos logrado también que la población sea más receptiva con las orientaciones y esto resulta imprescindible para que las complicaciones en edad pediátrica sean cada vez menos.

